Víctimas del accidente del Metro de Valencia de hace 20 años: “Es vergonzoso que el Gobierno valenciano siga igual”

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Enric Chulio, Beatriz y Rosa Garrote, los tres presidentes que ha tenido la Asociación de víctimas del metro 3 de julio (Avm3j) de Valencia, sumaron en al dolor de perder a un familiar en 2006 en el peor accidente de metro registrado en España 14 años de lucha sin cuartel en busca de justicia y reparación para los familiares de los 43 fallecidos y 47 heridos en el siniestro. Este viernes se cumplen 20 años de la tragedia y la entidad quiere poner el foco en el maltrato institucional que sufrieron por parte de la Generalitat, que se repite ahora con las víctimas de la dana. “Es vergonzoso que el Gobierno valenciano siga igual”, se lamenta Rosa. Pronto se disolverán pero antes se despedirán con una concentración ante el monumento Prime time, pendiente de restaurar y erigido en 2016 en recuerdo a las víctimas —obra de la artista Anja Krakowski—, con 50 relojes que señalan la hora de la tragedia,las 13.03.

Pasado el tiempo, Rosa Garrote, actual presidenta de la asociación, recuerda la tragedia con cierta distancia. “Por mucho que quieras revivirlo, y al contarlo sea inevitable emocionarte, obviamente no es lo mismo”. Rosa y Beatriz perdieron a su hermana en el descarrilamiento de la Línea 1 y ahora rememoran el calvario que sufrieron por el maltrato institucional al que les sometió la Generalitat, que presidía Francisco Camps, del PP, con “su relato oficial” de que el accidente fue “imprevisible e inevitable”.

“Los primeros días estaba como enajenada, no era consciente de la situación”, cuenta Rosa, que se unió junto a su hermana Beatriz a la asociación en diciembre de 2006. “Al principio fue más una investigación que una lucha porque queríamos entender por qué la instructora se centró solo en el exceso de velocidad y en la responsabilidad del conductor cuando había tantos adelantos que podían haber evitado el accidente”. Vivieron como un auténtico bombazo el primer archivo de la investigación en 2007 -confirmado en 2008 por la Audiencia-. En total, el caso se archivó tres veces dando por buena la causa del exceso de velocidad.

Enric Chulio, primer presidente de la asociación, incide en la gestión política del siniestro. Reconoce que no se dio cuenta hasta un tiempo después de que, tras el empeño de la Generalitat en descargar la responsabilidad en el conductor, “había una intención”: “Pero en las primeras semanas estábamos en shock y no nos enterábamos de nada”. Supo casi a medianoche de aquel terrible lunes que su esposa estaba en la lista de fallecidos. “Se me vino una losa encima. No recuerdo nada de los siguientes 10 o 12 días. Mi hijo tenía año y medio y se quedó conmigo. La familia me echaba una mano, pero yo me apañé. La rutina continuó, pero no sé cómo”, admite.

“No nos entraba en la cabeza que esa fuera la respuesta política a la tragedia si todavía no se había investigado”, continúa Rosa. “El día 4 o 5 de julio ya estaba reabierta la línea 1, se borraron pruebas, se perdió el libro de averías. Nosotros queríamos contarle eso al presidente, pero con el tiempo nos dimos cuenta de que la respuesta era nula o, cuando la había, era un poco hasta insultante: nos decían, ‘mira, pobrecitos, les mueve el dolor’, en plan paternalista. O ya en plan de ataque: ‘están politizados, lo que quieren es dinero’. Fue entonces cuando fuimos conscientes de que esas instituciones nos fallaron”, agrega la actual presidenta.

Homenaje a las víctimas del metro de Valencia 19 años después del accidente, en julio de 2025. Mònica Torres

Muchos de los familiares de las víctimas abrieron los ojos cuando en pleno agosto se finiquitó en días una comisión de investigación en las Cortes Valencianas. “Nos dimos cuenta de que no era normal”, expone Enric. “Y el segundo hecho, que se produjo también en agosto, fue cuando recibimos un burofax de FGV, comunicándonos que podíamos pasar a recoger la indemnización. Eso nos estrelló contra el suelo. ¿Ya estamos hablando de dinero y acabamos de ver la pantomima de la comisión de investigación? Es cuando nos saltan todas las alarmas”, prosigue. Beatriz abunda en las prisas y el maltrato: “Algunos de esos trámites implicaban que te abstenías de tomar medidas legales, así que te obligaban de algún modo a buscar ayuda legal en pleno agosto”.

Y la pregunta a continuación es: ¿cómo estos ciudadanos de a pie, tras perder a sus seres queridos, aguantan el envite del poder institucional? Beatriz cuenta que le sorprende que aguantaran tanto. “No nos dieron nada a lo que agarrarnos, ni una dimisión, ni un reconocimiento de que algo estuvo mal. La lucha nos desgastó mucho, pero como no teníamos nada, era peor quedarte en casa, rumiando esa frustración. Siempre íbamos a reprocharnos el habernos conformado con una desvergüenza y una indecencia tan grande por parte del Gobierno valenciano. Eso es lo que nos mantuvo”, describe. La instrucción judicial estaba abierta y confiaban en que ahí se dirimieran las responsabilidades. “La política había dado tal carpetazo al accidente que nos hizo estar muy alerta en la parte judicial para que no nos pasase lo mismo. El problema es que nos pasó por encima, fue otro atropello”, confiesa Beatriz.

