Redención a medias en el Bernabéu: el Madrid gana pero no despeja dudas

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El Bernabéu dictó sentencia entre pitada y pitada. Ganó el Real Madrid, sí, reencontrándose con el triunfo un mes después —tras la victoria en el derbi ante el Atlético, los blancos perdieron contra el Mallorca, dos veces ante el Bayern y empataron frente al Girona—, pero lo hizo con ese poso extraño de quien cumple sin convencer, de quien se limita a sobrevivir mientras la temporada se le escapa entre los dedos. El 2-1 ante el Deportivo Alavés fue, en esencia, un ejercicio de redención a medias, sostenido por el talento de Kylian Mbappé y Vinícius Júnior, y matizado por el murmullo constante de una grada que ya no sabe muy bien si creer o simplemente esperar a que todo termine.

El ambiente era el de un plebiscito emocional, una especie de examen sin entusiasmo tras el golpe europeo en Múnich. El Bernabéu, que presentó su peor entrada de la temporada con apenas 61.468 espectadores, señaló desde el inicio. Hubo pitos —a Mbappé, a Vinícius, a Álvaro Carreras y más tarde a Eduardo Camavinga—, pero fueron pitos cansados, sin la furia de otras épocas. Como si el enfado hubiera dado paso a una resignación incómoda.

Sobre el césped, el equipo de Álvaro Arbeloa reflejó exactamente eso: un conjunto sin filo, con más posesión que intención. El Quique Sánchez Flores planteó un partido práctico, de bloque bajo, orden y paciencia. Y durante media hora le funcionó. El Alavés fue incluso más punzante en ese arranque, aprovechando la tibieza defensiva blanca. Toni Martínez probó primero a Andriy Lunin, y el conjunto vitoriano dejó claro que no había venido a Madrid a hacer turismo. El equipo de casa, mientras tanto, se movía en esa calma espesa que describen los equipos tocados. Jude Bellingham era el único que parecía entender que el partido exigía algo más: ruptura, ritmo, colmillo. Mbappé dejaba detalles, Vinícius intentaba encarar, pero todo quedaba a medio hacer. Ni rastro de esa voracidad que durante años definió al equipo.

Hasta que el fútbol, caprichoso, decidió intervenir. El 1-0 llegó como llegan los goles en las malas rachas: con fortuna. Disparo lejano de Mbappé, rebote en la defensa, trayectoria imposible para Antonio Sivera. Un gol feo, casi accidental, pero liberador. El francés, que ya suma cifras descomunales (24 tantos en Liga y 41 entre todas las competiciones), lo celebró con una sonrisa que mezclaba alivio y complicidad.

A partir de ahí, el Madrid vivió sus mejores minutos. Un cuarto de hora en el que pareció recordar quién es. Mbappé insistió, Vinícius rozó el segundo, y hasta el equipo encontró cierta fluidez. Pero ni siquiera en ese tramo logró despejar del todo las dudas. Porque este Madrid, versión 2026, parece incapaz de sostener el entusiasmo más allá de unos minutos.

El descanso llegó con sensaciones encontradas y con un susto añadido: la retirada de Éder Militao por molestias. No fue grave, según se acabaría confirmando con el paso de los minutos, pero bastó para reactivar fantasmas recientes después de que el brasileño se haya rotos dos veces el cruzado y, en su última lesión, haya estado cuatro meses en el dique seco. Por si fuera poco, el Alavés volvió a avisar antes del intermedio, recordándole al Bernabéu que el partido seguía abierto.

La segunda parte arrancó con un Madrid algo más decidido. Tchouaméni rozó el gol de cabeza, pero fue Vinícius quien terminó por inclinar definitivamente la balanza. Y lo hizo a su manera: disparo lejano, seco, al palo corto, imposible para Sivera. Un golazo, de los que cambian el relato. Lo interesante vino justo después. Vini, señalado en el inicio, pidió perdón. Un gesto poco habitual en él, que mezcló con un beso al escudo. Fue, en cierto modo, el resumen de la noche: talento indiscutible, carácter desbordante y una relación con la grada que transita entre el amor y el reproche.

El partido parecía resuelto con el 2-0 en el luminoso. El Alavés, obligado por la clasificación, dio un paso adelante. Arriesgó, dejó espacios y permitió al Madrid correr. Ahí, Mbappé y Vinícius encontraron terreno para el lucimiento, aunque sin acierto definitivo. Brahim incluso vio cómo le negaban el tercero bajo palos.

Arbeloa movió entonces el banquillo. Entraron Dani Carvajal, ovacionado, y Camavinga, recibido con silbidos. Dos símbolos de la noche: el reconocimiento a lo fiable y la desconfianza hacia lo reciente, castigado el francés por la doble amarilla en Múnich que, acompañada de un mal criterio arbitral, le acabaría costando al Madrid la eliminatoria ante el Bayern. También hubo minutos para ajustar cargas, bajar pulsaciones y pensar en lo que queda, que es poco y no demasiado ilusionante. El partido se fue apagando, como tantas veces esta temporada. Sin épica, sin brillo.

Hasta que en el descuento apareció de nuevo Toni Martínez para empujar un balón suelto y poner el 2-1. Un gol que no cambió el resultado, pero sí el sonido final del estadio. Porque el Bernabéu despidió a los suyos con silbidos. La gota que colmó el vaso de la paciencia de la afición merengue. Pitos más bien de escepticismo.

El Real Madrid ganó, rompió su mala racha y está ahora a seis puntos del Barcelona, que este miércoles recibe al Celta en el Camp Nou. Pero la sensación es otra. La de un equipo que transita por el final de curso sin rumbo claro, agarrado al talento individual y a la inercia competitiva. Un equipo que pide perdón… y lo obtiene solo a medias.


Ficha técnica

Real Madrid, 2: Lunin; Alexander-Arnold (Carvajal, min. 63), Militao (Rüdiger, min. 45+2), Huijsen, Carreras; Valverde, Tchouaméni (Camavinga, min. 63), Güler (Mastantuono, min. 57), Bellingham (Brahim, min. 57); Vinícius y Mbappé
Deportivo Alavés, 1: Sivera; Ángel, Jonny Otto, Tenaglia, Parada, Yusi (Calebe, min. 66); Antonio Blanco, Guridi (Aleñá, min. 58), Denis Suárez (Ibáñez, min. 58); Toni Martínez y Lucas Boyé (Diabaté, min. 66)

Goles: 1-0, min. 30: Mbappé; 2-0, min. 50: Vinícius; 2-1, min. 94: Toni Martínez
Árbitro: Juan Martínez Munuera (Comité valenciano). Mostró cartulina amarilla a Tchouaméni (min. 35), del Real Madrid; y a Ángel (min. 90), del Alavés
Incidencias: partido correspondiente a la trigésimo segunda ornada de LaLiga EA Sports disputada en el estadio Santiago Bernabéu ante 61.468 espectadores

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