Las dos rutas para hacer el trayecto de 30 quilómetros en ferrocarril entre Barcelona y la vecina Sabadell recorren dos mundos distintos. Si el pasajero elige los Ferrocarriles de la Generalitat, que cruzan la parte alta y más noble de Barcelona, para después seguir por Sant Cugat, uno de los municipios más ricos de España, viaja en unos vehículos en perfecto estado, puntualidad exquisita y abundancia de corbatas, estudiantes y miembros de la clase media alta entre sus usuarios.
Si en cambio, elige Rodalies, que circula por barrios como Sant Andreu y municipios como Montcada i Reixac, penalizado con múltiples accidentes en los pasos a nivel de las vías del tren que la cruzan, la puntualidad es una quimera con la que nadie sueña, el retraso endémico, ya mucho antes del caos de las últimas dos semanas, y el perfil de los pasajeros es radicalmente distinto. Del típico burgués que frecuenta los Ferrocarriles de la Generalitat pasamos a una afluencia de beneficiarios del SMI, de riders con bicicleta incluida y de presencia elevada de inmigrantes. Son dos fotos de la sociedad, las dos muy reales.
Algunos de estos inmigrantes que viajan en Rodalies pueden ser candidatos a acogerse a la regularización que ha lanzado el Gobierno español, aunque la gran mayoría ya tiene desde hace tiempo los papeles en regla, ocupa un lugar de trabajo y aporta su robusto grano de arena al crecimiento de la economía española de los últimos años. Un crecimiento sólido que marcan las grandes cifras, con un 2025 que ha cerrado con un aumento del PIB del 2,8%, pero con una parte importante de la población que no viaja en este supuesto cohete.
“Los necesitamos como el aire que respiramos”, afirma la patronal catalana, mientras que la CEOE reconoce que son indispensables, pero evita decirlo en voz alta
Los que se sienten desplazados al furgón de cola perciben que, de los magníficos números del PIB, a ellos solo les llegan retazos y que, en cambio, la cesta de la compra y la vivienda los azotan de frente. Y no son solo los trabajadores con ingresos más bajos, sino también los sueldos medios. Lo cierto es que los incrementos sucesivos del salario mínimo de los últimos años, hasta los 1.221 euros al mes recién acordados para el 2026, han conseguido convertir en dignos estos sueldos, pero no han tenido un efecto escala para que los incrementos también se produzcan en los niveles inmediatamente superiores. En esta zona hay un atasco considerable.
Que el SMI sea uno de los salarios más frecuentes no es precisamente una buena señal, sino una muestra de que asalariados por cuya preparación o experiencia les tocaría una mejor retribución han quedado varados en una zona baja. Un territorio en que estarían encallados diez millones de asalariados, según los cálculos de CC.OO, los que quedan por debajo del salario medio.

En cualquier caso, y al margen de la adecuación del nivel salarial, el papel de los inmigrantes ha sido, es y será determinante en este crecimiento español. El flujo de llegadas seguirá, nos guste o no. Primero, porque los necesitamos. Es significativa la reacción de la CEOE ante la regularización de medio millón de inmigrantes anunciada por el Gobierno. Quieren, sí; pero no se atreven a decirlo en voz alta, para no posicionarse al lado de un Ejecutivo con el que mantienen una tensa relación. No se puede hacer de espaldas al Congreso, ha sido la reacción de la patronal ante esta regularización. Es decir, una crítica al método pero que no esconde su interés en el objetivo de fondo. Lo expresó el propio Antonio Garamendi en octubre al afirmar que “somos un país de acogida y necesitamos gente de fuera para trabajar”
Más claro en este sentido es Foment del Treball, con su presidente Josep Sánchez Llibre, celebrando la regularización porque “los empresarios necesitamos la inmigración como el aire que respiramos cada día o el agua que bebemos cada día”. En diciembre, el servicio de estudios de la patronal catalana ya presentó un estudio que señala la necesidad de 1,4 millones de inmigrantes más en los próximos años para compensar el envejecimiento de la población y la baja natalidad.
Una regularización en la que está de acuerdo la iglesia católica que, con Cáritas al frente, impulsó una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para llevar a cabo este proceso, aunque lo cierto es que ahora el PSOE la ha improvisado por otra vía, pactando con Podemos, en una de los habituales driblings tan sorprendentes y criticados del Gobierno Sánchez. Una iglesia mayoritariamente a favor, pero no al cien por cien. Los sectores ultramontanos, como el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, saltaron pidiendo levantar un muro para que no entren más. “¿Cuántos podemos asumir? Todos no caben”, afirmó el mitrado en una manifestación no sé si muy cristiana y que olvida que, si siguen llegando, es porque el mercado laboral los reclama.
Son 3,5 millones de trabajadores inmigrantes, el 16% del total de ocupados
¿Son tantos? ¿Cuántos suman ahora mismo? Pues son muchos. Para ser exactos, el 16% del total de ocupados españoles, según la EPA de esta pasada semana que daba los datos del año pasado. Son 3,5 millones de trabajadores inmigrantes, del total de 22.46 millones que mueven el mercado laboral español. Y el aumento es constante, en 2025 cuatro de cada diez nuevos ocupados fue un inmigrante. Y seguirán llegando. Si no, el país se para.
Otra cosa es que puede no gustar que nos cambie el paisaje del barrio, con abundancia de pakis donde comprar, con los andamios de la construcción repletos de latinoamericanos y cruzándonos con mujeres con velo en las calles de siempre. Puede que no guste a algunos, que sienten que les han cambiado su mundo.
De ahí a pensar que obstruyen el acceso a la Seguridad Social, que monopolizan las ayudas públicas o que disparan el gasto del Estado solo hay un paso, por muy erróneas que sean estas afirmaciones. Porque los datos son claros, y la percepción extendida de que acaparan gasto y subvenciones choca con una realidad que muestra que, en términos económicos, su aportación es muy superior al gasto que comportan. Dicho esto, es cierto que en el duelo entre percepción y y datos, la primera suele salir con ventaja.

Redactor jefe de la sección de Economía de La Vanguardia

Hace 1 día
1









English (US) ·