Londres avisa

Hace 1 día 1

En el 2025, el gran titular sobre la inteligencia artificial (IA) generativa era la falta de adopción empresarial: un 60% de organizaciones evaluaban soluciones empresariales, solo un 20% llegaban a piloto y apenas un 5% las llevaban a producción. Era el dato más llamativo del informe del MIT Media Lab que describía como un acantilado la diferencia entre la narrativa de la IA y su impacto real: mucha demo, poca transformación; mucho hype , poca adopción.

Señal del metro de Londres 

Señal del metro de Londres Getty Images

Pero esto es muy 2025. En el 2026, los efectos de la IA generativa ya empiezan a asomarse a las estadísticas. Según un estudio de Morgan Stanley, empresas del Reino Unido de cinco sectores especialmente “sensibles a la IA” (comercio minorista, inmobiliario, transporte, equipamiento sanitario y automoción), y que hace al menos un año que la utilizan, ya notan sus efectos. Estas empresas reportan, por un lado, un 11,5% de incremento de productividad, y, por el otro, un -8% de ocupación los últimos doce meses. La cifra, la mayor entre las economías desarrolladas, se añade al 5,1% de desempleo, la más alta en cuatro años en el Reino Unido (España, con el 10%, es la segunda más alta de la UE).

Los efectos de la inteligencia artificial empiezan a salir en las estadísticas

El alcalde de Londres, Sadiq Kahn, decía en su discurso anual que la ciudad puede ser uno de los principales perjudicados por la IA debido a la gran concentración de ocupación en los sectores de finanzas y servicios profesionales (derecho, consultoría, contabilidad, marketing). Resulta que, a pesar de su aparente robustez, son trabajos especialmente vulnerables a la IA porque se basan en tareas de investigación, síntesis, comparación, redacción y presentación… Tareas modulares, repetibles y auditables que los grandes modelos de lenguaje aceleran, sobre todo en la base de la pirámide ocupacional.

Sin embargo, todo lo que nos hace más productivos y que nos libera de los trabajos pesados y de poco valor añadido también nos hace más esclavos. Cuando cae ChatGPT, hay pánico en los departamentos de marketing porque ya no queda nadie que sepa preparar a mano un PowerPoint o una propuesta al cliente. Llevamos meses programando con IA y ya no sabríamos hacerlo sin ella. Y el ritmo es adictivo: lo que ayer era velocidad, mañana es lentitud.

Hay otro dato que ayuda a entenderlo todo en su contexto, que es global: en el último año, las empresas estadounidenses han reportado un incremento de producción gracias a la IA similar al Reino Unido, con la diferencia de que allí sí se han creado más puestos de trabajo de los que se han destruido.

La IA no solo redistribuye tareas; redistribuye poder. Así, no es de extrañar que la City de Londres pierda trabajos por culpa de la IA en favor de sus proveedores de Silicon Valley. La “destrucción creativa” parece que va a acabar siendo, una vez más, destrucción para muchos y creación para muy pocos.

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