A las cinco de la mañana, miles de personas ya habían entrado ayer al patio central del Gran Mausoleo de Teherán. Querían estar en el momento exacto en el que, por fin, se exhibiera el féretro de Ali Jamenei, el líder mártir , asesinado el 28 de febrero. Los hombres a un lado, las mujeres a otro, pero en común tenían los trajes negros y las banderas rojas con el puño del ayatolá en alto.
Había algo inusual en el fluir de los peregrinos, no parecía haber prisa, ni desesperación, ni caos como se ha visto en otros funerales en los que la República Islámica ha enterrado a sus líderes, empezando por su creador, el ayatolá Jomeini en 1989 cuando, por momentos, las autoridades fueron incapaces de controlar una multitud tomada por el dolor.
Todo el proceso fue caótico, diferente a lo visto ahora, cuando todo parece estar calculado y coreografiado gracias a la tranquilidad que da el tiempo.
A diferencia de la despedida de Jomeini, pocos días después de su muerte por causas naturales y que habría contado con 10 millones de personas, las exequias de Jamenei han tardado cuatro meses en prepararse. Durante dos días, los peregrinos podrán visitar el Gran Mausoleo en Teherán, donde también se exhibió a Jomeini cuando el complejo empezaba a construirse con contenedores industriales, y luego se le paseará por las calles de Teherán, Qom, Najaf y Karbala en Irak para terminar en Mashad.
“Irán es muy diferente hoy [comparado con 1989], entonces había un miedo al vacío y a la supervivencia de la República Islámica que hoy no existe”, explica el ex comandante de la Guardia Revolucionaria Kanani Moghadam, que conoció al ayatolá Jamenei de muy jóven durante la guerra con Irak. “Ya llevamos cuatro meses y todo funciona igual”, afirmas, destacando que las fuerzas de seguridad han sido reestructuradas y fortalecidas durante los 37 años en los que Jamenei lideró al país.
“Tomó el país saliendo de una guerra que había dejado muchos mártires y heridos, en medio de una reconstrucción y con muchas peleas con diferentes grupos que se oponían”, explica este hombre reconvertido ahora en político. Además, la República Islámica, que entonces solo tenía 10 años, se había estructurado sobre una figura extremadamente fuerte y carismática como el imam Jomeini.
Con la designación de Jamenei como nuevo líder no solo empezó una nueva etapa de la Revolución sino que, en cierta manera, tenían que desjomeizarla . Tarea que no fue fácil para Jamenei y su círculo, que con el tiempo fueron creando su propio sello.
“Una de las cosas importantes de su legado es que creó la hoja de ruta sobre la que se estructuró el sistema actual”, afirma.
Moghadam cuenta que Mujtaba Jamenei, que ha asumido el cargo de nuevo líder, lleva años trabajando al lado de su padre y que continuará su camino.
“Por él [por el nuevo líder] tenemos el mismo sentimiento que teníamos por Seyyed Ali”, sentenciaba Azam, una mujer de 47 años, entrando ayer al mausoleo. “No puedo creer que esté muerto, pero tenemos otro Jamenei con vida”, añadía Maryam, una maestra de 32 años quela acompañaba.
El economista y analista político Saeed Laylaz cree que Mujtaba quiere hacer grandes cambios en el país, algo como lo que hizo Mohamad Bin Salman en Arabia Saudí, pero nunca cederá en lo referente a la política interna.
“No habrá lugar para opositores”, dice. Pero estos planes para no podrán concretarse sin antes confrontar y arreglar los problemas que padece Irán. Para empezar, las consecuencias de la guerra, pero en especial la presión de EE.UU.. Laylaz, como muchos, está convencidos de que habrá una nueva guerra durante el invierno. Paralelamente están la lucha por recuperar la economía –la inflación en la canasta familiar fue del 130% en mayo– y la legitimidad del sistema, que se ha derrumbado durante estas décadas.
“Han perdido a la clase media rural”, afirma Laylaz. Este último punto es uno de los aspectos que más define a la República Islámica de hoy: un 60% de la población nació después de la Revolución y una gran parte se ha alejado de ella. Como ejemplos están las protestas, cada vez más frecuentes y multitudinarias, pero también la participación en las elecciones, cada vez menor.
Pero Moghadam es optimista. Piensa que si los líderes actuales actúan rápido, especialmente en lo económico, se puede reversar la situación. Y concluye diciendo que Jamenei fue un gran líder, que posiblemente perdió apoyo interno, pero posicionó a Irán como gran potencia en el contexto internacional.

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