La encuesta que hoy publica La Vanguardia otorga a Vox un 18,5% de los votos y una proyección en escaños de 64. Supera así el récord obtenido en su día por Ciudadanos. Debido al efecto que el sistema electoral español tiene en bastantes provincias poco pobladas, existe una barrera no escrita que, al traspasarla, lleva a un partido a jugar ya en la liga de los grandes. Ocurrió con Ciudadanos, por ejemplo. La formación de Albert Rivera logró 32 escaños en 2016 con un 13% de los votos (3,1 millones de papeletas). Tres años después, Ciudadanos daba su gran salto y, al llegar al 15,8% de votos (4,1 millones) alcanzó los 57 diputados en el Congreso. Los dirigentes de ese partido empezaron a hacer cábalas sobre sus próximos cargos en el Gobierno...
No era para menos. Ciudadanos parecía engullir al PP que, con Pablo Casado al frente, se quedó en 66 escaños (16% de los votos). No es la misma situación que ahora, ya que según la encuesta los populares obtendrían 132 diputados, pero está claro que el auge de Vox está frenando a Alberto Núñez Feijóo. Esa constatación explica que el PP esté llegando a acuerdos con Vox en todas las comunidades donde ha habido elecciones intentando hacer poco ruido con el objetivo de normalizar una alianza que ya se perfila de forma nítida como la única posible para arrebatarle a Pedro Sánchez la presidencia.
Feijóo abogaba hace un año por gobernar en solitario, pero esa posibilidad se ha desvanecido
Hace justo un año, en el congreso del PP, Feijóo abogaba por olvidarse de “cordones arbitrarios”, es decir, daba vía libre a pactar con Vox, pero anunciaba que él se proponía gobernar en solitario para evitar “incoherencias” y disputas internas. Abogaba por gobernar mediante acuerdos parlamentarios con diferentes fuerzas. Para que eso fuerza posible, el PP tendría que conseguir unos 150 diputados. En ese caso, podría buscar el apoyo de partidos minoritarios de ámbito regional y forzar a Vox a darle la abstención sin necesidad de contrapartidas programáticas de partida. Esa esperanza se ha desvanecido.
Por eso era necesario para el PP que los pactos en las autonomías fluyeran sin contratiempos, incluida Andalucía, a costa de sacrificar la fórmula moderada de Juanma Moreno Bonilla, manifiestamente incómodo en la firma del acuerdo con Vox. Aunque en este caso sólo eran necesarios dos votos para la mayoría absoluta, las condiciones han sido iguales o superiores a las del resto de autonomías en las que los populares han precisado del apoyo de la extrema derecha. Vox ha puesto su sello, ha marcado el paso con el eslogan de la “prioridad nacional” y está sacando rédito.

Al PP le está costando hacerse a la idea de que no habrá moción de censura con Junts
Santiago Abascal intentará truncar también la estrategia del camuflaje que practica Isabel Díaz Ayuso y doblegar su mayoría absoluta en mayo próximo. Puede ser que antes haya elecciones generales, aunque no es descartable ninguna otra opción del calendario porque lo único claro -y la encuesta de La Vanguardia lo corrobora- es que, para Sánchez, convocar elecciones ahora es entregar el Gobierno a la oposición. Para el PP, una vez asumido que no hay más ecuación que la de sumar con Vox, la cuestión es evitar que la distancia entre ambos se acorte. Pero esta situación lleva al PP a incurrir en algunas contradicciones.
Para impedir que Vox siga mordiendo a su partido, a Feijóo le convendría que las elecciones se celebraran cuanto antes. Los populares creen que, si arrecia la presión judicial, al presidente no le quedará más remedio que convocarlas. Y puede ser cierto, pero de esa forma también se crea un clima político cada vez más asfixiante que está alimentando las posiciones más radicales, es decir, a Vox. Al mismo tiempo, los populares amplifican los asuntos que Abascal pone sobre la mesa queriendo evitar la fuga hacia esa formación, como ha ocurrido esta semana con las dudas sobre el voto exterior. Por si fuera poco, algunos mensajes desorientan al electorado del PP, como los dirigidos a Junts.
No es de extrañar que José María Aznar haya advertido a su partido que la vía ahora mismo no es acercarse al partido de Carles Puigdemont, más allá de coincidir en votaciones de carácter económico en el Congreso. Si Feijóo está vendiendo una nueva etapa, hacerlo con los socios de Sánchez, cuyas alianzas él mismo ha denostado, resulta del todo incomprensible y beneficia también a Vox. El acercamiento a Junts servía al PP en el escenario de los 150 escaños, pero no con la fotografía que arroja la encuesta.
En realidad, Aznar ha salido al rescate para rebajar las interpretaciones sobre unas declaraciones de Feijóo y de Miguel Tellado en el sentido de pasar página de la crisis independentista del 2017, que se leyeron como un guiño a Junts. De la misma forma que el PP ha tardado en asumir que no hay posibilidad de un gobierno en solitario, le cuesta asimilar que la moción de censura es poco menos que imposible. Junts lo pagaría demasiado caro en Catalunya.
Lo que sí es cierto es que, hoy por hoy, apelar al voto contra el independentismo tiene menos rédito. El PP asume que la situación ha cambiado mucho desde 2017 y que ha sido en buena parte gracias a los indultos y a la ley de amnistía. El discurso sobre la independencia de Catalunya ya no es rentable ni para los propios independentistas, así que tampoco para los contrarios. Lo demuestra Aliança Catalana, que apenas se refiere a esa cuestión. Otra cosa será lo que ocurra en el futuro si finalmente gobiernan el PP y Vox.
En definitiva, Feijóo ya es consciente de que su futuro pasa por la alianza con la extrema derecha, igual que Sánchez vio en su momento que su oportunidad pasaba por una alianza estratégica de la izquierda con nacionalistas e independentistas.

Licenciada en Periodismo y Políticas. Directora adjunta de La Vanguardia. Autora de la newsletter 'Política', que se publica cada jueves, y de los libros 'El naufragio' y 'El muro', sobre el conflicto catalán

Hace 11 horas
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