Menos Nole y más Haití

Hace 1 día 1

Entre todos los elogios habidos y por haber, merecidos sin duda, lo más relevante de la victoria de Carlos Alcaraz en el Open de Australia es que, esta vez sí, sea la hora de acabar con todo ese papanatismo que envuelve a Novak Djokovic.

Muy buen jugador, por supuesto. Un récord inigualable, indiscutible. ¿Admirable que a los 38 años siga dando el callo?, pues muy bien (ya se sabe eso de que los 38 de hoy son los 28 de ayer). ¿El mejor de la historia? Hay dudas.

Los relatos épicos están muy bien hasta que aburren. El milagro del eterno campeón habría que buscarlo también en un cuadro con rivales de poca entidad y, para alimentar conspiraciones, el único de calidad, Lorenzo Musetti, que le estaba dando un baño a Nole en cuartos de final, va y, cosas del destino, se lesiona con dos sets arriba. Y entonces llegó Jannik Sinner y le cayó encima el susto del peso de la leyenda.

Esa misma sensación se experimenta en Estados Unidos con el Mundial de fútbol y el presidente Donald Trump, pese a ser un deporte tan poco del gusto del movimiento MAGA, ese en el que América ha de ser primero, en casa o en Groenlandia. La gran competición global le sirve al líder mundial para hacer propaganda de sí mismo.

“Lo que te digo tres veces es verdad”, escribió Lewis Carroll. Olvidando que también forman parte de la organización México y Canadá, a los que denigra y amenaza con atacarlos militarmente, Trump repite una y otra vez que el campeonato del 2026 será el mayor espectáculo del mundo. Pero hay gente que se ha frotado las manos esta pasada semana con la idea surgida en Alemania y Francia de boicotear el torneo. Ya hizo algo similar EE.UU. en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 por la invasión de Afganistán. Los europeos ponen sobre la mesa esa posibilidad si Trump se pasea por Groenlandia con la bandera de las barras y las estrellas.

Pero hay otra amenaza que se llama policía del ICE, la que persigue a inmigrantes por el color de la piel o el acento al hablar inglés. Cómo no pensar en Haití, que se ha vuelto a clasificar tras medio siglo de ausencia. En los recuerdos de adolescencia de aquel Mundial de 1974, figura la fábula de que los jugadores haitianos, al regresar a casa, fueron ajusticiados por el cruel dictador Claude Duvalier, Baby Doc , y su guardia pretoriana de asesinos, el Tonton Macoute. Cualquiera se puede imaginar que hoy, llegados desde uno de los descritos como “agujeros de mierda” en el léxico de Trump, los jugadores del país más pobre del mundo puedan ser carnaza para los del ICE.

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