La generación Möet Chandon del Real Madrid

Hace 4 horas 1

El Real Madrid tiene varios problemas y uno de ellos es su grandeza. Es tan increíblemente grande el Real Madrid y todo gira de tal modo a su alrededor que cualquier traspiés se vive como si fuera el último día de la humanidad. Y en el Real Madrid, insisto, reitero, se han vivido muchísimos traspiés. Muchísimos. De hecho, y visto todo desde los ojos de alguien muy exigente, la Copa de Europa se lleva disputando desde 1955, de modo que el Real Madrid ha sido el club de fútbol que menos veces ha fracasado. Pero el Real Madrid ha tenido a lo largo de su historia momentos mágicos, como por ejemplo el que acaba de vivir con 6 Copas de Europa en 12 años, y peores momentos. ¿Por qué? Pues por muchos motivos. Porque no se puede acertar siempre. Porque los demás también juegan. Porque el otro también se esfuerza. Porque no siempre se puede traer a los mejores futbolistas del mundo. Porque los futbolistas no son máquinas.

Hay un montón de factores que influyen en el buen o mal momento de un club de fútbol de élite, un montón. De no ser así el Real Madrid tendría 15 Copas de Europa, el Milan 17, el Bayern 21 y el Barça 13. Pero no, el Real Madrid tiene 15 Copas de Europa y el siguiente es el Milan con 7. El todopoderoso Barça, el Barça de la cantera, el Barça del estilo, el Barça por el que han pasado Maradona y, sobre todo, Leo Messi, el Barça de Yamal… ese Barça ha ganado 5 Copas de Europa. Y la última que ganó fue hace 11 años, en 2015. ¿No tienen exigencia en Barcelona? Claro que la tienen. Y, además, cuentan con el secreto del éxito del fútbol. Allí deciden cómo y cuándo se juega y a qué se puede hacer. Son los que más saben y, pese a todo, un club como el Real Madrid les aventaja en 10 Copas de Europa y la última que ha ganado fue en 2024. Hace año y medio que el Real Madrid ganó su última Copa de Europa y hace diez años y medio que la ganó el Barça y, sin embargo, parece que quien ha ganado 6 Copas de Europa en 11 años y la última en 2024 es el Barça y que el Real Madrid lleva sin olerla desde 2015. ¿Por qué? Porque son los indiscutibles reyes del relato. Del fútbol no, el rey del fútbol es el Real Madrid, pero en el Barça dominan el relato hasta tal punto que mi amigo Toni Freixa trata de convencer al espectador del Chiringuito que es lo mismo pagarle durante 17 años al vicepresidente arbitral que el hecho de que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid tumbe la concesión, hoy recurrida, de los parkings del Bernabéu. Pues no, no es lo mismo. A ver si al final quien va a demandar voy a ser yo pero por mentir. Lo triste es que en España, y no sólo en Barcelona sino en general, se compra ese relato.

Ahora mismo el Real Madrid está atravesando uno de esos momentos difíciles, complicados, delicados, que no es la primera vez que ha vivido. ¿Qué ocurre? Pues que los nuevos madridistas, la generación Möet Chandon, sólo ha vivido los días de vino y rosas, o sea que no ha sufrido y, por lo tanto, no tiene mecanismos de defensa contra un revés. En Barcelona se celebra cualquier cosa absurda y por cualquier victoria se hacen fotos, en el Real Madrid no. Para uno de los popes del periodismo deportivo, Alfredo Relaño, la victoria del Madrid por ejemplo en La Novena fue vergonzante. Y entonces nos encontramos ante la gran paradoja: si el Real Madrid lo hace todo siempre mal e incluso dan vergüenza sus éxitos en la Copa de Europa, ¿por qué no se mantiene ese nivel de crítica para el resto? Si el Real Madrid nunca acierta, ¿qué decir del Barça, que lleva más de una década fracasando en Europa? Si las Champions del Real Madrid son pasado, ¿qué adjetivo aplicarle a las Copas de Europa del Barça? Seguro que habrá alguien que diga, "¡hombre, es que el Real Madrid no es el Barça!". Por supuesto que no lo es y no lo es fundamentalmente porque el Real Madrid tiene 15 Copas de Europa mientras que el Barça sólo tiene 5 pero insisto: ¿Por qué da la sensación de que es al revés?

Del mismo modo que el éxito o el fracaso de un colectivo no suele tener nunca una sola explicación, el triunfo de ese relato sobre lo bien que lo hace siempre todo el Barça y lo mal que lo hace el Real Madrid, cuando el palmarés dice lo contrario, no se debe sólo a una causa sino a varias. Lo que, para mi sonrojo, se vivió en el Bernabéu con el público pitando a un jugador que acababa de marcar un golazo o a otro futbolista que se retiraba lesionado del campo, contribuye también al éxito del relato. Sólo alguien muy desinformado puede pensar que el Real Madrid va a ganar siempre y en todas las circunstancias, eso no es posible. En Barcelona lo han asumido, más que nada porque, de lo contrario, sería insoportable saber que el niño Jordi Sabaté que acaba de nacer en Barcelona y que será culé como su padre y como su abuelo, crecerá, se casará, tendrá hijos culés y se morirá yendo por detrás del Real Madrid. Algún subterfugio deben buscarse para no enloquecer como, por ejemplo, esa distinción entre transferencia y cheque a Negreira. Pero, ¿y el madridista? ¿Es capaz de admitir que habrá rachas mejores o peores? ¿No puede saborear la que ha sido, sin lugar a dudas, la mejor etapa de la historia del club?

Un seguidor del Real Madrid nacido en 1965 y que haya fallecido en 1997 se habrá ido de este mundo sin ver a su equipo ganar ni una sola Copa de Europa. Ni una. Los aficionados del Atleti presumen de que no los podemos entender. Pues bien, yo hoy no acierto a comprender qué llevó ayer a un madridista a pitar a Vinicius tras su golazo o a Bellingham cuando se marchó retirado del campo. Sí he de reconocer que cada vez hay más madridistas que se dan cuenta de que esto no es normal, no es habitual. Y si no es normal es porque la explicación tampoco debe serlo. Lo del Levante no fue una pitada sino un escrache y lo de ayer sonó a persecución orquestada. ¿Quién pone el piano, el tambor y la trompeta? Pues ahí está la explicación, en el director de la orquesta. ¿O es que todo el mundo tiene en el Bernabéu el complejo de Peter Pan y nadie quiere crecer? Madurad, por favor. Madurad.

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