Resurrection Fest: la cumbre metalera de las 25.000 hamburguesas, las 21.000 pizzas y litros ‘top secret’ de cerveza

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Quien consiga el dato, habrá destapado un secreto guardado bajo siete llaves y burlado la política de empresa de la omnipresente cervecera autóctona, Estrella Galicia. “Siento no poder ayudarte. Nunca damos cifras de consumos”, se disculpa una portavoz oficial de la marca coruñesa. Otra fuente del Resurrection Fest lo confirma: los hectolitros de birra despachados desde las múltiples barras dispuestas por este recinto (y muchos otros) que abre sus puertas a las tropas metaleras cada año, desde hace 21 ediciones, en Viveiro (Lugo), se escurren por los desagües al mundo de los papeles clasificados. “Pero me dicen que es uno de los festivales que más”, añade para confirmar algo que ya todo el mundo sospechaba. Informes elaborados por empresas tecnológicas de control de acceso y aforo, y pago por pulsera como Idasfest revelan que el tipo de música también determina el tipo de consumición. La cerveza arrasa casi siempre (66% de los ingresos de barra y 0,74 litros de media por asistente al día, según la plataforma Weezevent en 2025) salvo en los festivales de música electrónica, donde es desbancada por las copas y los refrescos.

El Resurrection Fest, el Resu, se empieza a preparar cada año cuando acaba la anterior edición. Pero en el pueblo marinero de Viveiro, todo comienza a moverse dos meses antes de este macrofestival que durante cuatro jornadas logra traer a las primeras figuras del hardcore, el punk y el metal a una localidad que no sitúan en el mapa. Viveiro no es una ciudad bien comunicada por tierra ni por aire, sino un lugar que dista 125 kilómetros del aeropuerto gallego más cercano, sin apenas vuelos internacionales. Al principio, hace dos décadas, iba a buscar a los músicos en su Renault 5 uno de los fundadores y ahora director del festival, Iván Méndez. Empezó muy joven, a los 30 logró traer a Iron Maiden por primera vez, uno de sus sueños. Y ahora, a punto de cumplir 40, los trajo este jueves otra vez para esta edición, que se celebra esta semana de miércoles a sábado, junto con Sabaton, Limp Bizkit y Marilyn Manson como demás platos fuertes.

“Lo más heavy del Resu es llegar a Viveiro”, clama estos días el Bloque Nacionalista Galego (BNG) desde una valla publicitaria decorada con siluetas de rockeros. La formación reivindica desde hace años un corredor de alta capacidad que compense de alguna manera la condena a la que fue sometida la pequeña ciudad del norte cuando, en tiempos de Manuel Fraga, se decidió el trazado gallego de la A-8, Autovía del Cantábrico, pasando por la villa natal del expresidente de la Xunta, Vilalba, y por un tramo de pertinaces nieblas que obligan a cortar la circulación repetidamente.

Después de la etapa en la que se transportaba a los artistas en Renault 5, con Viveiro ya condenado al aislamiento, la intendencia del Resu evolucionó hasta profesionalizarse en 2010, pero la mayoría de los artistas siguen sin llegar a alojarse aquí. Alice Cooper, por ejemplo, actuó y deleitó a todos hace un par de años con su famoso número de la guillotina y la camisa de fuerza. Pero inmediatamente se escapó a A Coruña para descansar. Y también para jugar al golf con la alta sociedad local en el club de A Zapateira, uno de los predilectos de un conocido golfista: Francisco Franco Bahamonde.

Cartel de la XXI edición del Resurrection Fest.

Sin embargo, las cifras que ofrece este festival que trae a 91 bandas lo convierten en uno de los mayores revulsivos económicos de la zona, tras el Puerto de Celeiro. Los trabajos directos en el Resu “equivalen al 10% de la población de Viveiro” y “los indirectos, al 25%“, asegura su portavoz oficial, una cantidad que rondaría los 3.775 empleos. Y mientras la localidad de la costa lucense ve cómo, durante cuatro días, se inundan sus calles y sus bares de camisetas negras, las 23 foodtrucks trabajan intramuros a destajo. Logran despachar, entre otras viandas, 21.000 pizzas y 25.000 hamburguesas para alimentar a los beatos del metal.

En total, en la Resuchapel, la capilla que oficia bodas satánicas en el corazón de la avenida Resuland —la espina dorsal del recinto festivalero—, se pueden celebrar solo 25 ceremonias al día, pero las solicitudes se disparan cada año y en 2026 “han sido 1.500″, siguen informando desde el festival.

Un niño asiste a un concierto del Resurrection Fest, uno de los mayores festivales especializados en hardcore, punk y metal de Europa, en la edición de 2023.Foto: Resurrection Fest

Las cifras oficiales sitúan al Resu, con más solera en Galicia, solo por detrás de O Son do Camiño —que tiene lugar en Santiago a mediados de junio— en cuanto a público. Si al festival compostelano que trajo este año a Katy Perry y Linkin Park asisten 45.000 personas al día durante tres jornadas, al cónclave de Viveiro peregrinan 35.000 por cada uno de sus cuatro días. Y su “proyección mayor” a pesar de celebrarse en un lugar de más trabajoso acceso —defienden los organizadores— se mide de muchas maneras. La fidelidad se detecta incluso en el número de camisetas que se venden (top manta aparte, que hay mucho fuera del recinto) una vez recargadas las pulseras: 25.000 oficiales al año. También por internet, para el que quiere llegar preparado o no logra ir.

Lo normal es que las conmemorativas del festival se agoten antes del tercer día. Por eso grupos de amigos como los vigueses Carlos Soto, Andrés Fernández, Javier Cornago, los hermanos Alberto y Javier Mouriño, Darío Álvarez y Gonzalo Rodríguez llevan semanas preparando sus propias camisetas para asistir al concierto de Iron Maiden. Nacidos entre finales de los 60 y principios de los 70, y todos padres de familia, cuentan que les “mola muchísimo el hard rock y el metal” y que se criaron “mamando el heavy por los poros”. Un par de garitos de después del cole, Faro’s y Boston, “fueron nuesta incubadora musical”, recuerdan.

Lo demás, en el Resu, es historia de Galicia. Una pandilla de amigos, varios todavía con acné, llamaron a la puerta del alcalde del momento, el socialista Melchor Roel. Soñaban con traer a su banda favorita, Sick of it All, y el primer intento, con el apoyo total del regidor, salió mal. Tres meses después lo consiguieron, y ahí fue cuando nació el nombre del Resurrection Fest, porque el modesto concierto renació de sus cenizas cuando todo el mundo se burlaba de ellos. Pero ya no era verano; ya no podía ser Summer Fest. Aquel concierto reunió a 2.000 personas el 18 de noviembre de 2006, y con el tiempo se convirtió en la principal cita de metal, punk y hardcore en España, con 140.000 asistentes de casi 50 países. Por el Resurrection Fest, entre muchos, han pasado Kiss, Slayer, Motörhead, Slipknot, Rammstein, Korn, Anthrax, Ghost, Judas Priest o Pantera. Y hasta los bazares chinos de la comarca lo notan: estos días sacan a los escaparates toda la mercancía de Halloween. Los seguidores de la religión metal arrasan con el stock para maquearse.

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