Marruecos contra Francia, el fútbol vistoso del Mundial

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Señaladas como las dos selecciones que han desplegado un fútbol más vistoso, Francia y Marruecos se disponen ya en sus cuarteles generales de Nueva Jersey y Boston para el gran partido de este Mundial en la capital de Massachusetts. “Marruecos es uno de los mejores equipos del Mundial. Por todo lo que ha hecho y por lo que he visto ante Canadá confirma que es un muy buen equipo”, advirtió el seleccionador francés, Didier Deschamps, al término de la sufrida victoria de los suyos ante la cicatera y guerrillera Paraguay.

El partido del próximo 9 de julio también será la revancha de las semifinales de 2022 con el atrevido matiz aireado por Hakimi en los primeros días del torneo. “Somos la Brasil de África”, proclamó muy convencido el dominante lateral del PSG. Previamente, Hakimi había hecho referencia a que en los países árabes del Magreb “todavía se juega mucho en la calle”. Bajo la dirección de Mohamed Ouahbi, Marruecos ha dado un paso hacia un juego más lúdico y ofensivo. Sus partidos han tenido multitud de pinceladas de fútbol virguero y callejero. Los caños y las ruletas han abundado como recursos válidos en situaciones de apuro bajo la presión de sus rivales. Brahim Díaz, Ounahi, El Khanouss o el fino Saibari, otro de los tantos extremos que se ha visto obligado a centrarse como nueve mentiroso o nueve y medio. La vaselina con la que culminó su mano a mano ante el brasileño Alisson en el estreno de Marruecos en el torneo refrendó la proclama de Hakimi ante la mismísima Brasil, bailada en el primer tiempo bajo la batuta del emergente mediocentro Bouaddi. El novato de 18 años que marca el paso de la era muy meritoria, pero más sufrida, de Walid Regragui, al atrevido Ouahbi. Marruecos ha elevado significativamente sus registro de posesión del pasado Mundial de Qatar (39%) a este (60%) como señal inequívoca de su intención de potenciar y liberar a sus talentos.

“Tenemos una verdadera identidad, un verdadero plan, pero también la creatividad de los jugadores”, razonó Ouahbi tras la victoria (3-0) ante Canadá en Vancouver. Marruecos tuvo que superar el clásico ímpetu de las selecciones anfitrionas, que provocó que Bono tuviera que sostener a su selección en el primer tiempo. En el segundo, se impuso la finura de Ounahi con dos goles determinantes para sofocar la bravura canadiense.

Azzedine Ounahi marca el segundo gol de Marruecos ante Canadá.CHRISTOPHER NEUNDORF (EFE)

El cotizado organizador Bouaddi ejemplariza parte de todo el trasfondo social que rodeará la afilada contienda de Boston y que se manifestará en las calles y pueblos de toda Francia y de la Europa con presencia de la comunidad marroquí. El espigado y elegante pivote renunció a jugar con Francia en el último golpe de mano de la pujante política de ojeo y captación de la federación marroquí. Esta ya contaba con la tendencia de que los jugadores con lazos familiares del reino alauita prefieren jugar para el país de sus padres o abuelos. Y los que han dudado o fueron tentados por Francia o por España, como el caso de Brahim Díaz, han sido convencidos por la potencia económica del proyecto deportivo emprendido por su federación con vistas al Mundial 2030 que coorganizará junto a españoles y portugueses. El último gran internacional de origen marroquí que jugó para Francia fue el central Adil Rami, exvalencianista y campeón del mundo en 2018.

Francia, como Marruecos, obtuvo el billete para cuartos de final en el que ha sido su partido más áspero y gris en lo que va de torneo. Paraguay jugó a sacar del partido a la temible delantera francesa, con Kylian Mbappé a la cabeza. Gustavo Alfaro ordenó un partido canchero a la sudamericana interpretado al dedillo por sus futbolistas. Sucedió que Francia también tiene futbolistas hijos de la inmigración que no se arredran cuando el fútbol se mimetiza con la ley de la calle, que habrá mucha en el duelo de Boston.

“Pensaban que íbamos a venir a jugar de etiqueta, que solo íbamos a lucirnos con jugadas elegantes y pases de pared. También sabemos jugar sucio y si tenemos que meter las manos en la mierda, las metemos”, espetó Mbappé. Francia también tiene en muchos de sus jugadores esa veta callejera que no rehuye los partidos de hacha y tiza.

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