Juan Ayuso, ante el Tour de la madurez: "El podio es un objetivo ambicioso pero realista"

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Barcelona vuelve a vestirse de gala para recibir al mayor espectáculo del ciclismo mundial. El Tour de Francia arranca por primera vez desde la Ciudad Condal y lo hace con un ambiente extraordinario, miles de aficionados abarrotando las calles y la sensación de estar asistiendo a un momento histórico para el deporte español. Entre las grandes estrellas del pelotón sobresale, inevitablemente, el nombre de Tadej Pogacar —máximo favorito para conquistar una nueva Grande Boucle—, pero también el de un corredor que llega dispuesto a dar un paso definitivo en su carrera: Juan Ayuso.

El corredor español, de 23 años, aterriza en la ronda francesa como jefe de filas del Lidl-Trek, respaldado por un bloque construido para pelear por la clasificación general y con la confianza de quien siente que, por fin, ha conseguido llegar a la gran cita de la temporada en plenitud. Ya no es el joven talento al que todos señalaban como el heredero del ciclismo español, sino un corredor mucho más hecho, curtido después de convivir con lesiones, caídas y decepciones que han terminado moldeando tanto su carácter como sus piernas.

Lo demuestra desde la primera respuesta. Su discurso ya no gira alrededor de la obligación de ganar ni de las expectativas que genera cada vez que se coloca un dorsal. Ahora habla de disfrutar, de saborear el camino recorrido para llegar hasta aquí y de competir con la serenidad que sólo dan las experiencias difíciles.

"He disfrutado mucho preparando esta carrera. He tenido algunos inconvenientes durante estos últimos meses, pero estoy contento de haber sacado mi mejor versión para llegar aquí en buena forma. Quiero seguir con esa mentalidad de disfrutar cada día y de vivir la experiencia de este Tour", explica Ayuso a un grupo de periodistas —entre los que se encuentra este redactor de Libertad Digital— durante la concentración del equipo Lidl-Trek (cuyo lema es ‘Pasión por el ciclismo y vida saludable’) en su hotel situado en las afueras de Granollers (Barcelona).

Ayuso reconoce que afronta la carrera con una tranquilidad inédita en él. Eso no significa que renuncie a la ambición. Todo lo contrario. El corredor nacido en Barcelona —residente en Andorra tras haberse criado entre Atlanta, Madrid y Jávea (Alicante)— tiene perfectamente claro cuál debe ser su objetivo durante las próximas tres semanas. "El podio es una meta ambiciosa, pero también realista", afirma sin titubeos, aunque inmediatamente matiza que no quiere convertir esa aspiración en una obsesión. La diferencia con el Ayuso de hace dos o tres temporadas resulta evidente: sigue creyendo que puede estar entre los mejores del mundo, pero ha aprendido que una carrera de tres semanas no se controla únicamente con las piernas.

Un corredor mucho más maduro

Las heridas también enseñan. Ayuso ha vivido demasiados contratiempos para la edad que tiene y reconoce que todos ellos le han cambiado profundamente. Hubo un tiempo en el que convivía con una presión enorme, alimentada por quienes veían en él al próximo gran campeón español. Hoy, sin embargo, asegura que apenas piensa en ello.

0407-juanayuso2.jpg Juan Ayuso atiende a los medios en el Hotel Augusta de Granollers (Barcelona). | Guillermo Domínguez

"Cada vez pienso menos en las expectativas. Antes sí me dejaba llevar más, pero este año he estado en Andorra muy tranquilo, dentro de nuestra burbuja con el equipo, y prácticamente ni lo he pensado. Luego llegas aquí, ves a la prensa, a la gente y eres consciente de que esto empieza, pero durante las últimas semanas he vivido con mucha tranquilidad", reconoce.

Ese cambio de mentalidad puede convertirse en una de sus grandes fortalezas. El ciclista que hace unos años parecía obligado a demostrar en cada carrera que estaba destinado a marcar una época ha aprendido a separar el rendimiento del resultado. Una filosofía que resume con una frase que explica perfectamente su momento personal: "Quiero disfrutar del proceso". Una reflexión poco habitual en un deporte donde la clasificación general suele devorarlo todo.

Barcelona, escenario de un sueño

El Tour comienza además con una oportunidad difícilmente repetible. La contrarreloj por equipos que abre esta edición puede convertir a uno de los hombres del Lidl-Trek en el primer líder de la carrera. Y Ayuso no esconde la ilusión que le produce esa posibilidad.

"Sería un sueño. Es el sueño de cualquier niño ponerse el maillot amarillo", admite. La frase sale con una mezcla de ilusión y prudencia, porque sabe que la victoria dependerá de apenas unos segundos y de pequeños detalles. "Hemos trabajado muchísimo esta disciplina. Cada curva, cada relevo, cada pequeño aspecto que pueda darnos esos segundos gratis que buscamos. Estamos convencidos de que vamos a ser competitivos", asegura.

