Comprar de baratillo ya no es solo cosa de pobres.
Esta es época de contrastes en Estados Unidos, cuando la supuesta economía más sexy y atractiva del planeta, de récord en toda su historia (según el presidente Donald Trump), ve cómo los ciudadanos cada vez acentúan más sus quejas por lo caro que les resulta llenar la cesta de la compra.
Saks Global, la gran firma del lujo, la compañía propietaria de Saks Fifth Avenue, Neiman Marcus y Bergdorf Goodman, se acogió al capítulo 11 de la ley de Quiebras de EE.UU. a mediados de enero a causa de una deuda insostenible, una relación deteriorada con los proveedores y una ralentización a la hora de vender.
En cambio, los establecimientos de Goodwill, que se basan en donaciones y se destinan a la beneficencia, estilo Cáritas, se encuentran en uno de sus mejores momentos comerciales.
Esto supone un aldabonazo muy potente para la organización sin ánimo de lucro que supervisa Goodwill, la cadena de tiendas de segunda mano más grande del mundo, por lo general un verdadero bazar donde se acumulan cosas y se descubre de todo, desde maravillas de marca de prestigio a objetos desmochados o en estado frágil.
Al margen de los buscadores de tesoros, que los hay, sus buenos resultados también se explican como una señal de que los estadounidenses, ante las incertidumbres económicas, en buena parte debido a la política arancelaria de Trump, intentan estirar cada dólar al máximo.
Goodwill Industries, nombre oficial, informó que consiguió en el 2025 más de 7.000 millones de dólares en ingresos (unos 5.900 millones de euros), una marca en cuanto a negocio, en sus 3.400 tiendas. Esto supone un incremento de cerca del 10% respecto al año previo, cifra significativa por cuanto Trump no cesa en acusar a su antecesor Joe Biden de llevar la ruina a los hogares.
El índice de confianza del consumidor cae a un nivel más bajo que el que hubo durante la pandemia
Según datos de la semana pasada, la confianza de los estadounidenses se desplomó al nivel más bajo en 12 años, en medio de la preocupación de los consumidores por los precios y el pesimismo sobre el estado de salud del mercado laboral.
El centro de estudios de la Conference Board sostuvo que el índice de confianza del consumidor cayó 9,7 puntos en enero, del 94,2 de diciembre al actual 84,5. Este índice está en la actualidad por debajo del alcanzado durante la crisis de la pandemia, cuando el registro de paro subió al 15%, mientras en el pasado mes estaba en el 4,4%.
“Somos bastante estables en casi cualquier situación económica”, declaró al The New York Times el primer ejecutivo de Goodwill, Steven C. Preston. Pero cuando la economía aprieta, es más probable que recibamos ese tráfico de clientes”, añadió.
El gasto en el periodo de Navidades se mantuvo fuerte en el 2025, los estadounidenses todavía gastan en bienes discrecionales, incluso si tienen que aplazar los costes mediante “el compra ahora, paga después”. El presidente de la Reserva Federal (Fed), Jerome Powell, destacó en la rueda de prensa del pasado miércoles que los datos muestran la resiliencia de los consumidores.
Pero eso no impide que una combinación de inflación, crecimiento laboral lento y facturas elevadas de comida y alquiler hayan dejado a los hogares buscando sacar el máximo provecho en las compras. Se gasta y se mira más la factura, con paquetes de cinco camisetas y unos pantalones tejanos por quince dólares.
Las tiendas Goodwill presentan una sobrecarga sensorial de inventario. Si bien la mayoría de compradores acuden por los precios bajos, también están los que van por la intriga de la búsqueda de tesoros mientras rebuscan prendas escondidas.
Los hay, además, que compran en estos establecimientos por una filosofía vital y de adaptación al medio ambiente. Se trata de reutilizar ropa para conseguir que se fabrique menos, puesto que el textil es un elemento que perdura y se convierte en uno de los factores más contaminantes e influyentes en el cambio climático, según los expertos y los activistas.
Hay más ventas en tiendas de productos textiles usados mientras el sector del lujo lo pasa mal
Así que este es otro argumento para ir a estas tiendas. En este tipo de locales, donde la mercancía se presenta en contenedores, algunos clientes experimentados esperan durante horas a que se reponga el producto, conscientes –por experiencia propia o ajena– de que ese momento ofrece mejores oportunidades de compra.
El fenómeno no atañe solo a Goodwill. Cadenas similares de segunda mano experimentan incrementos similares.


Hace 1 día
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