
Encarcelado el expresidente venezolano Nicolás Maduro en Nueva York, la ahora rebautizada doctrina Donroe de Donald Trump para controlar el Hemisferio Occidental tiene otro punto de referencia en el mapa: Cuba.
Todo apunta que la Casa Blanca, copiando el modelo de Venezuela, está moviendo sus hilos en busca de personas influyentes en La Habana que puedan cerrar un acuerdo para poner fin al régimen comunista, acabar con casi siete décadas de castrismo.
Trump explicó este fin de semana su creencia de que Estados Unidos “trabajará un acuerdo sobre Cuba”. Hizo esta afirmación después de que el pasado jueves su administración anunciara que impondrá aranceles punitivos a los países que suministren combustible a Cuba, territorio en ruina en el que observa, sin embargo, “una inusual y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional de EE.UU”.
La intimidación de los gravámenes está dirigida directamente a México, que se convirtió en el principal proveedor de la mayor de las Antillas tras la caída de Maduro, el pasado 3 de enero, su principal proveedor hasta entonces.
En esta línea, el líder estadounidense denunció este domingo que Cuba interfiere en el trabajo que realiza su alto representante diplomático en la capital, después de afirmar que pequeños grupos de cubanos lo abuchearon durante una reunión con residentes y representantes de la iglesia a las afuera de La Habana.
Washington anunció la semana pasada que impondrá aranceles a los países que suministren petróleo a La Habana
Como resultado de esa operación desarrollada en Caracas a principios del pasado enero, Cuba está sumida en su peor crisis económica desde la caída de la Unión Soviética. Analistas que rastrean buques petroleros señalan que le quedan menos de tres semanas de combustible. Sin él, el transporte, la agricultura y otros servicios básicos podrían paralizarse. Los apagones habituales, causados por las continuas averías en las centrales eléctricas, no han hecho más que empeorar.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel calificó de “chantaje y coerción” la aplicación de aranceles para estrangular los suministros de petróleo, cosa que obligaría a los cubanos a vivir en condiciones todavía más precarias.
Cuba está sumida en la peor crisis económica desde la caída de la Unión Soviética
“Esta nueva medida demuestra el carácter fascista, criminal y genocida de una camarilla que ha secuestrado los intereses del pueblo estadounidense para su propio beneficio personal”, lamentó Díaz-Canel en un mensaje en la red X.
El ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, emitió este lunes un comunicado en el que rechazó que la isla sea una amenaza para EE.UU. y sostuvo que están preparados para cooperar con Washington. “El pueblo de Cuba y el de Estados Unidos se beneficiarán de un compromiso constructivo, de cooperación legal y una coexistencia pacífica”, recalcó.
Claudia Sheinbaum, la presidenta de México y la más aludida por las supuestas represalias de Trump, señaló que su país continuará recurriendo a canales diplomáticos para seguir enviando petróleo a Cuba por razones humanitarias y sin buscar confrontación. El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, mantuvo este lunes una conversación telefónica con Rodríguez en la que confirmó el rechazo de Rusia a cualquier presión económica o militar contra Cuba, y alertó ante el deterioro de la situación humanitaria en la isla.
Esa misma alerta la realizaron diplomáticos europeos por cuanto la campaña de la Casa Blanca puede provocar una grave crisis entre los diez millones de habitantes de la isla, lo que puede generar un éxodo masivo o una profunda hambruna.
A los republicanos aliados de Trump en esa política de cambio de régimen les da igual esa situación. Carlos Giménez, congresista por Florida, ya solicitó poner fin a todos los vuelos y remesas de Estados Unidos a Cuba. “Ese régimen es un cáncer y la cura del cáncer a veces es dolorosa, pero al final el paciente sobrevive”, remarcó Giménez.


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