El recorrido, explica, combina largas rectas donde el protagonismo recaerá sobre los corredores más potentes con dos repechos finales en los que los escaladores pueden marcar diferencias. Un trazado equilibrado que obliga a rozar la perfección y que el Lidl-Trek ha estudiado durante meses. Aun así, Ayuso evita caer en la ansiedad que supone vestir de amarillo desde el primer día.

"Lo único que podemos controlar es lo que hacemos nosotros. Luego habrá detalles que estarán fuera de nuestro alcance", resume con naturalidad, demostrando nuevamente que su cabeza parece tan preparada como sus piernas.

Una carrera distinta a la de Pogacar

Aunque todos los focos apuntan al vigente campeón, Ayuso tiene muy claro cuál debe ser el planteamiento de su equipo. Lejos de entrar en una guerra prematura, considera que la responsabilidad de controlar la carrera corresponde a otros. "Tadej está un poco por encima de todos. La responsabilidad la tienen UAE y Visma. Ellos son quienes deben asumir el peso de la carrera y nosotros tenemos que intentar aprovechar esa situación", explica.

El madrileño entiende que esa condición de aspirante puede jugar a su favor. Mientras Pogacar y sus principales rivales estarán obligados a responder a cada movimiento, el Lidl-Trek podrá correr con algo más de libertad, apoyado además por un bloque de enorme nivel. Mattias Skjelmose trabajará para proteger a su líder en la montaña y Mads Pedersen centrará sus esfuerzos en la clasificación por puntos, una circunstancia que, según reconoce el propio Ayuso, también ayuda a repartir la presión dentro del equipo, en el que también figuran corredores como Derek Gee, Quinn Simmons y Carlos Verona, entre otros.

lidl-trek.jpg El equipo Lidl-Trek rueda en el Circuito de Montmeló. | Europa Press

"Tenemos un bloque muy fuerte. No sólo Mattias, sino todos los corredores han demostrado por qué están aquí. Eso me libera de bastante presión y nos permite afrontar la carrera con mucha confianza", explica el español.

El Tour empieza cuando muchos ya están al límite

Si algo tiene claro Ayuso es que la clasificación general no se decidirá en las primeras jornadas, por muy espectacular que resulte el inicio en Barcelona. El español mira mucho más allá del primer fin de semana y tiene perfectamente identificado el momento en el que considera que comenzará la verdadera batalla por el maillot amarillo. Su estrategia pasa, sobre todo, por evitar pérdidas de tiempo, mantenerse siempre bien colocado y llegar con opciones intactas al tramo decisivo de la carrera.

"Las primeras etapas son para sobrevivir. Luego llegará una buena contrarreloj y, a partir de ahí, creo que la carrera empezará de verdad después del primer día de descanso. Sobre todo desde la etapa 14, cuando llega la gran montaña, es donde realmente puede empezar mi Tour", explica con una hoja de ruta perfectamente definida.

No es casualidad que repita una y otra vez el verbo sobrevivir. El Tour moderno se ha convertido en una carrera donde el peligro aparece mucho antes de que lleguen los grandes puertos. El viento, las caídas, los nervios del pelotón y las constantes trampas del recorrido pueden echar por tierra meses de preparación en apenas unos segundos. Ayuso lo sabe bien y por eso insiste en que el primer objetivo consiste en llegar vivo a la segunda mitad de la carrera.

Además, el recorrido de esta edición parece diseñado a su medida. La mayor dureza se concentra en la última semana, un aspecto que considera favorable después de una preparación marcada por varios contratiempos físicos que le impidieron alcanzar antes su mejor nivel. Lejos de verlo como un inconveniente, cree que todavía tiene margen para seguir creciendo durante la carrera.

"Espero ir mejorando con el paso de los días. Las dos últimas semanas de preparación han sido muy buenas y pienso que puedo llegar más fuerte a la tercera semana. Evidentemente, luego habrá que demostrarlo sobre la bicicleta, pero creo que el recorrido me beneficia", afirma con la confianza de quien conoce perfectamente sus condiciones como escalador.

Pogacar, el gran referente

El nombre de Tadej Pogacar aparece inevitablemente una y otra vez en cualquier conversación sobre este Tour. El esloveno parte como principal favorito después de dominar con autoridad el Tour Auvernia-Ródano-Alpes (el Criterium Dauphiné Libéré de toda la vida) y de firmar otra temporada prácticamente impecable. Ayuso no rehúye esa realidad. Al contrario. La acepta con absoluta naturalidad y considera que, precisamente por esa condición de favorito indiscutible, la presión recaerá sobre los hombros del UAE Team Emirates.

