El 9 de junio de 2022, día de la primera audiencia del comité encargado por el Congreso de investigar el asalto al Capitolio, uno de sus miembros, el demócrata Jamie Raskin, estaba allí con un ejemplar de El sentido común, del filósofo y gran polemista Thomas Paine. “Lo llevo conmigo a menudo, y vuelvo a él con frecuencia en estos días oscuros”, dijo Raskin, representante por Maryland, a EL PAÍS el pasado jueves.
Aquel libro —más bien un panfleto de 47 páginas— se publicó con gran éxito en enero de 1776. Su elocuente defensa de la independencia de la corona inglesa como única vía posible para las 13 colonias allanó el camino para lo que vendría aquel 4 de julio: el nacimiento de Estados Unidos, hito del que este sábado se cumplen 250 años.
El congresista, que ganó fama como el encargado de liderar el segundo impeachment (juicio político) contra Donald Trump, accedió a una entrevista para hablar, en el contexto de esa conmemoración, de Paine y de su influyente panfleto, hito literario y político de la historia de Estados Unidos. Y lo hizo más como el constitucionalista que es de profesión que como el referente demócrata en el que se ha convertido en la última década.
En 2022, Raskin, que juró su escaño al mismo tiempo que Trump llegó por primera vez a la Casa Blanca, presentó una ley para que se honrara a Paine con una estatua en el National Mall. El entonces presidente, Joe Biden, la firmó, aunque la iniciativa está parada por la Administración de Trump, presidente del que el congresista es uno de sus más notables críticos en el Capitolio.
En un mensaje en su red social, Truth, el presidente republicano dijo hace tres semanas que, de no haber sido indultado preventivamente por Biden, que hizo lo mismo con los otros ocho miembros del comité que investigó la insurrección del 6 de enero, ahora Raskin “estaría en la cárcel”.
Con esos precedentes, no es de extrañar que la conversación sobre unas palabras escritas en el siglo XVIII derivara en un análisis sobre el convulso presente de Washington.
Pregunta. Al final de ese 1776, Paine publicó otro panfleto, Estados Unidos en crisis, que incluye su cita tal vez más memorable: “Estos son los tiempos que ponen a prueba el espíritu humano”. ¿Son los nuestros también esos tiempos?
Respuesta. Uso esa cita casi siempre que hablo últimamente, porque hay mucha ansiedad y depresión en el país debido a las prácticas y políticas monárquicas de la Administración de Trump. Pero hay resistencia, y esa resistencia se está organizando para cambiar las cosas.
Primera página de la edición original de 'El sentido común', de Thomas Paine, publicada en Filadelfia en enero de 1776.Universal History Archive (Universal History Archive/Univer)P. ¿Cree que la Declaración de Independencia habría ido tan lejos de no ser por el panfleto de Paine?
R. Hasta los fundadores más radicales, como Benjamin Franklin y Thomas Jefferson, no habían contemplado que la Revolución Estadounidense traería un sistema de gobierno completamente diferente. Los había, como Alexander Hamilton, que hablaban de replicar la monarquía en Norteamérica. Y se apelaba al rey de Inglaterra para que respetara los derechos de los colonos. Fue Paine el que dijo que era el momento de destruir la monarquía, el feudalismo y una iglesia establecida.
P. Era un inmigrante recién llegado…
R. Escribió en El sentido común que Estados Unidos estaba llamado a convertirse en un asilo para la humanidad. No un manicomio, ojo, sino un lugar de refugio para personas que buscaban libertad de la represión política, religiosa e intelectual. Fue denostado por reyes y reinas, pero también fue atacado por muchos de los colonos y por muchos estadounidenses, tras la independencia, por sus opiniones sobre la iglesia. Hoy aún es vilipendiado en algunos sectores de Estados Unidos, especialmente desde la derecha. Nunca fue del agrado de conservadores y reaccionarios. Es un escándalo que la figura que más hizo por que prendiera la Revolución Estadounidense aún no tenga su estatua en el Mall o un reconocimiento en el Capitolio.
