Una mirada a los inmigrantes que me cruzo a diario

Hace 1 día 1

Salgo de casa pronto. Parece que si no voy al gimnasio a primera hora ya no puedo ir. Así que me cruzo en el portal con Roxana, que limpia las escaleras desde hace unos cuantos años. Es boliviana, y al verla recuerdo la noticia de la regularización de inmigrantes. Pero no, a Roxana, de unos 50 años, no le tocará, trabaja para una empresa, y supongo que la tiene dada de alta. No sé cuánto lleva aquí, pero seguramente se acogió a la regularización de Zapatero, en el 2005. Bien podría ser una de las 576.506 personas que con aquella regularización dejaron de tener una vida y un trabajo clandestino. Como mucho con las de Aznar, en el 2001 o 1999.

No puedo entender los argumentos de la derecha y de la extrema derecha para oponerse. ¿Qué terrorista va a querer regularizar su situación? “El PSOE se está cargando la identidad de España”, dice Vox. ¿Ha ocurrido eso en los 40 años que llevamos de regularizaciones desde Felipe González? Lo que han hecho es dar oportunidad de trabajar, cotizar y pagar impuestos. Algunas de sus costumbres las incorporamos a las nuestras, pero eso no nos hace perder ninguna identidad. Aquellos que hace 40 años pudieron tener papeles forman parte hoy de España, la hacen como es, y es mejor que entonces.

Los que hace 40 años lograron regularizarse hacen mejor la España de hoy

En mi camino me cruzo con un chico negro, joven, alto, con ojos blancos penetrantes, que empuja su carro de barrendero, y de nuevo pienso en la regularización, pero no, es empleado municipal, tiene que tener la documentación en regla. Empiezo a darme cuenta de lo que ocurriría en España sin la presencia de todos estos trabajadores de origen extranjero. Con ellos, España bate récords y sitúa la tasa de paro por debajo del 10%, lo que no se veía desde el 2008. Si quitamos a los parados que trabajan en la economía sumergida…

Tras el esfuerzo físico en el gimnasio, me voy a desayunar con unos colegas, y después de que James, colombiano, nos traiga el café, hablamos de la regularización. Todos están de acuerdo, como yo. Según el CIS, solo el 3,9% de los españoles ven un problema en la inmigración. Muy lejos de la preocupación por la vivienda, un 23,8%, o del 13,1% que ven al Gobierno y los partidos como un problema.

Un trabajador de origen extranjero

Un trabajador de origen extranjeroRoser Vilallonga

En el 2004 pasó igual. Hubo una polémica política y mediática, pero no hubo un rechazo social. Por eso no entiendo la postura del PP, salvo porque supone una cesión a Junts. Un intento de Sánchez de recomponer la mayoría que no tiene, cediendo, lo exige Junts, las competencias de inmigración a Catalunya. Este es otro debate. El lehendakari Pradales lo ha pedido también. Podemos, que se oponía, obtiene, a cambio de apoyar la cesión, la medalla de haber auspiciado la regularización.

Me paro en la frutería, que regentan unos pakistaníes, y doy unas monedas a una persona a la que le faltan las dos piernas. Es negra, subsahariana. Cerca de casa veo a cientos de chavales veinteañeros que salen de las escuelas de negocios a tomarse un café, muchos mexicanos, que están estudiando y quizá se queden. Pero a esos muchos no les consideran inmigrantes, porque tienen dinero. ¡Qué razón tiene Adela Cortina cuando habla de la aporofobia! Porque el rechazo no es al extranjero, sino al pobre.

Como pobres son esa muchacha hondureña, esa mujer dominicana, o esa otra marroquí, que llevan de paseo a una señora con claros signos de alzheimer, a ese hombre que apenas se sostiene en pie, o a esa persona que necesita silla de ruedas. Inmigrantes casi con toda seguridad sin contrato de trabajo, sin papeles, pero que sonríen a quienes cuidan, les hacen una caricia, les escuchan. Es a ellos, y a los que trabajan en el edificio que construyen en la esquina de mi calle, sin seguro, sin contrato, a los que beneficiará la regularización y que dentro de otros 20 años, con otra regularización, recordarán que ellos han podido prosperar en España porque alguien, alguna vez, les proporcionó papeles.

Mari Carmen Del Riego De Lucas

Licenciada en Ciencias de la Información, rama de Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, y licenciada en Derecho y en Ciencias Políticas y de la Administración por la UOC. Formó parte de la redacción de 'La Vanguardia' entre 1992 y 2024, siempre en la sección de Política, donde se encargó del Parlamento y del PP, además de las informaciones de los Ministerios de Defensa y de Exteriores. Antes de incorporarse a 'La Vanguardia' trabajó durante siete años en la Agencia Europa Press, así como en 'Diario16' y el periódico 'El Sol', al que perteneció hasta su desaparición en 1992. Cuenta con varios premios de Periodismo como el Luis Carandell (2014), que otorga el Senado; el Josefina Carabias que concede el Congreso (2022) y el Premio del Ministerio De defensa de Periodismo Escrito (2016) por su reportaje, publicado en 'La Vanguardia' “La salvación se llama Canarias”

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