Sao Tomé y la teoría de la relatividad

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Los eclipses solares están de moda, pero ninguno fue históricamente tan significativo como el del 18 de mayo de 1919 en el archipiélago de Sao Tomé y Príncipe, a 350 kilómetros de la costa africano en el Golfo de Guinea, justo en el Ecuador, deshabitado hasta el siglo XV y que el astrofísico británico Arthur Eddington aprovechó para demostrar la teoría de la relatividad y la curvatura del espacio-tiempo de Einstein midiendo la luz de las estrellas con telescopios fotográficos.

En la ex colonia portuguesa de Sao Tomé y Príncipe todo es tan relativo que en su turbulenta historia los contratados (o serviçais) no eran trabajadores con contrato como daría a entender su nombre, sino un eufemismo para no llamarlos esclavos una vez que se abolió oficialmente esa práctica en 1875. Eran traídos por los dueños de las plantaciones de caña de azúcar desde las islas cabo Verde, Angola y Mozambique y tratados como animales, sin derecho laboral alguno. Sus amos les retiraban sus documentos y les ofrecían un pasaje de regreso a sus casas que no llegaba nunca, su salario teórico desaparecía a cambio de la comida y un alojamiento miserable y -eso sí- eran obligados a firmar un “contrato” que no sabían leer.

A pesar de la pobreza, la abundancia de hierbas, pescado y frutas exóticas se traduce en una cocina sensacional

La relatividad tiene sus límites, y la paciencia de la población nativa con los colonos portugueses se agotó en 1953, cuando la Administración de la metrópoli, ante la falta de mano de obra para trabajar en las plantaciones y las carreteras, ordenó un reclutamiento forzoso entre los forros (descendientes de esclavos que habían obtenido la manumisión), en gran medida campesinos pero algunos de los cuales habían llegado a posiciones de influencia, bajo amenaza de expropiarles sus tierras si no accedían a la conscripción. La consiguiente rebelión desembocó en la masacre de Batepá, en la que centenares de nativos criollos fueron asesinados con el pretexto de que formaban parte de una conspiración comunista, y sus cuerpos arrojados al mar por las milicias.

Este suceso es considerado como el desencadenante del nacionalismo de Sao Tomé Príncipe, que consiguió la independencia en 1975. El 3 de febrero se conmemora el “Día de los Mártires de la Libertad”, pero los escasos 13.000 turistas que visitan anualmente el archipiélago sólo ven restos de tan violento pasado en museos como el de la fortaleza de San Sebastián. Lo que sí encuentran es una sociedad rústica, sin apenas cajeros automáticos excepto en el aeropuerto, a donde hay que llegar forrado de divisas que se cambian en la calle o los hoteles porque el uso de tarjetas de crédito es muy limitado, los coches se alquilan con conductor dado el precario estado de las carreteras, las mujeres lavan la ropa en los ríos y mucha gente sobrevive con apenas un euro (25 dobras) al día, durmiendo en los cascarones de las antiguas roças (plantaciones), sin electricidad ni agua corriente, gracias a que ocho de cada diez frutos son comestibles (papayas, yacas, mangos, papayas, limas, jengibre aguacates, piñas, cardamomo, pimienta caña de azúcar, siete tipos distintos de plátanos, el del árbol del pan...).

El país depende de la ayuda exterior del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, y países como Angola , Japón y China (a cambio de que en 2016 dejara de reconocer a Taiwán). Los recursos domésticos derivados de la pesca, la agricultura (café, cacao...) y el turismo apenas cubren una mínima parte del presupuesto, y casi todo el combustible y la comida son importados, originando un monumental déficit. Hace grandes equilibrios en política exterior, procurando tener cordiales relaciones con Pekín, Moscú, Washington, Lisboa y Bruselas. Un 70% de los médicos son formados en Cuba. Para las enfermedades graves hay que ir a Portugal.

Ir a Sao Tomé es como un viaje en el espacio y el tiempo (otra vez Einstein), a una tierra de naturaleza exuberante (Príncipe es reserva de la biosfera), con un 90% de su superficie cubierta por bosques y playas de postal como Banana Beach, pero anclado todavía en un mundo analógico, que en su mejor momento fue uno de los grandes centros mundiales de producción de chocolate (traído de Brasil), pero de lo que ahora tan sólo queda una pequeña y simbólica muestra como anzuelo turístico. 

El 90% de la isla está cubierta por bosques o playas de postal como Banana Beach, en la imagen 

El 90% de la isla está cubierta por bosques o playas de postal como Banana Beach, en la imagen DANIEL BELOUMOU OLOMO / AFP

La capital de Príncipe, Santo Antonio, es una de las más pequeñas del mundo con sólo mil habitantes y una plaza rodeada de edificios de la era colonial. La de Sao Tomé (del mismo nombre) es más vibrante, con casas de madera, una media de edad de menos de veinte años, compuesta de mestiços (descendientes de raza mixta de esclavos africanos), forros (descendientes de esclavos manumisos después de la abolición), angolares (comunidad pesquera de origen angoleño), tongas (hijos de contratados) y portugueses blancos (el acrónimo STP significa “todos somos primos”). Apenas hay transporte público, excepto moto taxis y furgonetas comunitarias amarillas que van a los pueblos, casi tantas como perros callejeros y una cerveza local que no lleva etiqueta. Sólo hay una pista de tenis en todo el archipiélago.

Mario Soares estuvo exiliado unos meses en Sao Tomé durante la dictadura de Salazar, seguido a donde quiera que fuera por una veintena de agentes del servicio secreto portugués que operaban en las islas para identificar y aislar a los “elementos subversivos”. La independencia sólo llegó tras la Revolución de los Claveles, liderada por un movimiento de liberación de izquierdas que dio pie a un régimen inicialmente socialista, de partido único, que en los noventa evolucionó a una democracia multipartidista. Carlos Vila Nova acaba de ser reelegido presidente para un segundo mandato (con funciones sobre todo simbólicas) como independiente, tras cesar al primer ministro y romper con el partido de centro derecha (Acción Democrática Independiente,). La otra gran fuerza es el Partido Socialdemócrata.

Un 68% de la gente es pobre (y un 22% extremadamente pobre) pero la abundancia de pescado, hierbas y frutas exóticas se traduce en una cocina sensacional, con platos como el arroz de calamar con costra, la moqueca de peixe (de inspiración brasileña), el calulu (un guiso de pescado y carne con aceite de palma y berenjena) o la cachupa (maíz machacado con judías verdes, alubias, yuca, batata, plátano verde, col y zanahoria).

Pese a todas las penurias y una historia tan trágica, el lema nacional es léve léve (tranquilo, tranquilo). Todo es siempre relativo...

Rafael Ramos

Abogado y periodista. Corresponsal de 'La Vanguardia' en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.

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