Novak Djokovic tuvo y sigue teniendo un espíritu positivo pero a veces, cuando se cruzaba con Rafael Nadal en una pista de tierra batida, se desesperaba y perdía y luego, al atender a los periodistas, se confesaba:
–Enfrentarse a Nadal en arcilla es uno de los mayores retos a de un deportista.
Dice Contador: “Ante Indurain sí que hubiera alternativas, pero con Tadej...”
(...)
Estoy en el Palau Dalmases, en el Born. Este es un showroom de material ciclista. Firmas como la revista Volata, Zwift, Coros, Oquo, Nutri Pure y Sidi exhiben sus productos, y a través de una pantalla contemplamos la presentación del Grand Départ y a mi lado, con un café de por medio, se ha sentado Alberto Contador.

Si Contador (43) me acompaña con un café no es para hablar de tenis sino de ciclismo, y con razón: Contador es algo así como el último mohicano español. Cuando dominaba el pelotón, en las primeras dos décadas de este siglo, ganó dos Tours, dos Giros y tres Vueltas.
No estamos para hablar de tenis (y mucho menos de fútbol), pero me enredo en mis reflexiones y me da por recordar aquello que decía Djokovic y por eso, le pregunto a la leyenda del clclismo:
–Si usted, en su mejor momento como ciclista, hubiera tenido que enfrentarse a Tadej Pogacar, ¿qué hubiera hecho para desbordarle?
Contador se pone pensativo, tarda unos pocos segundos en contestarme.
Y al fin, se confiesa:
–No es fácil de responder. Pogacar es el mejor ciclista de la historia. Es tan sólido y tan fuerte que no veo por dónde cogerle. Se maneja en el llano, en la crono, en las subidas, en los repechos...
–¿No vería soluciones? ¿Qué hubiera hecho usted en los tiempos de Indurain?
–Hombre, eso está más claro. Indurain era sobre todo un contrarrelojista. Creo que en la montaña hubiera sido más vulnerable. Pero es que Pogacar...
–Pero, ¿qué tiene ese tipo?
–Lo tiene todo. Te ataca a 100 km de meta en un Mundial. O a 70. Esperamos que ataque en un puerto y aun así ataca y se va y nadie puede evitarlo. Y además, se ha perfeccionado técnicamente. Hace unos años, Tom Dumoulin decía que Pogacar montaba como un minero. Ahora ha mejorado incluso en eso. Es más estático y depurado.
Por momentos, la charla se sumerge en una atmósfera surrealista. En el auditorio anexo hay un tablao repleto de turistas y los cantaores y las bailarinas, floreadas y a topos, cuando se toman un descanso, pasan por nuestro lado taconeando, y en la sala se junta todo. Los zapateaos, los acordes, las órdenes a los camareros:
– Quiyo , ponme un café.
Le pregunto a Contador:
–¿Qué deben sentir los rivales de Pogacar?
–Para ellos, entiendo que debe de ser desesperante.
–Y para usted, como comentarista para Eurosport, ¿su dominio no le aburre?
–Como espectador, disfruto con él, igual que con Vingegaard y Evenepoel. Al fin y al cabo, estoy viendo en vivo al mejor de la historia. Y con eso me quedo.
También me cuenta que piensa seguir el Tour desde el estudio de Eurosport en Madrid, pero que antes va a explorar algunas etapas. Si usted, querido lector, se ha asomado a las pendientes de Montjuïc este viernes, a las 6.30h, se habrá topado con él pedaleando cuesta arriba, explorando el Castillo de Montjuïc.
–No estoy mal de forma. Salgo tres o cuatro días a la semana. Pero sobre todo, voy al gimnasio.
–¿Se notan esos 43 años?
–No mucho. Como no salgo muchos días, supongo que me recupero bien. Estoy diez kilos por encima de mi peso como profesional, pero no es un problema, es voluntario. Antes era un esqueleto. En los puertos sufriría más, pero llaneando es casi lo mismo.
Luego acaba la presentación, apuramos el café y nos despedimos. Contador avanza unos pasos y se da la vuelta y me dice:
–La próxima vez, nos vemos pedaleando.
Sonrío, no sé yo.
Ese reto también es muy gordo.

Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de 'Soñé que estaba vivo' y 'Soy un superhéroe'

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