La madrugada del pasado domingo, España entró de lleno en el horario de verano con el tradicional adelanto de las agujas. Este cambio, aunque permite disfrutar de más horas de luz natural por las tardes, supone un impacto directo en el ritmo circadiano de la población.
La Dra. Sofía Rodríguez Moroder, especialista en patología del sueño y directora clínica de Craneosalud, advierte en Kilómetro Cero de que este proceso no es inocuo para el cuerpo humano, ya que altera el sistema hormonal básico que regula nuestra actividad y descanso.
El equilibrio entre hormonas
La clave de la adaptación reside en la gestión de dos sustancias fundamentales. Según explica la Dra. Rodríguez Moroder, "somos química pura" y nuestro funcionamiento diario depende del balance entre el cortisol y la melatonina.
"Durante el día predomina el cortisol, que nos mantiene activos, y por la noche aumenta la melatonina, que facilita el sueño", señala la experta. El adelanto de sesenta minutos rompe este ciclo de forma abrupta, provocando que el organismo necesite un periodo de transición para acompasar de nuevo la segregación de estas hormonas con la luz solar.
Pautas para evitar el 'jet lag'
Para minimizar los efectos de este desajuste, que muchos expertos comparan con un ligero jet lag, la doctora insiste en que el descanso nocturno empieza mucho antes de meterse en la cama. La clave está en "preparar al cuerpo durante todo el día" para que reciba las señales adecuadas.
"Si ayudamos al organismo a recibir luz natural, mantenemos horarios regulares y reducimos los estímulos por la noche, la adaptación es mucho más sencilla", afirma la directora de Craneosalud. El objetivo es facilitar que la melatonina aparezca de forma natural a pesar de que el reloj marque una hora más de actividad.
La luz como activador
El cambio al horario de verano es, para muchos, más llevadero que el de octubre debido al aumento de la luminosidad. Sin embargo, ese mismo factor es el que "retrasar la sensación natural de sueño".
Al haber más claridad a última hora del día, el cerebro no recibe la señal de oscuridad necesaria para iniciar el reposo, lo que obliga a los ciudadanos a extremar la higiene del sueño durante la primera semana de cambio horario para evitar cuadros de fatiga o irritabilidad.

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