Mercedes González, la mujer de verde que siempre fue leal a Sánchez

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Había sido durante dos años delegada del Gobierno en Madrid, protagonizando episodios para el recuerdo como la bronca rueda de prensa con el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, por las medidas anticovid tras el estado de alarma. Mercedes González (madrileña, 51 años) aterrizó en marzo de 2023 en la Dirección General de la Guardia Civil como solución de urgencia después de que su antecesora, María Gámez —la primera mujer en ese puesto—, renunciase al cargo solo unas horas después de que su marido recibiera una notificación judicial para comparecer como investigado por un caso de corrupción. Era un momento especialmente delicado para el Instituto Armado tras estallar los casos Mediador y Cuarteles, sobre supuestas corruptelas que afectaban a altos mandos de la Guardia Civil. González no ocultó su perfil político y agradeció su nombramiento a Sánchez, al que dijo encontrarse unida por “una relación de lealtad, respeto y consideración, pero también de compañerismo”.

Su salida dos meses y medio después para ir en las listas al Congreso en las elecciones generales de ese verano, en las que salió elegida diputada, provocó extrañeza, pero también malestar, entre los miembros de una institución que nunca entendieron que diera prioridad a su carrera política por encima de la Guardia Civil, a la que acababa de llegar. Por eso, su vuelta en septiembre de 2024 para suceder a quien había sido su relevo, Leonardo Marcos, volvió a causar sorpresa. Entonces, los casos de corrupción dentro de la institución habían quedado en segundo plano y el malestar tenía que ver sobre todo con las condiciones con las que los agentes se enfrentaban a los traficantes de droga tras el asesinato unos meses antes de dos guardias civiles en Barbate (Cádiz), arrollados por una narcolancha.

Mercedes González intentó en esta segunda etapa un acercamiento con los representantes de los agentes, con guiños hacia la institución como vestir siempre de verde en los actos oficiales. En el camino se le cruzó Leire Díez, la exmilitante de su partido señalada por encabezar una supuesta trama que pretendía torpedear las investigaciones de la propia Guardia Civil que afectaban al Gobierno y al entorno familiar de Sánchez. Su primer encuentro con Díez se produjo el 30 de septiembre de 2024, tan solo 13 días después de volver al cargo. Siete meses después, estaban sobre su mesa sendas “notas de despacho” ―documento interno de la Guardia Civil en el que los agentes comunican a sus superiores hechos que consideren relevantes― redactados por la Jefatura de Información (encargada de la lucha antiterrorista, entre otras funciones) y la propia UCO, en la que ya se recogía el nombre de la exmilitante socialista y se destacaba que esta trama “haría ver que detrás de esta ‘estrategia’ se encontraría el señor Santos Cerdán, teniendo conocimiento de ello igualmente la directora general de la Guardia Civil”. La reunión días después de González con miembros de la UCO en su despacho para mostrarles su apoyo no sirvió para despejar las sospechas sobre ella que ya anidaban en la institución.

La responsable del Instituto Armado ha sido prácticamente todo lo que podía ser con el PSOE en la Comunidad de Madrid. Salvo líder territorial, ha ocupado cargos orgánicos de la máxima relevancia en su federación. Durante más de tres años fue la primera secretaria general de la agrupación de Madrid ciudad. Fue delegada del Gobierno en la comunidad que el PP ha convertido en la punta de lanza contra Sánchez y donde se ganó el reconocimiento de ser seria y eficaz. “Ha llegado a ese tipo de puestos de responsabilidad por ser alguien de confianza, pero en ellos ha demostrado que es también alguien capaz. De lo contrario, no habría llegado tan lejos”, sentencia un peso pesado del PSOE madrileño.

Fogueo con Sánchez frente a Gallardón

El Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de la capital, fortaleció los lazos entre Pedro Sánchez y Mercedes González durante la campaña de las elecciones municipales de 2003, aunque su relación se remonta a Juventudes Socialistas. El ahora presidente se quedó a las puertas de ser concejal, pero se estrenó al año siguiente tras la renuncia al acta de Elena Arnedo. González ejerció de asesora del grupo municipal, en el que Sánchez fue edil hasta 2009. Un periodo de enseñanza en el que ambos se foguearon contra el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón.

Esa amistad en la oposición en el Ayuntamiento de Madrid se ha mantenido siempre. Y González siempre le ha sido leal a Sánchez. “Es pedrista, sanchista o como se quiera llamar de primera generación”, expone un dirigente que se conoce todos los entresijos de la federación madrileña. La prueba del algodón fue cuando mantuvo su apoyo inquebrantable al líder socialista tras el convulso comité federal del 1 de octubre de 2016 en que dimitió como secretario general del PSOE por negarse a facilitar la investidura de Mariano Rajoy. Sánchez confía en ella y la apoya tras su imputación en el caso Leire Díez por los delitos de prevaricación y obstrucción a la justicia.

A la dirigente socialista se le identifica en el PSOE de Madrid con el simanquismo, dirigentes cercanos a Rafael Simancas, secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, que se decantó por la candidatura de Patxi López en las primarias de 2017 frente a Pedro Sánchez. González fue de las pocas excepciones. “Mercedes es simanquista a tope, pero ahí se mantuvo con Pedro. Eso dice mucho de su carácter y determinación”, resume un miembro de la dirección del PSOE de Madrid.

Lleva toda la vida en la federación de Madrid. “Es muy de partido”, comparten distintos cuadros del escalafón del PSM consultados. Tras despuntar como secretaria general de la agrupación del distrito madrileño de Barajas, a finales de 2021 presentó en una nave del barrio de Villaverde la agrupación de Madrid Ciudad, un nuevo órgano para agrupar y coordinar a los 5.000 militantes socialistas de la capital. Fue su puesta de largo no oficial como candidata a la alcaldía para las elecciones de mayo de 2023, pero finalmente la exministra Reyes Maroto fue la designada como la cabeza de lista del PSOE. En contra de los hábitos del PSM, con fama de ser una de las federaciones más ingobernables para Ferraz, González no le montó ningún incendio a Sánchez y acató la decisión. El PSOE había hecho cálculos y Maroto daba mejor, según fuentes de época. En febrero del año pasado, Maroto le sustituyó al frente de la agrupación de Madrid ciudad, donde Enma López se ha postulado como candidata.

Tensión con sus subordinados

La tensa relación de la directora de la Guardia Civil con parte de sus subordinados afloró de nuevo cuando se hicieron públicos los informes de la UCO en los que se aireaban sus encuentros con la llamada fontanera del PSOE. Sus intentos para minimizar estos no hicieron sino incrementar el malestar interno. Sobre todo, una nota difundida de noche del pasado 4 de junio en la que, si bien admitía ya las reuniones, desvinculaba el contenido de las mismas de cualquier intento de torpedear investigaciones en marcha. Tanto el contenido de aquel comunicado ―que se interpretó como un intento de minusvalorar la investigación de la UCO― como el formato ―con membrete oficial, dando la apariencia de que recoge la versión de la institución y no de la propia González― echaron más leña al fuego.

Las llamas se avivaron días después, cuando en su comparecencia en el Senado la directora afirmó que había informado a los mandos de la UCO de sus encuentros con Díez. La respuesta de la Guardia Civil llegó el viernes en la Audiencia Nacional cuando dos generales, ambos antiguos jefes de la UCO, desmintieron a González ante el juez Pedraz. Desde entonces, en el seno del Instituto Armado se daba por hecho que la imputación de su directora era cuestión de días. Fue este jueves. El ministro Fernando Grande-Marlaska y el presidente del Gobierno mantienen su confianza en ella.

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