De Guillem Martínez Roura, nacido en Girona, llama la atención su juventud (27 años) para ser el responsable de IA y robótica en la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Esta agencia, que es el organismo de la ONU encargado de las tecnologías de la información, analiza el impacto de la inteligencia artificial y los robots. Martínez tuvo contacto con ellos por primera vez a los 14 años, cuando trasteaba con un grupo de amigos para construir máquinas programables que presentaban a competiciones internacionales.
Ahora habla de forma didáctica de cómo su organización trata de impulsar un acceso igualitario por parte de los países y de la población a los robots. Pero también de los límites de la robótica humanoide y de la velocidad a la que avanzan estas tecnologías. Compara la situación actual de la robótica con la que vivía la IA cinco años atrás. Hablamos con él en un receso durante el pasado Mobile World Congress, donde este año hubo un enorme trasiego de robots.
Pregunta: Cuando habla sobre robótica con personas que no son del sector tecnológico, ¿qué le trasmiten?
Respuesta: Hay mucho entusiasmo, pero a la vez inquietud. Y hay inquietud porque estamos pasando de ver prototipos impresionantes de robots autónomos a robots que ya están listos para implementarse en la vida real.
P: ¿Va todo muy rápido?
R: Estamos en un punto de inflexión en lo referente a la adopción de la robótica, pero de ninguna forma la adopción es universal y homogénea. Vivimos un momento en el que cada vez se incorporan más elementos de inteligencia artificial, como la visión artificial; lo que nos falta es profundizar en principios y valores para que la tecnología esté lista para desplegarse. Y esto está relacionado con la confianza del usuario en los robots.
P: ¿Cómo se logra?
R: Nosotros, en la UIT, desarrollamos estándares internacionales para poder evaluar el rendimiento de los robots, su usabilidad, todo lo relacionado con la seguridad física y, también, con la ciberseguridad. Porque muchas veces están conectados a Internet y pueden ser vulnerables a ataques.
P: ¿Qué consenso tienen estos estándares?
R: La UIT es la única agencia especializada de Naciones Unidas que tiene una membresía tripartita. Hay 194 Estados miembros, actores de la industria y la academia. En total, son más de mil miembros los que participan en el desarrollo de estos estándares internacionales. Aunque es cierto que no son vinculantes y, por tanto, son recomendaciones.
P: No paramos de ver robots humanoides espectaculares, ¿son realmente útiles?
R: Ahora hay un hype con la robótica humanoide. Pero lo importante es qué tipo de robot necesitas para resolver cada tarea. En entornos con mucha presencia de personas, los robots humanoides son fantásticos, pero en otros no tienen ningún sentido.
P: ¿En qué escenarios tiene sentido?
R: Pueden ser útiles para desarrollar tareas domésticas porque el entorno ya está altamente humanizado, así que se puede emplear bien aquí. Pero en las fábricas también hemos visto distintos tipos de robots humanoides, que se encargan de coger paquetes, colocarlos y distribuirlos.
P: ¿Y cuándo llegarán a los hogares?
R: Ya hay empresas que han empezado a ofrecerlos para tareas domésticas. Pero tienen un porcentaje de autonomía muy reducido y sirven para hacer tareas muy concretas. Lo que falta ahora son muchos datos. Las empresas necesitan implementarlos en distintas casas y en distintos entornos para empezar a obtener esos datos.
P: Los robots son una tecnología cara, ¿podrían agravar las diferencias entre personas ricas y pobres?
R: Bueno, tenemos que plantearnos qué tipo de sociedad queremos crear para el futuro. No queremos una sociedad en que solo unos pocos tengan acceso a estas tecnologías. Nosotros, desde la UIT, tenemos una visión de una sociedad donde todas las personas, incluidas las más vulnerables, puedan participar en esto. Evidentemente, la brecha digital puede incrementarse con la revolución de la inteligencia artificial y la robótica. No debemos replicar los mismos errores del pasado, que, por ejemplo, nos han llevado a tener 2.600 millones de personas sin conexión a Internet en todo el mundo. Si el acceso a la infraestructura, la conectividad, el talento y los datos sigue concentrado, la brecha aumentará.
P: ¿Cómo se puede prevenir?
R: Hay que evitar que haya una concentración de estas capacidades en unos ciertos países y propiciar que haya muchos que participen. Esto es muy delicado porque cada país conoce cuáles son los retos a los que se enfrenta como sociedad y cuáles son las soluciones que necesita. En muchos no existe todavía [la implantación de la robótica], pero no puedes ir e imponer un tipo de tecnología, hay que colaborar con las personas de los distintos países, de las distintas empresas. Y este es un contexto que queremos facilitar desde la UIT.
P: ¿Cómo debe ser un robot?
R: Si queremos que la robótica contribuya al bienestar de las personas, debemos salvaguardar todos los elementos de privacidad, ciberseguridad, conectividad, latencia, validación y confianza, que es lo que necesitas para que la gente adquiera estos robots.
P: Si no, ¿nadie los comprará?
R: Claro, ¿tú comprarías ahora un robot para ponerlo en casa de una persona mayor, para tu madre o para tu abuela? Pero hace años tampoco hubieras querido un robot cortacésped para el jardín. Y ahora mismo hay muchos usuarios que hacen uso de un robot así. Al final se trata de encontrar tareas concretas, ahí están teniendo una progresión muy rápida.
P: ¿No son multitarea, de momento?
R: Cuando queremos que lo hagan todo es cuando se complican las cosas. Sobre todo si hablamos de una forma humana, que implica una movilidad concreta, tanto de cuerpo superior como de cuerpo inferior, la manipulación de objetos o la interacción con personas. Son muchos elementos para el robot y tiene que aprender al mismo tiempo que desarrolla todas las tareas.

Hace 13 horas
1






English (US) ·