Disruptores endocrinos

Hace 2 días 3

Entre la lista de la compra y lo que compramos realmente hay algo parecido a un diario económico y moral de la semana

Foto promocional de una caja en un supermercado de Países Bajos. cedida
Juan José Millás

Hay un documento que ninguna carpeta de cartón ni ningún ordenador guardan, aunque lo dice todo sobre usted y sobre mí y, por lo tanto, sobre la humanidad. No lo busque en ningún disco duro ni en la nube. No hay contraseña para acceder a él. Se escribe a mano, con un viejo bolígrafo que a veces falla, sobre el reverso de un sobre o en esa aplicación del móvil que nunca terminamos de dominar. Me refiero a la lista de la compra, en la que conviven la aspiración y la culpa, el propósito saludable y la rendición anticipada. Verduras de cercanía, legumbres, fruta variada. Pero también, a veces ese capricho o esa renuncia que se cuelan entre los renglones con una letra más pequeña, avergonzada de sí misma. La lista habla de cuántas personas viven o malviven bajo un techo, de si alguien está enfermo, de si hay una celebración pendiente o una semana de austeridad por delante. La lista de la compra es un estado de ánimo.

Luego llega uno al mercado y en cada puesto recibe ese tique de papel térmico compuesto de “disruptores endocrinos” que, según algunos, producen cáncer. He ahí un testigo fiel de nuestras decisiones reales. Porque entre lo que escribimos en la lista y lo que aparece en los tiques siempre existe una distancia marcada por la subida de los precios o por las ofertas del día. Juntos, lista y tiques, forman algo parecido a un diario económico y moral de la semana. Reflejan si hemos sido disciplinados o generosos, previsores o impulsivos, acomplejados o valientes. Muestran cuánto hemos pagado por alimentar afectos, cuánto por cubrir necesidades y cuánto, simplemente, por el placer inmediato de vivir. En esos papeles está el precio del trabajo invisible que sostiene a las familias y que raramente aparece en ninguna estadística. La lista de la compra y sus tiques son basura doméstica, pero también el género literario más auténtico que quepa imaginar. Mírate en ellos un momento antes de tirarlos. Son tu espejo.

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