P. ¿Qué habrían pensado los padres fundadores de la política migratoria de Trump?
R. No la habrían entendido. Paine quería que Estados Unidos acogiera a todos los valedores de la libertad perseguidos en todo el mundo. Y dijo que la causa de Estados Unidos es la causa de la humanidad. Aquella generación supo ver que todos los que venían aquí eran inmigrantes. Desde la perspectiva de los nativos estadounidenses, todos somos inmigrantes ilegales.
P. ¿Está teniendo éxito Trump en su tarea de reescribir la historia de Estados Unidos?
R. Esta semana el Tribunal Supremo ha respaldado el derecho a adquirir la ciudadanía por nacimiento, que garantiza la primera frase de la Decimocuarta Enmienda, que dice que todo aquel que nace en Estados Unidos es ciudadano de Estados Unidos. El movimiento MAGA quiere redefinir la ciudadanía en torno a nociones desacreditadas de sangre y tierra. Por lo demás, es vergonzoso para nuestro país que una empresa con fines de lucro en la que el presidente está involucrado [Ultimate Fighting Championship] organice combates de artes marciales mixtas en el jardín de la Casa Blanca. Es una caricatura. Así que les pedimos a nuestros amigos de todo el mundo que tengan paciencia mientras superamos esta caída en el autoritarismo.
P. ¿Sobrevivirá el así llamado experimento estadounidense?
R. No me cabe duda. Cuando era niño, nos hablaban del excepcionalismo estadounidense. Lo excepcional de Estados Unidos no es que seamos inmunes al fascismo, al racismo, al antisemitismo ni a ninguna de las otras fuerzas tóxicas que azotan al mundo. Lo que hace excepcional a este país es que personas de todo el mundo han venido aquí y siempre han luchado por crear una unión más perfecta, una democracia fuerte e inclusiva.
P. Esa idea de “una unión más perfecta”, frase del preámbulo de la Constitución… ¿no implica que ya es en alguna medida perfecta?
R. Significa que estamos inmersos en una lucha histórica por convertirnos en una sociedad aún más fuerte. Así que supongo que “más perfecta” es una forma optimista de decir “menos opresiva y un poco mejor”.
P. ¿Qué sucede cuando uno es atacado por Trump en un mensaje de Truth?
R. Soy un recuerdo desagradable para él, por el segundo impeachment [tras el asalto al Capitolio]. En lo práctico, como casi todos los que reciben ataques del presidente, he tenido que aumentar mi seguridad.
P. Si, como indican las encuestas, los demócratas ganan en noviembre, ¿cuál sería su lista de prioridades?
R. Es una misión abrumadora y estamos en proceso de planificación, pero tenemos que desmantelar el autoritarismo, la corrupción sin precedentes y la destrucción del estado de derecho. Al mismo tiempo, urge lograr avances muy concretos en temas como la atención médica o reducir la inflación, disparada por la guerra ilegal de Trump en Irán y por sus aranceles, también ilegales, contra el mundo. Tenemos mucho trabajo por delante. Y no queremos hacer promesas extravagantes que no podamos cumplir.
P. ¿Quién ganará la batalla por el alma del Partido Demócrata? ¿Los socialistas del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, o los moderados?
R. Ese conflicto se ha exagerado. Cuando los jóvenes en Estados Unidos se autodenominan socialistas, se refieren a que buscan mayor igualdad y oportunidades para todos los ciudadanos. No creo que estén diciendo que creen en el materialismo dialéctico ni en la dictadura del proletariado. Se trata de una postura coherente con la de la mayoría de los demócratas.
P. Trump no duda en agitar el fantasma del comunismo…
R. Los únicos comunistas que quedan en la Tierra son sus ídolos, sus mejores amigos: Kim Jong-un y Vladímir Putin, que fue jefe de la KGB. Trump aboga por que el Gobierno estadounidense compre empresas. Y tiene un programa de control de los medios de comunicación y de violencia gubernamental contra su pueblo. Si alguien está plagado de alianzas y conexiones comunistas, ese es Donald Trump.

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