Lo confieso: estaba a punto de darme de baja por un tiempo de SkyShowtime, pero Michelle Pfeiffer me ha retenido. Para eso está. El viernes pasado la plataforma estrenó The Madison, la última serie creada por Taylor Sheridan, al que conocimos como guionista de Sicario y Comanchería y que gracias al apabullante éxito de la serie Yellowstone y sus derivados se ha convertido en uno de los popes de la televisión actual. Un tipo a medio camino entre Clint Eastwood y Aaron Spelling, si es que se puede trazar un sendero que una al director de Los puentes de Madison y al productor de Dinastía.
Me ha retenido Michelle Pfeiffer, digo, porque la serie está protagonizada por ella. Interpreta a una neoyorquina rica a la que sus avatares vitales conducen al campo en un Walden marca Sheridan, pero con matices. En una escena del primer episodio, uno de los personajes coge un espray antiosos y me he acordado del popular dilema sobre la seguridad de las mujeres: “Vas por un bosque sola, qué prefieres encontrarte: ¿Un oso o a un hombre?”. En otra, ven en la tele El río de la vida, la película dirigida por Robert Redford, a quien está dedicado el primer episodio de The Madison.
Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar y las carreras de muchas estrellas cinematográficas de primer orden son los ríos que han ido a dar a la televisión ya desde hace décadas. No es la muerte profesional, por supuesto: es otra vida. Y no es ni mucho menos incompatible con la del cine. A Pfeiffer pronto la veremos en otra serie, Margo tiene problemas de dinero (Apple TV), creada por su marido, David E. Kelley, donde compartirá pantalla con Nicole Kidman, a quien el guionista y productor televisivo últimamente no ha dejado de dar trabajo con resultados muy irregulares (Big Little Lies, The Undoing, Nueve perfectos desconocidos).
Los de la televisión —creyentes y practicantes— llevamos tanto tiempo afanados en desmontar esa superioridad artística que muchos atribuyen al cine que a veces nos cuesta reconocer que los últimos trabajos en plataformas de Julianne Moore, Sigourney Weaver o Harrison Ford, por ejemplo, al igual que parte de su filmografía, no están a su altura. Por supuesto es más grave en el caso de las actrices y más a partir de cierta edad porque tienen menos ofertas. Pfeiffer se salva en The Madison, pero para muchas otras sería menos peligroso encontrarse a un oso que a un productor de televisión.

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