Colin Farrell: “Debemos aprovechar el tiempo que sabemos que tenemos”

Hace 1 día 4

Ya han pasado más de 25 años desde que Joel Schumacher lo llevó a Hollywood desde su Irlanda natal, para que poco después Steven Spielberg lo pusiera a trabajar con Tom Cruise en Minority Report . Ya un habitante más de Los Ángeles, en donde vive cerca del majestuoso Griffith Park, Colin Farrell nunca ha perdido una actitud de hombre común que le diferencia de muchas grandes figuras. Por eso no sorprende que a la hora de promocionar la segunda temporada de Sugar , la serie de Apple + en la que es protagonista y productor ejecutivo, pidió que la rueda de prensa fuese en persona, y en el mismo hotel Four Seasons en el que solía conceder entrevistas antes de la pandemia. Tampoco fue inusual que dejara a un lado las estrategias de venta para abrir su corazón cada vez que se le preguntaba sobre sus dudas existenciales y lo que viene tras cumplir los 50.

¿Por qué Los Ángeles es el sitio ideal para filmar Sugar ?

Porque es aquí donde vivo, y filmar en Los Ángeles me permite dormir cada noche en mi propia cama. Estar con mi familia y ver a mis amigos. Pero además hay un vínculo romántico entre el personaje con el mundo del cine, particularmente a través de la mirada del film noir , que refleja a Estados Unidos en la mitad del siglo XX. Tenía mucho sentido hacerlo así. En la primera temporada exploramos los barrios más adinerados de la ciudad, como Bel Air y Brentwood, y también el sistema de los grandes estudios. Obviamente este año tomamos una dirección diferente. Pero siempre tuvo mucha lógica rodar aquí. Si seguimos dos o tres años más, se filmará también en esta ciudad.

IColin Farrell en el estreno de la segunda temporada de ‘Sugar’ en Los Ángeles el 17 de junio

IColin Farrell en el estreno de la segunda temporada de ‘Sugar’ en Los Ángeles el 17 de junioVALERIE MACON / AFP

Su personaje, Sugar, tiene la capacidad de aprender cosas muy rápidamente. ¿Qué es lo que le gustaría aprender si tuviera ese talento?

A perderle el miedo a volar. Envidio sanamente a los que no tienen que pasar por eso. Para subirme a un avión simplemente pongo un pie delante de otro y me dejo llevar. Suelo ponerme muy nervioso cada vez que hay turbulencia, especialmente si estamos volando sobre el agua. A veces pierdo la cabeza, y eso suele pasarme cada vez que estoy en esa situación. Lo he probado todo, créeme, y nada parece funcionar.

Alcoholismo

Estoy muy agradecido de llevar sobrio 20 años; no tengo ni idea de por qué pude lograrlo”

Acaba de cumplir 50 años. ¿Cómo se lo ha tomado?

Más o menos. Uno puede hacer mucha terapia como la que he hecho yo a lo largo de mi vida y declarar que es alérgico a la autoevaluación. Pero eso sería verdaderamente hipócrita. Debo admitir que me pasé toda la semana previa reflexionando sobre lo que significaba llegar a esa edad. Vamos, tuvo un impacto. Es un número importante en la sociedad en la que vivimos. Estamos programados para hacer esa reflexión, y no necesariamente en torno a lo que ha sido mi carrera. Más bien en cuanto a lo obvio, como el sitio de dónde vengo y en dónde estoy hoy, los amigos y la familia, las pérdidas y ese tipo de cosas. Tu mortalidad adquiere otra relevancia y es indiscutible, porque es una gran certeza que todos compartimos. Durante mucho tiempo la negamos, porque cuando somos jóvenes o adolescentes no pensamos en ella y de pronto te das cuenta que siempre va a estar allí. Ninguno de nosotros sabe con certeza si se va a despertar a la mañana siguiente, por lo que tengo claro es que debemos aprovechar el tiempo que sabemos que tenemos. Sólo cuando alguien se muere dices que no tuvo el tiempo que necesitaba para hacer lo que hubiese querido. Cuando el camino que te queda por recorrer es más corto que el que ya has transitado, se convierte en algo muy real y cuánto tiempo te queda se vuelve un verdadero enigma.

Si revisa el camino transitado, ¿siente que ha cumplido con las expectativas que tenía?

