Australia es siempre un punto de partida revelador. Por las condiciones de juego, por el desgaste físico que exige y porque supone el primer gran examen de la temporada. No hay margen para esconderse. En este contexto, el tenis ha dejado lecturas muy interesantes, especialmente sobre Carlos Alcaraz, que inicia la temporada confirmando por qué es el número uno y disipando cualquier duda tras el cambio de entrenador.
Jugar una final de un Grand Slam que nunca has ganado, frente al que muchos consideran el mejor jugador de todos los tiempos y diez veces campeón de este torneo, ya supone un reto mayúsculo. Hacerlo apenas 48 horas después de un maratón ante el tercer mejor jugador del mundo, superando problemas físicos y calambres, lo hace aún más exigente.
Alcaraz ya no gana solo por su talento o por su físico; gana porque entiende los partidos
Más allá del desgaste, una final de este nivel plantea siempre una pregunta clave: cómo abordar el partido tácticamente según el rival. Cuando yo tuve que enfrentarme a él, tenía muy claro que Novak tiene un alto porcentaje de primeros servicios con potencia y precisión, un resto que te hace retroceder y te quita la iniciativa y que tanto de derecha como de revés encuentra todos los ángulos y te hace correr. Ante él, la estrategia pasaba por jugar por el centro, limitar ángulos y esperar el momento para apretar. Pero eso exige estar muy bien físicamente, resistir las primeras embestidas y obligarle a desplazarse y a asumir riesgos adicionales.
El inicio del partido de Novak fue impecable: 6-2 con solo cuatro errores no forzados. Ahí es cuando los grandes saben darle la vuelta. Hay que esperar a que surjan errores del rival y encontrar la oportunidad de entrar en el partido.
Carlos Alcaraz, ayer con el trofeo de campeón del Open de Australia
Dita Alangkara / Ap-LaPresseCarlos lo hizo al aprovechar dos fallos de Novak al inicio del segundo set. A partir de ese momento tomó el control y Djokovic comenzó a no encontrar huecos, mientras Carlos dictaba el ritmo.
Lo que ha conseguido Alcaraz en Australia no es solo un Grand Slam más. Es histórico: se convierte en el primer jugador capaz de ganar los cuatro grandes a tan temprana edad, un logro que refleja una evolución competitiva poco habitual. Todo ello es una muestra de madurez. Carlos ya no gana solo por talento o físico; gana porque entiende los partidos, interpreta los momentos y se adapta a cada situación. Esa capacidad suele llegar con los años. En su caso, ha llegado antes. No es solo un título: es la confirmación de que estamos ante un jugador preparado para marcar una época.

Hace 1 día
1








English (US) ·