Aragón, entre el desarrollo y la despoblación

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De norte a sur, de este a oeste, quien sale de Zaragoza apenas tarda unos minutos en toparse con uno de los parques de aerogeneradores o de placas solares que modelan su paisaje. Como decía el expresidente Javier Lambán, lo que durante siglos fueron “maldiciones bíblicas” –cierzo, bochorno y sol– se han convertido en “bendiciones impagables” con las que Aragón se ha erigido, no sin controversia en el territorio, en una potencia en energías renovables. Un recurso capital para alimentar nuevos proyectos industriales o tecnológicos, que en los últimos años proliferan como setas en el entorno de la capital aragonesa.

“Para el pueblo ha sido una gran noticia”, reconoce el regidor de La Muela, Adrián Tello, donde Microsoft va a levantar uno de sus tres centros en la provincia, a 2.200 millones de euros cada uno. En 1987, esta localidad del entorno metropolitano inauguró el primer parque eólico de la comunidad, 12 molinos que se multiplicaron hasta superar los 350. Fueron años de desarrollo desenfrenado y burbuja inmobiliaria, cuyo estallido dejó al aire decenas de cadáveres de hormigón y una gigantesca trama de corrupción. Pero tras años de capa caída, la localidad ha remontado el vuelo empujada por las renovables, el efecto tractor de la capital y un polígono capaz de atraer a grandes empresas. “Queremos seguir creciendo, pero con criterio”, subraya Tello.

Zaragoza y su entorno suman 800.000 habitantes mientras que 209 municipios no llegan a 100

Como La Muela, la economía aragonesa muestra signos de dinamismo. Su PIB crece parejo al de España –2,7% frente al 2,9% nacional en el 2025, según Caixabank–, con un paro del 7,7%, dos puntos menos que la media española, y una renta per cápita que la sitúa entre las comunidades de cabeza (36.446 euros en el 2024). Sectores como la logística, la industria o el porcino marchan a buen ritmo, a los que se suman anuncios de inversiones multimillonarias en la gigafactoría de Stellantis o en centros de datos: hasta 60.000 millones de euros para convertir a Aragón en un referente tecnológico del sur de Europa pese a las dudas que generan su uso intensivo de energía y agua o los escasos empleos que, tras su construcción, necesitan.

Además, a diferencia de otras comunidades con perfiles similares como las dos Castillas o Extremadura, Aragón gana población: unos 150.000 nuevos habitantes en los últimos 25 años para un censo de 1,36 millones de personas (un 3% del total nacional). Es un reparto desigual, con la mayoría congregados en Zaragoza capital y sus alrededores –más de 800.000 habitantes en conjunto–, mientras que algunas cabeceras de comarca crecen de forma moderada y el entorno rural se desangra a marchas forzadas. De 731 municipios, 627 no alcanzan los mil vecinos (hay 209 con menos de cien), sin apenas población infantil y muy envejecidos. “Estamos haciendo desaparecer una comunidad para construir una ciudad”, critica Tomás Guitarte, líder del movimiento Teruel Existe.

Según el CIS publicado este mes, la despoblación es la tercera preocupación de los aragoneses, citados con las urnas el próximo 8 de febrero. En cuarto lugar aparece la inmigración (14,2% en Aragón), que ha ganado peso tras el anuncio de la regularización extraordinaria pactada entre el Gobierno y Podemos para más de medio millón de personas (unas 16.000 en la comunidad). “Si no fuera por los extranjeros, la población en los pueblos estaría en caída libre”, asegura Jorge Bielsa, profesor de Análisis Económico de la Universidad de Zaragoza.

La llegada de foráneos tapona la sangría, pero no es suficiente. Los implicados reclaman mejores comunicaciones y servicios públicos, más vivienda, ayudas al funcionamiento empresarial y, como defiende Bielsa, revertir en el territorio los beneficios que dejan sectores como el de las renovables para fomentar la instalación de industrias capaces de retener o atraer capital humano. “Se necesita un motor de desarrollo económico para revivir al enfermo, no solo cuidados paliativos”, diagnostica el académico a modo de resumen.

Ismael Arana

Corresponsal en Aragón desde enero de 2023. Antes, periodista en la región Asia-Pacífico con base en Hong Kong (2014-2022) Licenciado en Periodismo y en Derecho

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