Mbappé y Vinícius no decaen en un final de curso que será 'molto longo'

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Un Real Madrid al tran tran, en medio de un ambiente gélido e indiferente, sigue colgado de un hilo de esperanza en la Liga tras derrotar al Alavés con goles de Mbappé y Vinícius, silbado al comienzo, redimido después, una bipolaridad repetida hasta la saciedad este curso en el Bernabéu, que no sabe por momentos con qué sentimiento identificarse con su equipo (2-1).

No hay peor escenario que la indolencia, y eso fue lo más predominante en la grada -incontables asientos vacíos- del Real Madrid después de caer en Múnich y despedirse de la Champions. Otro título que se perdió por el sumidero en una temporada que pinta tan blanca como los colores del club, al que le espera un final de obra ‘molto longo’ (por emular la famosa frase de Juanito sobre los partidos en el Bernabéu). Si gana hoy el Barça al Celta, ese hilo de esperanza se vuelve invisible.

En medio de ese ambiente de funeral, el Alavés salió más metido en el partido. A los dos minutos, los alumnos de Quique Sánchez Flores habían pisado dos veces el área de Lunin. Bien resguardados en un 4-4-2 que en ocasiones se transformaba en una línea de cinco atrás, encontraron a Boyé de espaldas, dolor de cabeza para Huijsen y Militao en los duelos.

El Bernabéu no levantaba el tono y solo se escucharon los decibelios de la grada de animación hasta que la tocó Vinícius. Ahí hubo pitos. Algo se ha roto para siempre entre el brasileño, que debe renovar antes del Mundial (“hay que buscar el momento”, dijo recientemente), y los socios, otrora protectores ahora acusadores cada vez que no le sale una acción. En el minuto 18, el extremo fue a charlar con Arbeloa en la banda, molesto con ‘cosas’ del partido.

Poco a poco sin saber por qué, el Madrid empezó a meter atrás al Alavés. Los merengues se acumulaban en zonas interiores, en las mismas alturas, una especie de cubo de Rubik totalmente desordenado; pero en el caos surgen figuras excepcionales. A la media hora, un disparo de Mbappé desde fuera del área tocó en el trasero de Jonny y se coló para adentro. Nadie en el Madrid pudo esconder la sonrisa. Ni Mbappé se imaginaba que su remate a la remanguillé acabaría con el 1-0.

Ahí emergió el mejor Madrid. Mbappé tuvo dos ocasiones más. Una salió desviada, otra la repelió Sivera. Incluso Militao estrelló un balón al larguero. Jugaba amarga para el central porque, de nuevo, se marchó lesionado con problemas en la rodilla después del remate. Este miércoles se someterá a pruebas.

Toni Martínez estrelló un balón al poste y Lunin sacó el rechace. Despedida prometedora de un primer acto de bostezo.

Que hubiera partido dependía del Real Madrid y de su acierto. Y no tardó demasiado en finiquitarlo. En el minuto 49, Vinícius recibió un pase cerca del área, orientó el balón a la derecha y lanzó potente pegado al poste. Sivera no pudo desviar la mirada de la red, donde acabó el esférico (2-0). El futbolista pidió perdón y fue aplaudido. Hay clemencia siempre en el coliseo blanco, pendiente de qué pasará la próxima temporada con los cambios que debe realizar Florentino Pérez.

Uno de ellos es la venta de Camavinga, futbolista señalado por la derrota de Múnich por su expulsión con 2-3 en el marcador. Se llevó la bronca más consistente cuando salió al césped y cada vez que tocaba el balón.

Quedaban aún 25 minutos, el Alavés dio un paso adelante más por decencia que por convicción y el Madrid encontró espacios. Mbappé y Vinícius flirtearon con el 3-0, pero esta vez sin atinar, y el equipo vitoriano empezó a dominar ante un Madrid menos impetuoso, tristón en su caparazón. Regresaron algunos pitos tímidos cada vez que el Alavés lanzaba a la meta de Lunin.

Como los de Toni Martínez, quien estrelló un balón por segunda vez en el poste y, acto seguido otro con veneno lo despejó Lunin a córner. 

La gente desfilaba y la estampa final del Bernabéu fue la de un estadio vacío mientras el Alavés obtenía la recompensa, al menos, del gol que tanto merecía por las ocasiones falladas. Era el minuto 93. Toni Martínez selló el 2-1. Sonó la megafonía con fuerza para camuflar los silbidos de los pocos que quedaban. Camavinga fue a pedir perdón a la grada de animación. Pocos quedan a quien dirigirse.

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