El regreso de la humanidad a la órbita lunar no es solo un alarde de ingeniería pesada. Detrás del titanio, los escudos térmicos y el colosal cohete SLS, la misión Artemis II esconde una intrahistoria de supervivencia cotidiana en condiciones insólitas. Así es el día a día diseñado por la NASA para mantener con vida, y cuerdos, a los cuatro tripulantes que rodearán nuestro satélite.
Convivencia extrema en el espacio
Aunque la nave Orion es un 60% más amplia que las viejas cápsulas del programa Apolo, el espacio vital sigue siendo mínimo. Cuatro adultos convivirán ininterrumpidamente durante diez días en un volumen equivalente al de dos furgonetas monovolumen.
La intimidad es un lujo inexistente: el inodoro espacial, aunque muy avanzado, está en una zona común sin aislamiento visual completo. Como sentenció la astronauta Christina Koch: "No habrá cortinas. Simplemente te haces de la vista gorda".
Tortillas antimigas
El pan tradicional está terminantemente prohibido a bordo. La tripulación consumirá tortillas para evitar que las migas floten en la ingravidez y colapsen los filtros de los sistemas de soporte vital. Además, contarán con 189 opciones distintas de comida –desde macarrones con queso hasta salchichas– con una variedad de bebidas, frutos secos y verduras, así como diferentes salsas y condimentos.
Diez días sin duchas
El racionamiento de agua es estricto. La higiene personal de Wiseman, Glover, Koch y Hansen se limitará al uso de toallitas húmedas, jabón líquido y champú sin aclarado durante toda la travesía orbital.
Un refugio anti-radiación bajo los asientos
Fuera de la protección del campo magnético terrestre, las tormentas solares son letales. Si los sensores detectan un pico de radiación repentino durante el viaje, los astronautas tienen un protocolo de contingencia: deberán acurrucarse en un pequeño compartimento ubicado bajo los asientos de la cápsula, utilizando los propios suministros de almacenamiento de la nave como un improvisado muro protector.
Papel y lápiz frente a la tecnología
La nave Orion cuenta con los ordenadores de vuelo más avanzados jamás creados. Sin embargo, el comandante Reid Wiseman ha decidido llevar un cuaderno tradicional con lápiz y papel. Su objetivo es registrar sus impresiones visuales y reflexiones de primera mano, alejándose de las pantallas para plasmar la experiencia de forma completamente analógica.
El "tirachinas" natural de regreso a casa
La trayectoria de Artemis II dibuja un inmenso número "8" alrededor de la Luna, alejándose a más de 434.000 kilómetros de la Tierra y batiendo el récord del Apolo 13. Este diseño no es casual: es una trayectoria de retorno libre. Si los sistemas de propulsión de Orion fallaran de forma catastrófica, la propia gravedad lunar actuará como un tirachinas gigante, devolviendo la cápsula a la Tierra sin necesidad de encender un solo motor.
Millones de litros de combustible
El cohete SLS es la máquina más potente de la historia de la agencia, pero su traslado a la plataforma de despegue es agónico. El viaje de apenas 6,5 kilómetros sobre el transportador de orugas dura 12 horas. Una vez posicionado, se le inyectan más de 2,6 millones de litros de hidrógeno y oxígeno líquidos a temperaturas bajo cero, un "ensayo general húmedo" tan delicado que la más mínima fuga retrasa toda la operación.
Un muro de fuego a 40.000 km/h
El examen final de la misión es el más violento. En su regreso, la cápsula chocará contra la atmósfera terrestre a unos 40.000 kilómetros por hora. El escudo térmico deberá soportar un infierno de 2.200 grados Celsius antes de poder abrir los paracaídas y ejecutar un amerizaje seguro en el Océano Pacífico, frente a las costas de San Diego.

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