Lucas Eguibar, y el oficio de sacudirse una tragedia familiar

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Lucas Eguibar (31) nos dice:

–Cuando te pasa algo así, me refiero al accidente de moto de mi hermano, cada uno lo lleva como puede. Alguno profundiza en los entrenamientos para no pensar. A mí no me salía nada de eso. Solo pensaba en estar por mi familia. En aquel entonces me decía: ‘No ser campeón olímpico no va a ser el fin del mundo’. Tener salud y estar con la familia es lo más importante, ¿sabe?

Lucas Eguibar está situándose doce años atrás, en septiembre del 2013.

En aquel año, Lucas Eguibar se ha proclamado campeón del mundo júnior de snowboard cross (cuatro especialistas se lanzan sobre sus tablas, pendiente abajo, a tumba abierta, durante una carrera vertiginosa que se prolonga por un minuto y medio, repleta de virajes y cruces y contactos entre los snowboarders), y los sabios de la materia cuentan con él como aspirante a podio en los Juegos de Invierno de Sochi 2014 (se disputarán cinco meses más tarde).

Y entonces todo se complica.

Viene el accidente y a colación, los titubeos.

Nico, su hermano mayor, pilota del trabajo a casa cuando se le cruza un coche. Su moto derrapa. Se golpea en la cabeza y solo despierta dos meses más tarde, en el hospital, con una serie de secuelas cerebrales que ha ido superando.

Condicionado por la tragedia, Lucas Eguibar se paraliza.

Se pregunta: “¿Vale la pena viajar a Sochi? ¿Cómo me voy a reponer tan deprisa a una crisis como esta?”.

–Estas cosas te pillan de sorpresa y no sabes qué hacer. Gracias a mi madre, a mi hermana Sara y a los amigos, lo llevamos de la mejor manera posible (según documentos y entrevistas, mientras Nico estaba en coma, en el hospital se reunían quince personas a diario). Al final, fui a Sochi, debuté como olímpico.

En la ciudad balneario rusa, es séptimo.

Hoy, mi hermano es autónomo; está de viaje en México, se va en invierno, odia este frío”

Lucas EguibarSnowboarder

–Y Nico, ¿cómo está hoy?

–Pues de maravilla. Se encuentra en México, viajando solo, algo que entonces no hubiéramos ni imaginado. Los últimos inviernos siempre se ha ido, no le gusta el frío de San Sebastián. Suele marcharse a Latinoamérica. O a Asia. Se va al menos por dos meses, siempre sin billete de vuelta.

El accidente de Nico es un asunto recurrente en la vida de Lucas Eguibar. En las hemerotecas abundan las entrevistas, también un reportaje televisivo, El pacto de los Eguibar, en Informe Robinson.

–La vida, sea como sea, es maravillosa –dice Nico Eguibar.

Con el tiempo, su hermano, el portentoso Lucas Eguibar, se ha convertido en un coloso del snowboard, rara avis en un país mediterráneo. Luce un título mundial (2021) y dos platas, ambas del 2017, aunque la varita nunca le ha acariciado en sus experiencias olímpicas (y con esta aventura de Milán-Cortina d’Ampezzo irán cuatro ya).

Más allá del séptimo puesto de Sochi 2014, fue 33.º en Pyeonchang 2018 (en la edición del fabuloso bronce de Regino Hernández; en la historia del olimpismo de invierno, España suma cinco podios) y otra vez séptimo en Pekín 2022.

Tras Pekín 2022, y mi cirugía de espalda, no veía cómo salir; lo salvé con células madre”

Lucas EguibarSnowboarder

–Pekín marcó otro punto de inflexión, ¿sabe? Había llegado con problemas de espalda y allí empeoraron. Al volver, me operaron y me recuperé bien, pero después empeoré más. No veía cómo salir, no había nada roto y no sabía qué tratamiento seguir. Al final, lo resolví a bases de células madre.

–Y ahora, ¿cómo llega a estos Juegos de Invierno que arrancan el viernes?

–En comparación con Pyeongchang y Pekín, mejor.

(Días después de la entrevista, Lucas Eguibar se cayó en la Copa del Mundo de Dongbeiya, en China y se golpeó en la cabeza; “bastante tengo con estar vivo”, dijo; hoy está repuesto).

–Pero, ¿cree que el olimpismo le debe a usted algo?

–A ver, me gustaría ganar, como a todo el mundo, y para eso me entreno. Pero no tengo ninguna espina clavada. Si no consigo nada, no pasa nada.

(El snowboard cross masculino se disputará el 12 de febrero en Livigno).

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