"Todo el mundo es accesible, pero en los últimos años se ha demostrado que Tadej es el claro favorito. Tienen que ser ellos quienes controlen la carrera y asuman ese peso. Nosotros debemos intentar aprovechar esa circunstancia", explica.

0407-juanayuso3.jpg Momento de la presentación del Tour 2026 en la Sagrada Familia. | Cordon Press

No se trata de una declaración de prudencia, sino de una lectura táctica de la carrera. El Lidl-Trek no necesita asumir riesgos innecesarios desde el primer día. Su objetivo pasa por mantenerse siempre cerca de los mejores y esperar el momento adecuado para lanzar su ofensiva, especialmente cuando la montaña empiece a seleccionar definitivamente a los candidatos al podio.

Ayuso tampoco entra en el debate sobre si pertenece ya al reducido grupo de aspirantes que pueden discutirle el Tour al campeón del mundo. Prefiere dejar que hablen las piernas y recuerda que, aunque la nueva generación viene empujando con fuerza, Pogacar continúa estando un escalón por encima del resto. "En el Dauphiné vimos que los que estuvimos delante éramos todos corredores muy jóvenes, pero creo que Tadej sigue estando claramente por encima de cualquiera de nosotros", reconoce.

Las cicatrices también enseñan

Durante la conversación hay un momento especialmente revelador, cuando le preguntan por los numerosos contratiempos que han marcado las últimas temporadas. Las lesiones, las enfermedades y las caídas han aparecido demasiadas veces en su camino justo cuando mejor estaba compitiendo. Le ocurrió en anteriores campañas y volvió a suceder este año durante el Giro de Italia.

Ayuso podría haberse instalado en la frustración, pero su respuesta refleja una madurez poco habitual en un corredor de apenas 23 años. "Cuando te pasan estas cosas piensas: '¿por qué otra vez a mí?'. Es una reacción normal. Pero también entiendes que todo forma parte del proceso y que cuando llegan los buenos momentos se disfrutan mucho más", explica.

Su reflexión va incluso un paso más allá. El español compara las dificultades del ciclismo con cualquier otra profesión y asegura que ha aprendido a no vincular su felicidad únicamente al resultado de una carrera. "Lo importante es dar la mejor versión de uno mismo cada día. Hay cosas que no puedes controlar y no puedes permitir que tu felicidad dependa sólo de ellas. Creo que esa forma de pensar me ha ayudado mucho durante estos últimos años", afirma.

Quizá sea esa la mayor transformación del Ayuso que aterriza ahora en el Tour. Sigue siendo un competidor feroz, convencido de que puede pelear por las posiciones de privilegio, pero ya no mide el éxito exclusivamente por el lugar que ocupe en una clasificación.

La esperanza del ciclismo español

España lleva años buscando un relevo capaz de devolver al ciclismo nacional a la pelea por el Tour de Francia. Desde los triunfos de Alberto Contador y la época dorada que también protagonizaron Miguel Induráin, Óscar Pereiro o Carlos Sastre, ningún corredor ha logrado consolidarse como candidato permanente a la victoria en París. Ayuso representa hoy esa esperanza, aunque él prefiere escapar de comparaciones y etiquetas.

No quiere hablar de herencias ni de generaciones. Sólo de trabajo. De preparación. De un equipo que ha construido durante meses una estrategia para pelear contra las mejores escuadras del mundo y de una carrera que exigirá paciencia, inteligencia y piernas.

Consciente de que el podio estará extraordinariamente caro, tampoco esconde que nunca había visto una lucha tan abierta entre tantos aspirantes de primer nivel. "Creo que hacía tiempo que no había tantos corredores con opciones de pelear por el podio. Estar entre los tres primeros en París será muy difícil, pero también creo que puedo conseguirlo. Si no lo creyera, no estaría aquí", asegura.

No hay arrogancia en sus palabras. Tampoco falsa modestia. Sólo la convicción de quien sabe que ha llegado el momento de comprobar definitivamente cuál es su sitio entre los grandes del ciclismo mundial.

El Tour de Francia comienza este sábado en Barcelona. Delante estarán Pogacar, Jonas Vingegaard, Remco Evenepoel y el resto de favoritos, incluyendo a la jovencísima promesa Paul Seixas. Un paso por detrás, quizá sin hacer tanto ruido, aparecerá Juan Ayuso. Con un equipo construido para protegerle, una madurez que no tenía hace apenas dos años y la sensación de haber encontrado el equilibrio entre la ambición y la serenidad.

Quizá esa combinación sea precisamente la que necesita el ciclismo español para volver a ilusionarse con un podio en los Campos Elíseos. Porque Ayuso ya no corre únicamente con el talento que siempre le acompañó. Ahora también lo hace con la experiencia que dejan las derrotas, la paciencia que enseñan los contratiempos y la convicción de que los grandes Tours no siempre los gana el más fuerte el primer día, sino el que sabe resistir hasta el último.

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