Rafah reabre sus puertas por primera vez en casi dos años

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Hace exactamente dos años, un grupo de palestinos cruzaban la única salida de Gaza, el paso de Rafah. Entre las decenas de heridos que cruzaron entonces la frontera con Egipto se encontraba Farah, de seis años, quien aún tenía restos de metralla en la cara. Ella fue de las últimas en poder escapar de la guerra en la franja, ya que Israel tomó el sur del enclave en mayo del 2024. Desde entonces, prácticamente nadie ha entrado o salido de allí.

Hasta ahora. Ayer, el paso de Rafah –la única conexión de la franja con el exterior que no pasa por Israel– reabrió de forma parcial tras más de un año y medio de cierre casi total. La reapertura, limitada y rodeada de estrictas condiciones de seguridad, supone el primer movimiento tangible para permitir de nuevo el tránsito de personas desde Gaza hacia Egipto.

En ese sentido, el organismo militar israelí responsable de la gestión civil en los territorios ocupados (Cogat) anunció ayer que el cruce de personas por el paso de Rafah comenzará de forma oficial hoy. Horas antes, la misma autoridad israelí señaló que la frontera ya estaba “abierta”, aunque únicamente en una fase piloto.

El cruce, cerrado desde mayo del 2024, entra en una fase piloto, según las autoridades israelíes

Según fuentes palestinas y europeas, la jornada marcó una “operación de prueba” del cruce fronterizo. El objetivo inmediato, explicaron los responsables, es comprobar que el paso puede funcionar en ambos sentidos y que los procedimientos de control permiten la entrada y salida de pasajeros sin incidentes. En esta primera fase solo se autoriza el tránsito de habitantes de Gaza previamente aprobados por Israel, en coordinación con Egipto y bajo supervisión europea.

La Unión Europea retoma así su papel en Rafah según el acuerdo del 2005, que regula la presencia de observadores internacionales en el cruce. Su función, insisten fuentes comunitarias, se limita a la monitorización técnica del paso y al cumplimiento de los estándares acordados, sin control directo sobre las decisiones políticas o de seguridad. La UE ya desempeñó este papel durante breves aperturas anteriores, especialmente durante la primera tregua de la guerra, cuando algunos heridos y enfermos lograron salir del enclave.

El cierre de Rafah estaba cerrado desde mayo del 2024, cuando los tanques israelíes avanzaron hasta el llamado corredor de Filadelfia, bajo control palestino desde el 2006. La entrada del ejército israelí en la zona provocó la clausura total del paso, paralizando no solo el movimiento de personas, sino también la llegada de ayuda ­humanitaria desde Egipto. Desde entonces, Gaza ha quedado prácticamente sellada, con su población atrapada entre la destrucción, el colapso sanitario y la escasez crónica de alimentos, agua y electricidad.

Egipto y Jordania insisten en su rechazo a cualquier desplazamiento forzoso de palestinos

La posibilidad de salir es especialmente urgente para heridos y pacientes graves. Decenas de personas esperan desde hace meses la autorización para viajar a hospitales egipcios o de otros países. Las restricciones impuestas por Israel han sido duramente criticadas por organizaciones humanitarias y por la ONU, que reclamaban desde hace meses una reapertura plena del paso tanto para personas como para ayuda. La milicia palestina Hamas ha advertido de que cualquier obstáculo adicional o condición política podría interpretarse como una violación del alto el fuego vigente.

La reapertura de Rafah está vinculada al plan impulsado por el presidente estadounidense, Donald Trump, para poner fin de forma definitiva a la guerra iniciada tras el ataque del 7 de octubre del 2023. Israel había condicionado el levantamiento del cierre a la devolución del último rehén muerto retenido en Gaza, cuyo cuerpo fue recuperado a finales de enero. Aun así, Tel Aviv mantiene el requisito de autorizaciones de seguridad previas para cualquier movimiento.

Mientras tanto, Egipto y Jordania han reiterado su rechazo a cualquier intento de desplazamiento forzoso de la población palestina fuera de su territorio. En una Gaza en ruinas, donde la tregua se sostiene con dificultad –la última oleada de bombardeos israelíes dejó 32 muertos en un mismo día–, la reapertura de ­Rafah no es el final del encierro, pero sí el primer gesto en dos años que rompe el aislamiento absoluto.

La reapertura llega tras una jornada de ataques en la franja que dejaron 32 muertos a pesar de la tregua

El otro compromiso del plan de paz es ampliar la entrada de ayuda humanitaria. Colas infinitas de camiones esperan en el lado egipcio, a la espera de la aprobación israelí para penetrar y distribuir alimentos entre los gazatíes, que aún padecen niveles altos de seguridad alimentaria. El permiso llega desde Kerem Shalom, la infraestructura fronteriza israelí situada a menos de un quilómetro de la franja.

En esta zona militarizada la seguridad es extrema, y los periodistas tienen prohibido acercase sin permiso del ejército. Sobre esta explanada se dibuja la línea del horizonte de ruinas de Gaza. La cadencia de las explosiones se ha reducido en los últimos meses de tregua, aunque el enclave está aún lejos de la paz.

En ese punto, están aparcados más de un centenar de tanques israelíes, sucios, algunos dañados, custodiados por soldados israelíes que toman el sol con tranquilidad. El alto el fuego los ha sacado de Gaza, pero se mantienen cerca, en caso de que el armisticio se derrumbe.

Helena Pelicano Gómez

Colaboradora de La Vanguardia en Oriente Medio. Anteriormente, pasó por la delegación de El Cairo de la Agencia EFE y el Parlamento Europeo

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