‘Magallanes’: la perturbadora quietud de una epopeya sangrienta

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Para los fanáticos del cineasta filipino Lav Diaz es probable que Magallanes sea una película demasiado accesible y breve, pero el director de Evolution of a Filipino Family (de casi 10 horas de duración) logra en casi tres imprimir a sus bellas imágenes una perturbadora quietud capaz de ahondar en los claroscuros de la expedición. Diaz ofrece un recuento de aventuras sin acción que palpitan a través del paisaje, de los tiempos muertos y de esa calma que precede a las grandes batallas.

La historia arranca en 1511 en el estrecho de Malaca. Allí, la postal idílica de una indígena pescando desnuda en un río se transforma sin necesidad de mover la toma fija en una imagen terrorífica cuando la mujer descubre que alguien la está observando. El hombre blanco acaba de irrumpir en el paraíso.

Con el actor Gael García Bernal en la piel del explorador portugués Fernando de Magallanes, Diaz construye una película circular alrededor de la última década de vida de un personaje histórico cuya figura se define a través de la memoria fantasmagórica de su esposa (Beatriz Barbosa); de la sombra de su intérprete y esclavo (Enrique de Malaca, personaje clave que funciona como némesis del explorador); y, sobre todo, desde la óptica de su fanatismo religioso, representado a través del icono cristiano más antiguo de Filipinas, el Santo Niño.

Gael García Bernal, en 'Magallanes'.

La zona central del metraje la ocupa la última expedición marina del navegante portugués, la que permitió descubrir la circunnavegación de la Tierra. Se trata de un viaje marcado por una desesperante calma chicha y por los amagos de rebelión a bordo. Con una lograda mezcla de actores naturales y profesionales, la belleza atlántica de la fotografía del propio Diaz y de Artur Tort impregna Magallanes de una fuerza quieta y poderosa en la que aflora la turbia misión religiosa. Diaz no habla de la expedición como un asunto territorial, sino espiritual. Una evangelización que legitima el uso de la violencia de principio a fin. Es esa cruzada la que mejor define la implacable tenacidad del protagonista.

En la larga y premiada trayectoria de Diaz ha sido clave su indagación en la cultura de la violencia de su país, y Magallanes no es ajena a esa búsqueda. Con lo mínimo, y gracias a un Gael García Bernal que sabe dejarse llevar, el cineasta representa el insondable fanatismo cristiano del explorador y la destrucción de la identidad espiritual indígena.

Toda la magnífica recta final condensa el confuso horror de la expedición. Pero la tensión psicológica que envuelve Magallanes resulta especialmente cruda y desesperada en toda la travesía marina, cuya inmovilidad (acompasada solo por los sonidos de la nave) transmite esa locura propia de la literatura de Joseph Conrad. Algunos de los mejores momentos de Magallanes son a bordo de la Trinidad, una de las cinco naves que partieron desde España en 1519 y que aquí representa el corazón enajenado de una película que ahorra la acción para, entre mitos y leyendas, entre muertos y fantasmas, pisar el barro y la tierra de una epopeya salvaje.

Magallanes

Dirección: Lav Diaz.

Intérpretes: Gael García Bernal, Darío Yazbek Bernal, Ângela Ramos, Rafael Morais.

Género: drama histórico. Portugal, 2025.

Duración: 164 minutos.

Estreno: 3 de julio.

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