La ciudad del Tour

Hace 2 días 6

Cuando en nuestra retina todavía permanecen retenidas imágenes espectaculares de la bendición de la torre de Jesús de la Sagrada Família que hizo el Papa León XIV, llega otro escaparate mundial para la ciudad de Barcelona. El arranque del mítico y prestigioso Tour de Francia. La capital catalana, especialmente desde aquellos Juegos Olímpicos del 92, ha demostrado sobradamente su creciente capacidad, no solo para organizar grandes acontecimientos deportivos de alcance mundial, sino para enamorar a deportistas y visitantes en su ejecución. Pero por el camino de la excelencia organizativa intuyo que Barcelona ha ido perdiendo un ingrediente que fue decisivo aquel 1992.

Preparativos para la salida del Tour de Francia 

Preparativos para la salida del Tour de Francia Xavier Cervera / Propias

Personalmente, no tengo recuerdos de la Barcelona olímpica, pero cuando oigo hablar del tema por parte de aquellos que estuvieron, que lo vivieron, a menudo destacan la sensación de trabajo en equipo, de profesionales y de voluntarios que trabajaban con dedicación, con entrega y con un fuerte sentimiento de pertenencia. Con aquellas ganas de abrir las puertas de casa para recibir a unos visitantes a los cuales se esforzaban por mostrar las maravillas de la tierra. ¿Y ahora qué queda de todo aquello? ¿De quién es la ciudad que acogerá este Grand Départ? La crisis de la vivienda y el modelo de comercio y de turismo han amortiguado el sentimiento de que la ciudad es de aquellos que viven allí, que la viven y que la construyen con su pequeña aportación. Ahora, la ciudad es, también o básicamente, de aquellos que están de paso.

Las personas son la esencia del éxito en esta gran Barcelona abierta al mundo

El crecimiento y la internacionalización no tendrían que ir nunca en detrimento de la personalidad de una ciudad. Si no, ¿qué diferencia acabará habiendo entre vivir en Barcelona o vivir en Paris? ¿Cuál será la gracia de que el Tour arranque fuera de Francia, si todas las ciudades acaban siendo iguales? Lo que marca la diferencia son las personas y su sentimiento de pertenencia, de arraigo. Y probablemente empujadas por una combinación de todo eso y de pasión por el ciclismo, 4.000 personas participan como voluntarias en este Grand Départ en Barcelona. 4.000 personas que, en vez de refunfuñar por si el paso de los ciclistas les corta la calle o les quita plazas de aparcamiento, han regalado su tiempo para dar apoyo logístico a los organizadores y ofrecer una imagen profesional y amable de la ciudad.

Las personas, pues, son la esencia del éxito. En prácticamente todos los aspectos de la vida, pero concretamente en esta gran Barcelona abierta al mundo, que se erige como referencia deportiva mundial y que necesita a su gente para dotar de personalidad la ciudad, más allá de los incomparables escenarios, por ejemplo, del modernismo que quedarán como imagen de este Grand Départ.

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