Leclerc celebra la desgracia de Antonelli

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Una avería en el monoplaza de Kimi Antonelli, que Mercedes deberá determinar, hizo posible que Ferrari y Charles Leclerc respiraran en Silverstone a falta de diez vueltas para el final de la carrera, mientras el italiano se iba haciendo inmenso en el retrovisor del monegasco, que hasta ese desastroso momento había llevado a cabo una rabiosa remontada después de un arranque defectuoso. Sin uno de los grandes favoritos en la ecuación, la posibilidad de asistir a un desenlace explosivo quedó reducida a cenizas porque los comisarios decidieron eternizar la presencia del coche de seguridad, que salió a la pista a cuatro giros para la bandera de cuadros como consecuencia del accidente de Max Verstappen.

Charles Leclerc celebra su victoria con el piloto de Mercedes George Russell, que ha quedado segundo, y el de Ferrari Lewis Hamilton, que completó el podio.Andrew Boyers (REUTERS)

Con el Red Bull del holandés en la gravilla, Ferrari quiso darle a Lewis Hamilton la posibilidad de pelear por el triunfo con su vecino de taller y le llamó al garaje para colocarle un juego de gomas frescas con las que afrontar la gresca final. La jugada terminó costándole a la ‘Scuderia’ su primer doblete en dos años: Hamilton perdió la posición con George Russell y el ‘safety’ ya no se fue de la pista, comandando el pelotón con la prueba neutralizada hasta dar por vencedor a Leclerc. De esta forma tan desnaturalizada, Russell terminó el segundo y salvó un domingo que se le había puesto del revés, mientras que el multicampeón de Ferrari cerró el podio a pesar de haber cumplido una sanción de cinco segundos por moverse en el momento de la salida. Carlos Sainz concluyó el 12º y Fernando Alonso, el penúltimo.

Por si la generación de bólidos adaptados al nuevo reglamento no hubiera recibido suficientes palos, ahora también se le puede atribuir otra ‘virtud’: lograr que Silverstone, uno de los circuitos más icónicos de un calendario cada vez más alejado de las esencias de la Fórmula 1, deje de ser Silverstone. El trazado siempre había dado miedo por la velocidad de los coches en las vertiginosas curvas enlazadas; esas mismas que ahora sirven de estación de carga de las baterías de los motores.

En una coyuntura en la que la frontera entre el éxito y el fracaso la marca la gestión de la energía, Leclerc fue el más eficiente este domingo en el trazado británico, donde se adjudicó su primera victoria del curso gracias a un arranque portentoso que pilló a trasmano a Antonelli, que se quedó clavado y vio cómo los dos Ferrari le pasaban uno por cada lado. El medio segundo que le sacó el monegasco al italiano, desde que los monoplazas de ambos pasaron de estar parados a alcanzar los 200 kilómetros por hora, forzó al de Mercedes a cambiar de planes, a alargar su primera tanda y a forzar al final para tratar de adelantar a Leclerc en los últimos metros. Un plan que iba a surtir efecto hasta que algo se rompió en la Flecha de Plata del joven corredor boloñés.

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