Algo hay de justicia poética en que el decreto para sacar a los inmigrantes de la economía informal haya coincidido con el decreto ley que actualiza las pensiones al comenzar el año. Tiene algo de moral consoladora, cuanto que el último argumento empleado suela ser el sostenimiento de nuestros longevos mayores, tanto como de ficción irónica: el inmigrante también se jubila.
La ilusión se amplía a que el poco realista control de las fronteras, que mueve a su vez el voto al nacionalismo populista, borra las líneas entre quién es ciudadano de un Estado y quién no. La inmigración importa fecundidad, si bien hacia un mercado de trabajo de productividad escasa como el nuestro. Mutación social se llama a que un cuarto de nuestra población haya nacido en el extranjero, mientras otro 25% de mujeres, que cumplen años a la par que la democracia, no hayan sido madres por dificultades laborales y de conciliación.
El gobernante ha interrumpido la tregua parlamentaria de enero con normas ‘fast-track’
El Congreso dispuso apenas de noventa minutos antes de pasar a votar la naturalización más numerosa hasta la fecha. Las 700.000 firmas nacionales en amparo de los simpapeles fueron remitidas a los diputados de la Carrera de San Jerónimo, no ante un Consejo de Ministros que legalizará a tientas: alrededor de unos 700.000, según el padrón, más el triple de beneficiarios que se presumen de la medida, dado que genera igual derecho de residencia y servicios sociales a sus familiares directos. Pero el regulador español no acostumbra a informar de las cuentas que aprueba, y menos a presentar balances de sus efectos a medio plazo.
Enero era un mes de tregua parlamentaria, una tradición constitucional favorable a que los gobiernos planearan su actividad legisladora, mientras los diputados podían atender los asuntos de sus electores, sin tener que viajar a Madrid. Pero el gobernante, que se quiere el más amigo del pueblo, interrumpe la tregua de buena gana con estas normas fast-track .
Se quiso tener otro gesto con los insolventes al borde del desahucio, que tampoco parece saber que la indemnización correspondiente al casero tarda años de tramitación administrativa, o sea, una expropiación temporal forzosa. Mejor suerte parlamentaria tuvo la bonificación al billete de los viajeros, prácticamente gratuito en las cercanías metropolitanas, aprobada a la primera, justo cuando la tragedia del AVE descubre la pobre dotación de capital en las invisibles infraestructuras.
La efigie romana del primer mes del año lucía dos caras: una hacia el reciente pasado por otra al porvenir; la nuestra se conformaría con una sola faz que representase a un dios miope.

Hace 6 horas
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