El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, va a levantar una estatua a Cristóbal Colón en los terrenos de la Casa Blanca, en un intento más de modelar la residencia oficial a su gusto y de adaptar la historia del país y del continente a su versión particular.
Según publica el periódico The Washington Post, la estatua se situará en la zona sur del terreno. Reconstruirá una efigie del explorador presentada por el entonces presidente Ronald Reagan en los años ochenta en Baltimore y arrojada a las aguas de ese puerto como acto de protesta en 2020, durante las manifestaciones en defensa de la igualdad racial del movimiento Black Lives Matter.
Un grupo de empresarios y políticos ítalo-estadounidenses se hicieron con los restos de la estatua destruida y la restauraron, con ayuda de organizaciones no gubernamentales y fondos federales.
La Casa Blanca no ha confirmado los supuestos planes, pero Trump ha hablado en el pasado de manera muy elogiosa sobre el marino que, en busca de las islas de las especias en Asia, topó con el continente americano. “En esta Casa Blanca, Cristóbal Colón es un héroe”, ha indicado el portavoz Davis Ingle en un comunicado. “Seguirá siendo honrado como tal por el presidente Donald Trump”.
Trump incluyó en 2021 al explorador en una lista de figuras históricas a las que quiere homenajear en el Jardín Nacional de Héroes Estadounidenses que ha propuesto como parte de las conmemoraciones del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos. Esas figuras, afirma, encarnan “el espíritu estadounidense de osadía y desafío, excelencia y aventura, valentía y confianza, lealtad y amor”.
En 2024, durante su campaña electoral, el actual presidente prometió recuperar el festejo del Día de Colón, que varios Estados del país conmemoran como el Día de los Pueblos Indígenas. El demócrata Joe Biden se convirtió en 2021 en el primer presidente estadounidense en observar ese festivo con su nueva denominación. Pero en octubre pasado Trump firmó una proclamación presidencial para reconocer a Colón como el “héroe americano original” y recuperar el festivo con el nombre del explorador genovés que se puso al servicio de la corona de Castilla para lanzar la expedición de tres carabelas que tocó tierra en la actual Santo Domingo en 1492.
“Ya estamos de vuelta, italianos. ¿Vale? Nos encantan los italianos”, declaró Trump tras firmar aquella proclamación. También insinuó que la recuperación de la figura del marino ayudaría al Partido Republicano a captar votos entre la comunidad ítalo-estadounidense y poder lograr buenos resultados en las elecciones de medio mandato del próximo noviembre: “Los italianos van a estar muy contentos con esto. Recuerden cuando vayan a las urnas que yo recuperé el día de Colón”.
La colocación de la estatua no sirve a Trump solo para congraciarse con el voto italiano. También forma parte de su campaña para que las instituciones federales adopten su versión de la historia y prescindan de lo que él considera una “ideología corrosiva”: el reconocimiento público de los abusos históricos perpetrados contra minorías, desde el expolio y aculturación de las tribus indias americanas al tráfico de esclavos.
Igualmente, se incluye en sus esfuerzos para adaptar la estética de la Casa Blanca a su gusto personal. Pese a las protestas de historiadores y organizaciones especializadas en la protección de los edificios históricos o de propiedad pública, ha demolido hasta los cimientos el ala Este de la residencia presidencial, sobre cuyo terreno prevé construir una sala de baile de la que comenzó declarando que costaría 200 millones de dólares y que ahora ya presupuesta en 400.
Trump también ha repujado de adornos dorados el Despacho Oval, ha decorado el pasillo que comunica el Ala Oeste con la zona de residencia con una “galería presidencial” con las imágenes de sus predecesores y él mismo, en la que Biden aparece representado con la foto de una máquina de firma automática. También ha reemplazado la Rosaleda, que era el orgullo de la primera dama Jacqueline Kennedy, con un patio de cemento y ha rediseñado el famoso cuarto de baño de la habitación Lincoln, ahora forrado en mármol.
Más allá de la Casa Blanca, ha anunciado una remodelación completa del venerable Centro Kennedy para las Artes, de cuya junta de administración él se nombró presidente tras su investidura y al que ha añadido su propio nombre sin contar con el Congreso. Las obras durarán al menos dos años y parece que van a incluir una demolición casi absoluta. Según ha apuntado, planea aprovechar “la estructura de acero” y “parte del mármol”.
Además, pretende construir un arco de triunfo en uno de los accesos a Washington para conmemorar el 250 aniversario del país. Según los planos que han circulado sobre ese proyecto, el gigantesco arco taparía las vistas al monumento a Lincoln, entre las más icónicas de la ciudad, y empequeñecería las de otras construcciones simbólicas de la capital, desde el monumento a Washington hasta el propio Capitolio.

Hace 1 hora
1






English (US) ·