El chip del balón y el roce del pelo de Matanovic, claves en el gol anulado que elimina a Croacia del Mundial

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El encuentro de la Copa del Mundo disputado en Toronto entre el combinado balcánico y el conjunto luso tuvo un desenlace tan dramático como tecnológico. Un tanto de Josko Gvardiol en el minuto 103, que habría forzado la prórroga sobre la bocina, fue invalidado debido a que la tecnología interna del esférico detectó un contacto casi imperceptible con el cabello del delantero croata Igor Matanovic. Esta intervención del sistema de videoarbitraje supuso la dolorosa eliminación de los ajedrezados.

El periódico balcánico Vecernji recogió las posteriores declaraciones del gran protagonista involuntario de la noche, que reflejaban la frustración del equipo. "Todavía me cuesta entender este partido. Merecíamos más, pero lo que hay, estamos eliminados. Creo que sentí un ligero contacto con el pelo", explicó Matanovic a la conclusión de un choque que certificó el pase de la selección portuguesa a la siguiente ronda.

La jugada que dictó el destino de ambas naciones fue revisada exhaustivamente. El futbolista croata admitió sus dudas en el mismo césped: "No estaba del todo seguro, le pregunté al árbitro y me dijo que hubo contacto, por eso fue fuera de juego". El colegiado noruego encargado de dirigir el encuentro anuló la diana porque ese roce, indetectable para el ojo humano, activó el sensor integrado que aloja la pelota oficial. Dicha alerta situó automáticamente a Mario Pasalic en posición antirreglamentaria, haciendo irrelevante que el defensor portugués Renato Veiga también hubiera tocado el cuero de forma posterior.

Toda esta confusión se produjo en un tiempo de descuento agónico. La escuadra dirigida por Roberto Martínez se había adelantado en el marcador en el minuto 94 por medio de Gonçalo Ramos, desatando la euforia peninsular. Sin embargo, la épica característica de una Croacia abonada a las gestas y a las prórrogas en las citas mundialistas recientes, estuvo a punto de escribir un nuevo capítulo apenas nueve minutos después.

Finalmente, la alta tecnología que rige el fútbol moderno fue implacable. El microchip suspendido en el centro del balón, diseñado para enviar datos a la sala operativa cientos de veces por segundo, demostró que ni siquiera un leve roce de cabello escapa a su precisión. La jugada pasará a la historia de los Mundiales como el paradigma del fútbol contemporáneo, donde la medición milimétrica de las distancias y los contactos ha terminado por suplantar a la percepción visual tradicional de los árbitros, cambiando para siempre la forma en la que se celebra y se padece este deporte.

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