Uno se deja ir creyendo que podrá volver. Cuesta mucho, tanto que pocas veces se consigue. La prensa forofa del Real Madrid se palpa el cuerpo tratando de saber qué le pasa a su equipo, su proyecto, su imperio austro-húngaro, pero no sabe cómo hacerlo. Es el suyo, ese mal indeterminado que te deja en casa, esa sensación de malestar, el si estamos bien, ¿qué nos pasa, amor?
La palabra enfermedad remite al latín – infirmere– de algo que no está firme, algo débil, pero en catalán – malaltia– o francés – malade– que deriva del latín vulgar nos resultará para este caso, mucho mejor: male habitus, malos hábitos que llevan a la enfermedad física, espiritual, moral. Es obvio que el Real Madrid está enfermo, tiene plomo en las piernas y en los egos, en los cimientos del florentinismo, en su corte de aduladores y propagandistas, el bloqueo de la masa social: o yo, o el caos.
Es obvio que el Real Madrid está enfermo, tiene plomo en las piernas y en los egos
Del mismo modo que lo tiene el Barcelona, como club grande, como entidad sin oposición, aunque por fortuna no en el equipo –jugadores, técnicos– que parece estar protegido dentro de una cámara de seguridad protectora de la kriptonita de la vanidad, la autoindulgencia y la desidia. A Laporta se le pueden criticar muchas cosas, pero en absoluto la gestión del equipo de fútbol, de la cantera y, como le pasa a tu cuñado, el tipo es mucho mejor sin dinero que con dinero. La de Vitor Roque que hubiéramos tenido que comernos si no hubiéramos estado en quiebra y hacer del defecto virtud. Y ahora, Hansi Flick, Raphinha, Eric Garcia, y un montón de gente sensata nos evita caer en los malos hábitos. Ojalá que por mucho tiempo.
Lo de querer volver y no poder sucede en muchos ámbitos. En literatura, por ejemplo, de la cursilería no se vuelve. Y aún recuerdo a Ronaldinho tratando de ponerse en forma, volver a lo que era y hacía solo unos cuantos meses y caipiriñas atrás, y no poder hacerlo. La poeta argentina Alejandra Pizarnik escribió: “A Kafka le pasó lo que a mí: se separó, fue demasiado lejos en la soledad y supo –tuvo que saber– que de allí no se vuelve”. Y en el deporte y en la vida, ganar y tener mucho, olvidar que el esfuerzo y la fe, el sacrificio y la generosidad te han llevado junto con el talento y lo oportuno a donde estás, es el principio del final. Me viene a la memoria la espantá del Real Madrid porque no le dieron el Balón de Oro a Vinícius, y todo su periodismo trumpista de verdades alternativas, loas a las abdominales de Cristiano y Ramos, a la masculinidad de Arbeloas y Mourinhos, narrativa testicular, ridícula y estúpida, como si aún no hayamos aprendido que España ganó Eurocopas y Mundial cuando abandonó la furia y se dedicó a ser lo que somos: gente espabilada a la que le gusta jugar bien al fútbol y si es con tu equipo y tus chavales, mucho mejor.

Hace 2 días
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