En cierto modo sí, aunque debo admitir que la percepción se modifica cuando algo se cumple. Algo que vibra con el deseo que quieres o ambicionas, y que se mueve en cierta dirección, cuando finalmente te llega, si es que has tenido la suerte de lograrlo, se termina convirtiendo en una experiencia diferente. Aquello que soñé no es como yo pensaba que iba a ser, y el lugar que alcancé no tiene las respuestas que yo esperaba encontrar. En definitiva, terminas teniendo una percepción distinta a la esperada, y luego piensas que la respuesta que buscas la vas a encontrar en otro sitio, y cuando llegas allí, te vuelve a pasar lo mismo. Si tienes suerte llega un momento en que te das cuenta que no existen esas respuestas, al menos no son concretas. Son solo experiencias, contigo mismo y con los demás. Eso es lo que nos queda al final del día. Esas experiencias se van acumulando a lo largo de los años. Las llamamos memorias, hasta que nos llega la desgracia de que nos las roben cuando estamos al final de nuestra vida. Cuando llega ese momento es la gente que amamos la que nos recuerda esos eventos mostrándonos fotos y contándonos historias que algunas vez narramos desde nuestra propia perspectiva, pero ya no lo podemos hacer. La vida puede ser tan hermosa como demoledora cuando pasan esas cosas. Por eso si me preguntas si he logrado algo, si he llegado adonde quería llegar o concretado mi gran ambición, tengo que decir que sí. Me dí cuenta de ello por la gente que me rodeaba. Tenía a mi hijo Henry a mi izquierda, a Brendan (Gleeson), Martin (McDonagh), Kerry (Condon) y Barry (Keoghan), a quien adoro. Fue maravilloso estar en los Oscars como parte de un equipo que competía por la Mejor película, y escuchar que mencionaban mi nombre. A decir verdad no me interesaba ganar. Sabía que eso no iba a ocurrir. Estaba muy emocionado, conectándome con el niño que fui y que alguna vez soñó con algo así. Fue algo verdaderamente emocionante. Lo curioso es que me había olvidado de todo para el almuerzo del día siguiente. Ahora me puedo acordar de ese momento, pero a la 1 de la tarde del lunes ya no estaba pensando en eso.

¿De qué otra cosa está orgulloso?

De llevar sobrio 20 años. Vamos, a decir verdad no estoy orgulloso, estoy agradecido. No tengo ni idea de por qué pude lograrlo, aún cuando trabajé muy duro en el primer año de mi sobriedad, porque conozco gente que ha luchado más duro, que ha ido cuatro veces por semana a Alcohólicos Anónimos y ha tenido 10 horas de terapia a la semana, ha ido a 17 rehabilitaciones, y que no pudo pasar de estar un mes sin beber. Por eso me pregunto por qué yo sí. ¿Debería estar orgulloso de que lo he podido hacer? No puedo. No sé por qué ellos no lo lograron. Pero yo estoy muy agradecido. He pasado 25 años maravillosos desde entonces, en los que he podido conocer a mucha gente y he recorrido el mundo.

¿A qué atribuye que haya podido conservar la empatía instantánea que suelen tener los niños?

Al trauma y la soledad de mi niñez, porque son elementos muy fértiles para la sensibilidad. En aquel entonces me preguntaba quién era y si yo tenía algún valor. Y eso me obligaba a mirar lo que me rodeaba, que en ese entonces eran los integrantes de mi familia, mis hermanos y mis padres. Uno ve cómo se comunican entre ellos. Observas todo. A esa edad eres una esponja. Tal vez nunca crecí o no entendí el concepto de lo que significa crecer. Pero a mi me resulta muy obvio que si tomo al mundo que me rodea como referencia, me va a importar lo que veo. Sé que no es así para todo el mundo y lo siento por los que no se comportan así. Es algo que sigo haciendo hoy. Cuando tenía 17 años, con mi carnet de conducir provisional, solía conducir el Volkswagen Golf de mi madre hasta el aeropuerto a las dos de la mañana, cuando todavía se podía fumar en la terminal de llegadas. Me sentaba allí a ver cómo se saludaba la gente. Algunos salían con el miedo en el rostro y recién se relajaban cuando veían una cara conocida. Otros salían con sus bolsos sabiendo que nadie les esperaba. Era algo verdaderamente interesante, ver cómo los seres humanos debían lidiar con la incertidumbre. Yo he tenido mis propias luchas en mi vida, por suerte nunca con el hambre, y todavía no me ha tocado lidiar con la enfermedad. Mis dilemas han sido más bien existenciales, pero pueden llegar a ser tan perturbardores como los demás.

Leer el artículo completo