¿Cómo debe afrontar la arquitectura los grandes retos de las ciudades en un planeta en transición? Esta cuestión ha centrado esta semana los debates de más de 10.000 arquitectos y arquitectas reunidos en Barcelona para celebrar el Congreso Mundial de Arquitectos.
Barcelona tiene una relación muy especial con la arquitectura. A los barceloneses y las barcelonesas nos encanta discutir (en ocasiones, hasta la extenuación) sobre las cualidades y los diseños de los edificios y del espacio público. No es de extrañar, pues, que esta sea la única ciudad del mundo que ha acogido el congreso mundial en dos ocasiones.
La primera fue en 1996. Hace treinta años, Barcelona demostró que una ciudad puede transformarse a través de la arquitectura. Hoy queremos demostrar que la arquitectura puede transformar el futuro del planeta.
Las reflexiones de este congreso interpelan a todas las ciudades del mundo y deberían interpelar a todas las ciudades de España, por supuesto: cómo hacer ciudades más habitables; cómo afrontar la emergencia climática; cómo garantizar el acceso a la vivienda, cómo incorporar la innovación sin perder cohesión social; cómo poner la belleza, la sostenibilidad y la justicia urbana al servicio de las personas.
Estas cuestiones forman ya parte de la agenda de Barcelona. Porque Barcelona no quiere ser solo el escenario en el que se debaten los retos urbanos del siglo XXI; quiere ser un laboratorio en el que estos retos se ponen a prueba, un laboratorio de las ciudades del futuro. Y lo puede ser porque no es una ciudad terminada y completa.
Por el contrario, es una ciudad que experimenta, aprende y comparte soluciones. Una ciudad que sabe que el futuro de las grandes metrópolis se escribe desde el espacio público, desde los barrios y desde el compromiso compartido entre instituciones, profesionales y ciudadanía.
Hoy, algunos de los edificios residenciales más innovadores de Barcelona —en arquitectura, eficiencia climática y propósito social— se están desarrollando bajo promoción pública.
Barcelona es una ciudad que sigue creciendo, que mira el futuro con ambición, y que está desarrollando una gran transformación urbana en el horizonte del año 2035: la Sagrera, el nuevo Montjuïc, el crecimiento del 22@...
Pero quiere seguir creciendo bien, no a cualquier precio. Quiere crecer con vivienda asequible, con transporte eficiente y sostenible, con políticas innovadoras y con legitimidad democrática.
Acogiendo este congreso, y ejerciendo durante todo el año 2026 como Capital Mundial de la Arquitectura, Barcelona ha renovado su firme compromiso con esta disciplina. Esta es una ciudad que se toma en serio la arquitectura y la ha convertido en una política pública central, haciendo de Barcelona un modelo en el mundo.
Hemos hecho de la arquitectura y el urbanismo herramientas de transformación al servicio de las personas, con planeamientos y construcciones de calidad, para que los ciudadanos estén orgullosos de su ciudad y su barrio. Porque creemos que la buena arquitectura no es un privilegio; es un compromiso público.
La arquitectura tiene una gran responsabilidad para garantizar el derecho a una ciudad habitable, asequible y sostenible. Porque la arquitectura es una herramienta no solo para construir ciudad, sino para hacerla habitable; no solo transforma edificios, sino que transforma las oportunidades de las personas. Barcelona es una ciudad con propósito que promueve una arquitectura con propósito, como la que se ha debatido esta semana en el congreso.
Una arquitectura que dé respuesta a las necesidades de las personas, combinando belleza con justicia, sostenibilidad con oportunidad y diseño audaz con la vida cotidiana.
Nuestro mundo está cambiando, y las ciudades debemos dar respuestas a esos cambios. Tenemos responsabilidades con el futuro de nuestro mundo y de nuestro planeta. Y debemos elegir un camino u otro.
Desde Barcelona queremos tomar el camino correcto: el camino de la esperanza y el compromiso. Para construir mejores edificios y mejores ciudades, y para construir un futuro mejor para todos.

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