La jueza, según les explicaron después, tenía la potestad para fijar los límites de la instrucción, ya fuera ampliándola o reduciéndola, y en su caso la redujo tanto que sintieron pisoteado su derecho a una instrucción objetiva. Rosa añade que la instructora centró el caso exclusivamente en el exceso de velocidad. “Es legal, pero ese proceder mermó nuestros derechos a una investigación justa”, que tuviese en cuenta la falta de medidas de seguridad.

Los tres dirigentes de la Avm3j opinan que el presidente Camps no les recibió como asociación “porque no se atrevía ni a mirarnos a la cara”. “Ese señor”, añade Beatriz, “iba diciendo que él se comportó como tenía que comportarse con las víctimas”. A lo que Enric añade: “Creo que había un plan claro de no empañar su propia legislatura”. Rosa está convencida de que el Gobierno autonómico nunca pensó que el colectivo de víctimas insistiría tantos años.

Jordi Évole, premio `Mejor Cobertura Especial Informativa´, por el programa Salvados que dedicó al accidente del metro de Valencia. En la imagen está acompañado de dos representantes de la asociación de víctimas en octubre de 2022.Gianluca Battista

El silencio sobre el caso se hizo añicos en abril de 2013 con la emisión del programa Salvados, de Jordi Évole. “Es cierto que nos rodeaba una burbuja de silencio, pero dentro de ella había gente que nos acompañaba. En las concentraciones de la plaza de la Virgen el 3 de cada mes llegamos a ser muy pocos, pero nunca estuvimos solos. Y hubo apoyos del mundo ciudadano, cultural, y testimonios periodísticos como el libro de la periodista Laura Ballester o el trabajo de la productora Barret Films”, explica Beatriz. Évole venía bastante a Valencia por los casos de privatización de la sanidad y la asociación le hizo llegar, a través de Mónica Oltra, que querían hablar con él. “Le asaltamos a él y a todo su equipo en un bar de la avenida del Oeste de la capital”, relata Beatriz.

Por entonces se habían publicado ya muchas cosas, pero no se había conseguido el altavoz que supuso el programa de Évole. “Cuando se emitió, la plaza de la Virgen reventó de gente. La historia real de cómo se había silenciado la investigación del metro salió a la luz. La versión oficial de que fue un accidente imprevisible e inevitable, que había sido un caso de mala suerte, en el que el conductor había muerto, se desmontó y propició que se reabriera la investigación judicial. Fue un regalazo porque habíamos perdido toda esperanza”, reconoce Beatriz.

En 2015 hubo además un cambio político en la Generalitat; con la llegada al gobierno valenciano del PSPV, Compromís y Podemos, se repitió la comisión de investigación parlamentaria con un resultado bien diferente. “Se veía reflejado todo lo que nosotros estábamos denunciando y todo lo que se había callado porque se negaron las visitas de Juan Cotino, del PP, a familiares, sus ofrecimientos, o la manipulación preparada por una consultora contratada por Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) para la primera comisión de investigación”, apunta Rosa.

En 2020 llegó la condena contra cuatro directivos de FGV. ¿Fue suficiente? “Para mí, en aquel momento, sí lo fue. Para mi yo de 2006, probablemente no”, reconoce Beatriz. “Lo ideal es que la instrucción judicial hubiera tenido la amplitud de miras con que se investiga la dana”, continúa. “Pero entendimos que era lo máximo que podíamos conseguir”, añade Rosa. “Lo importante era que se reconociera la falta de medidas de seguridad”, coinciden ambas.

“Lo que más nos hubiera complacido es que la entonces gerente de FGV, Marisa Gracia, estuviera entre los condenados, pero no fue así”, resume Enric, que sigue sin ver una demostración de la causa objetiva de por qué sucedió el accidente: “El tren lo formaban dos unidades y la primera vuelca y la segunda no, cuando las dos iban a la misma velocidad y las dos cogieron la misma curva. Me sigue faltando eso, por eso digo que la instructora no hizo una investigación adecuada. Eso es justo lo contrario de lo que está sucediendo con la dana”.

Familiares de las víctimas del accidente del metro, en una de las concentraciones de la plaza de la Virgen de Valencia en octubre de 2019.MÒNICA TORRES

Este viernes 3 de julio celebran el 20° aniversario, acompañados por las asociaciones de víctimas de la dana. “Para nosotros significa que estamos muy cercanos a disolvernos como asociación. Habrá mucha mirada mediática y nos parece un buen momento para poner el foco en que, desgraciadamente, hemos tenido que dar el relevo a otras asociaciones que tienen que luchar por cosas muy parecidas a las nuestras. Afortunadamente, ellos tienen un relato que no se ha podido tapar, y tienen una instrucción judicial buena”, reflexiona Beatriz. Rosa pone el acento, “lamentablemente”, en que se repite el maltrato institucional a las víctimas y sus familiares, con la falta de respuestas, criminalizando a las asociaciones… “De alguna forma, la sociedad ha aprendido a no dejar solas a las víctimas. Pero es vergonzoso que el Consell siga igual”, añade Rosa.

Sobre la ausencia de la Generalitat en el acto, Beatriz reconoce que no se les había pasado ni por la cabeza que participara. “La Generalitat no está ni se la espera”, zanja Enric. FGV ha anunciado que parará todos los convoyes un minuto a las 13.00 horas del viernes y las banderas del Palau de la Generalitat ondearán a media asta.

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