
Si en la primera etapa del Tour con final en Montjuïc golpearon Visma y Jonas Vingegaard, en la toma dos de Barcelona fue el UAE el que dominó la situación de manera insultante. Las duras rampas del castell de Montjuïc fueron testigo de la superioridad del mexicano Del Toro, ganador de la etapa, y Tadej Pogacar, que controló a todos los rivales de manera insultante en la recta de meta para regalar el triunfo a su compañero de equipo, en un gesto que define al esloveno como un enorme deportista.
Como un juego de niños, Pogacar se fue girando hacia atrás durante muchos metros a 70 km/h mientras Remco Evenepoel y Jonas Vingegaard era completamente incapaces de alcanzar a los dueños de la etapa. La imagen del esloveno y Del Toro entrando en la meta de la mano pasa a ser ya una foto icónica de esta edición del Tour. El mexicano se llevó las manos a la cabeza mientras Pogacar le daba una palmada para que avanzase antes de levantar ambos los brazos.
No le importó a Pogacar ceder la victoria y con ello unos segundos de bonificación pese a estar por detrás en la clasificación general. Un gesto que demuestra que no ha perdido los nervios tras la contrarreloj inicial y el triunfo de Vingegaard. Al contrario, es señal de que sigue manteniendo la situación bajo control. La felicidad era completa para el cuatro veces ganador del Tour, que ya en la meta se fundió en un abrazo emocionante con su compañero.
La segunda jornada de este Tour volvió a romper con la idea de una primera semana plácida. Desde Tarragona hasta Barcelona, el pelotón afrontó una etapa nerviosa, con terreno quebrado y final de clásica. La primera mitad del recorrido circuló por varios municipios de la Costa Dorada, con largas playas de arena fina. Después de Sitges los ciclistas dejaron la costa hacia el coll de Begues (6 km al 5,9%), que endureció el tramo central antes de entrar en Barcelona, de nuevo juez de la carrera.
Lideró la etapa una fuga formada por Alex Molenaar, del Caja Rural, y Felix Engelhardt (Jayco), hasta que el pelotón atravesó el Camp Nou y afrontó la entrada a Barcelona. Sendos pinchazos de Del Toro y Paul Seixas habían complicado su colocación en el pelotón, que comenzó entonces un circuito con tres pasos por el Estadi olímpic (700 metros al 7,9%) y la exigente subida al Castell de Montjuïc (1,6 km al 8,8%).
Se puso en cabeza el UAE con Brandon McNulty, que lideró las dos primeras ascensiones y redujo el grupo a 40 corredores. Tras el aparecían, por este orden, Pogacar, Vingegaard y Evenepoel, otra imagen que es clásica ya en e el Tour. En la tercera subida tomó el relevo Adam Yates (UAE), pero nadie se movió hasta que faltaban 150 metros para coronar. Johanesen y Carapaz y todos los favoritos fueron detrás.
Skjelmose (Lidl - Trek) ganó unos metros en el kilómetro final, pero Del Toro lo superó y lanzó el sprint desde lejos. Por detrás, Evenepoel y Vingegaard eran dos sombras tras Pogacar, que recuperó terreno hasta que alcanzó al mexicano. Ahí paró el tiempo el esloveno, intentando que su compañero ganase la etapa antes de que sus perseguidores les alcanzasen. Lo logró Del Toro y lo celebró Pogacar, que añade el altruismo a las múltiples cualidades que alberga como ciclista.

Roberto Rodríguez Díaz (Salvatierra de Miño) es licenciado en Periodismo (UPSA) y máster por la BCNY (UB-CU). Trabaja en La Vanguardia desde 2008 donde ha cubierto desde el Mundial de Sudáfrica en 2010 hasta el Tour de Francia de 2025. Siguiendo al Espanyol desde 2020. En Twitter: @Roberto_roda

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