Así son a veces las cosas, aunque en el caso de Alejandro Davidovich, el malagueño parece vivir encerrado en un bucle del que no logra escapar. Bendito bucle, dirán algunos, y no sin razón; luce entre los 30 mejores del circuito y viene de conquistar un trofeo, en Mallorca. Sin embargo, pasa el tiempo y se esfuman las oportunidades para un tenista que vive a lomos de una indeseada montaña rusa y al que por una razón u otra, por una concatenación de fatalidades, le persigue ya una fama (seguramente injusta) de fallón. Duele otra vez la enésima negación, un nuevo castigo. Sucede esta vez ante Felix Auger-Aliassime y en los octavos de Wimbledon: 6-7(4), 7-6(6), 6-3, 6-7(2) y 6-1, tras 4h 26m.
El malagueño se marcha cabreado, tal vez dándole vueltas todavía a esas tres bolas de set de las que ha dispuesto en el segundo set, cuando ya iba uno por encima. En este tramo crítico, el canadiense, cuarto del mundo, ha enviado tres servicios perfectos que le han privado del premio y de una renta que, con bastante probabilidad, hubiera sido decisiva de cara a la resolución del encuentro. A partir de ahí, la tarde va ensombreciéndose; no el juego, sostenido y lo suficientemente bueno como para sembrar de dudas la mente de Auger-Aliassime, pero sí las sensaciones. En el desempate de la manga, la corriente indetectable que hasta entonces soplaba a su favor se vuelve en su contra.
Primero se duele del talón izquierdo, después falla una derecha que no revestía la más mínima complicación y, en última instancia, lanza demasiado larga la bola. “¿Viene o no?”, le pregunta a la jueza, nervioso ya porque el rival está dilatando la visita al vestuario entre set y set. “Hay que estar preparado, fuerte de cabeza. Estás jugando mejor que él, ¿eh? Así que a seguir…”, le animan desde su banquillo. La indisposición de un aficionado interrumpe después la acción durante un cuarto de hora, y mientras él sigue sin aprovechar las bolas de rotura —el norteamericano le negará seis de siete—, el otro atina. ¡Pam!
Davidovich y Auger-Aliassime, tras el partido.TOLGA AKMEN (EFE)A pesar de todo, Davidovich consigue que el partido se traduzca en una cuestión al cincuenta por ciento, exhibiendo el tono serio de las citas preparatorias y sin volver la cara ante la adversidad. Hay un par de quejas —“¡no puedo hacer nada!”—, pero no se descuelga. Sigue ahí. Hay avances. Se rebela e iguala merced a una doble falta del rival, por fin el ansiado break, pero a continuación, dolorido todavía del pie, sufre un pinchazo que definitivamente le apartará del torneo. Quizá no se lo ha creído del todo. A Auger-Aliassime también le visitan los tradicionales temblores, pero al séptimo intento, con un nudo en la garganta y 27 aces, lo consigue.
Nole, insatisfecho
Al parecer, al canadiense no le ha terminado de gustar que el español haya detenido el juego en la recta final del cuarto parcial —cuando ha cometido la doble falta—, así que hay tensión en el saludo. En cualquier caso, será él quien se enfrente a Novak Djokovic en los cuartos de final, en los que el serbio aterrizará sin rasguños reseñables. Lo decía el otro día y así lo parece: está mejor. “Más fresco”. De modo que poco puede hacer Roman Safiullin, quien antes de saltar a la pista se expresaba abrumado conforme avanzaba por las estancias del club que guían hacia la central: “Tu nombre está por todas partes…”. Honores y más honores para el balcánico, que desde ya presume de otra marca.
El 7-6(6), 6-3, 3-6 y 6-3 (en 3h 26m) le concede su triunfo 106 en Wimbledon, por lo que ya ha dejado atrás a Roger Federer, al que había alcanzado dos días antes. Pero seguramente ahí resida el secreto. Ese inconformismo sin fin. Tiene 39 años, todavía deleita con esas maniobras y progresa, pero señala: “Eso [el haber superado al suizo] no es una prioridad para mí. Siendo honestos, hoy no me he sentido muy bien en la pista; contento por haber ganado, pero no lo he disfrutado. No fue una cuestión física, sino de juego, así que confío en que el próximo día pueda hacerlo mejor. Pero una victoria es una victoria”.
Sabalenka se lamenta durante el partido contra Osaka.ADAM VAUGHAN (EFE)Bien lo sabe Naomi Osaka, esta Osaka que se propuso en su momento volver, que insinúa y a la que todavía le falta por lo menos un estirón más, pero que va dando pasos en firme que se reflejan contra la número uno, Aryna Sabalenka. No está a gusto consigo misma la bielorrusa últimamente, sin brillo en la gira de tierra batida y vencida en la final de enero en Melbourne, y se va de Londres con muy mal sabor de boca. No es nuevo. Ella y la hierba, un asunto por resolver. Pide el registro más muñeca.
“No puedo estar satisfecha con nada”, responde a los periodistas. “No jugué a mi mejor nivel y ella, probablemente sí. A veces pasa. Ella jugaba con libertad, y yo no”, agrega, mientras la ganadora, de 28 años y 14ª del mundo, resume que la clave ha estado en mirarse en el espejo, en vez de perseguir la pelota por toda la pista: “Las dos golpeamos muy duro, pero yo he preferido centrarme en mis puntos fuertes. He intentado sacar bien [solo ha cedido cinco puntos con los primeros] y lleva la iniciativa”. Se medirá con la checa Karolina Muchova, mientras Sabalenka mira con preocupación al ranking. Aunque Elena Rybakina también ha sido eliminada, la amenaza es mayor: la kazaja queda a solo 407 puntos del trono.

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