Un partido jugado en una baldosa, en poquísimos metros y sin apenas espacios por exceso de piernas y acumulación de defensas paraguayos, lo decidieron un regate, una zancadilla y un penalti. El desequilibrio lo puso Doué, la falta fue de Diego Gómez y la puntería de Mbappé desde los 11 metros hizo el resto. Son 19 goles en 19 partidos en los Mundiales para el madridista. Francia no pudo hacer mucho más por el entramado defensivo que montó Paraguay pero tampoco lo necesitó. Sin el brillo que les había acompañado, les bleus, que llevan dos finales consecutivas, ya están en cuartos.
Francia vivió en sus carnes lo que debe ser un partido de la Copa Libertadores, como la tocó a España el día que jugó contra Uruguay. Es otro fútbol que en Sudamérica dominan y que a las selecciones europeas les incomoda a más no poder. Hubo juego subterráneo, tánganas, empujones, faltitas y recados fuera de tiempo, guerra de nervios y alguna que otra artimaña de dudoso gusto como un puñetazo en el brazo de Galarza a Mbappé en plena carrera sin balón.
Juego subterráneo
El encuentro se jugó en poquísimos metros y sin apenas espacios por exceso de piernas y acumulación de defensas paraguayos, que se emplearon con dureza
Eso sí, al mínimo contacto a favor, jugador al suelo para perder tiempo. Como suele pasar, en cuanto un futbolista rival pierde los estribos y se equivoca hay que revolcarse como si la falta hubiera sido muy grave. Es lo que hizo Cáceres cuando Barcola le enseñó la plancha. Le sacó la amarilla al delantero.
Algo parecido sucedió cuando Mbappé, cansado de tan pegajoso marcaje, se sacó de encima a Cubas. Enseguida se montó el lío y el tumulto. Aquí el colegiado no castigó a nadie. Pero cada minuto que pasaba sin encajar, los paraguayos sentían que estaban más cerca de llevar con éxito su plan de partido.
Estaba Gustavo Alfaro preocupado por los rayos de la delantera francesa y su protección fueron cinco defensas más Cubas y Diego Gómez, los dos pivotes, bien cerquita para apenas no dejar espacios a los cuatro puntas. A Paraguay le daba igual si Koné, Rabiot o Koundé podían chutar desde lejos, eso no le inquietaba para nada. El lateral del Barça hizo el único disparo a puerta de la primera parte y Gill no tuvo grandes problemas para pararlo.
Atascada Francia, con los carriles interiores cerrados y con Olise abierto totalmente en la banda derecha, probó centros al área hasta la extenuación, hasta 20, en esos 45 minutos, sin ver que eso eran cosquillas para los tres centrales paraguayos.
El cambio clave
Entró Doué para encarar y pisar el área y a los cinco minutos provocó el penalti por zancadilla de Diego Gómez
Los de Deschamps necesitaban sorprender con alguna chispa y lo intentó el portero Maignan con un saque largo para la velocidad eléctrica de Mbappé. La acción acabó en un córner que el delantero del Madrid sacó rápido, sin tiempo que perder, para Dembélé, que con poco ángulo no acertó ante el cuerpo gigante de Orlando Gill, que también se estiró para otro disparo lejano de Koné.
Mientras Paraguay perdía por calambres al central Alderete y a Enciso, su hombre menos retrasado –que no adelantado–, Doué sustituía a Barcola con un claro cometido: encarar en el área. Y cumplió a la perfección su misión. Cinco minutos después se marchó de Cáceres y Almirón y fue zancadilleado por Diego Gómez. El árbitro uzbeko, bastante permisivo, no lo vio pero el VAR le llamó. Era penalti. Y Mbappé no falló donde lo hicieron los alemanes, en los 11 metros ante Orlando Gill. Un único gol de penalti para un duelo feo, suficiente para que les bleus, con cinco triunfos, se jueguen un puesto en la semifinal contra Marruecos.

Periodista que cubre la información de Deportes en La Vanguardia desde 2006. Vibra con el fútbol y el ciclismo. Asiduo del Camp Nou, de Castalia y de los puertos del Tour

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