Se viene un curso ‘reset’

Hace 1 semana 5

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Hay veranos que se hacen largos y otros que hacen el agosto. A Alberto Núñez Feijóo le ha tocado uno de los segundos. No porque haya protagonizado una ofensiva política memorable, sino porque sus adversarios le han allanado un tramo del camino. Entre la gestión de Pedro Sánchez de la crisis de Ceuta y el despropósito alrededor del ático de Isabel Díaz Ayuso, al líder del PP le han puesto el viento de cara. Y en política, flotar ya es avanzar.

Lo de Ceuta requería cabeza fría. Sin patriotismos de cartón ni estridencias, pero tampoco con ambigüedades. Una crisis provocada contra España exigía una respuesta más rápida, más contundente y mejor explicada. No se trataba de levantar la voz ni de alimentar el conflicto, sino de asumir que hay momentos en los que la respuesta debe estar a la altura del desafío. Hacía falta ejercer el Estado, no agudizar la idea de gobierno exhausto.

La vuelta de Puigdemont, Ayuso perdiendo aura y Sánchez exhausto interpelan a Feijóo e Illa

Y entonces apareció Ayuso. El asunto del ático ha sido especialmente corrosivo porque ha golpeado donde menos le convenía: en la construcción de un personaje que había convertido una idea de espontaneidad y cierta estética popular en parte de su marca. El silencio inicial de parte de su partido la dejó demasiado tiempo expuesta. Para una parte de la sociedad, Ayuso ha perdido algo de aquella aura pop para proyectarse más como candidata a élite o como aspirante a nueva rica.

Alberto Núñez Feijóo.

Alberto Núñez Feijóo.EFE/ Reduan

Feijóo, mientras tanto, ha podido hacer algo tan poco espectacular como rentable: esperar. La incógnita es si sabrá convertir ese balón de oxígeno en impulso. El nuevo curso puede ser el de su despegue definitivo o el de su último intento. Puede acabar en La Moncloa o fuera del liderazgo del PP y de la política en general. porque recibir ayuda de problemas o errores ajenos no basta: hay que aprovecharla.

Le pasa lo mismo a Salvador Illa. Porque, pese a jugar la mayor parte del tiempo a portería prácticamente vacía, tampoco termina de despegar en las encuestas. ¿Lo acabará haciendo, con o sin Carles Puigdemont ahí? Y eso convierte el momento catalán en otra incógnita.

Porque el eventual regreso del expresidente no sería solo una cuestión personal. Podría alterar el mapa político catalán y, por extensión, el español. ¿Volverá a Catalunya antes de que termine el curso? Y, si vuelve, ¿para qué? ¿Para compactar Junts? ¿Para clarificar su oferta? ¿Para ponerse definitivamente al frente? ¿Para repartir juego y abrir paso a otros?

Junts puede ser una pieza decisiva, tanto en unas generales que llegarán antes de que acabe el curso como en el escenario que dibujen antes las municipales de primavera. Y, pasado ese Rubicón, las elecciones catalanas ya estarán a la vista.

Empieza un curso para despejar incógnitas. Puede que las respuestas lleguen en avión o con las municipales o con las generales. O que ciertos interrogantes, simplemente, acaben cambiando de nombre, pero lo que es seguro es que se viene un curso con desenlaces. De reseteo. Y a ver cómo se reinician liderazgos y partidas.

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