La izquierda alternativa andaluza ha entrado en una semana decisiva marcada por la presión del calendario y la reactivación de contactos que, hasta hace apenas unos días, parecían descartados. A menos cinco días de que expire el plazo para registrar coaliciones, las palabras del candidato de Podemos en Andalucía, Juan Antonio Delgado, han introducido un matiz relevante en un escenario dominado hasta ahora por el escepticismo.
“Mano tendida a Antonio Maíllo dentro de Por Andalucía. Queremos negociar. Queremos una izquierda unida, transformadora y fuerte porque es lo que exige el pueblo andaluz. No es ni Maíllo ni Juan Antonio Delgado. Es lo que quiere el pueblo andaluz es que vayamos juntos”, ha afirmado en las últimas horas en un mensaje que apunta directamente a recomponer el espacio a la izquierda del PSOE bajo la fórmula ya ensayada en 2022.
La apelación no es menor. Llega tras meses de bloqueo derivados de la decisión de la dirección estatal de Podemos de concurrir en solitario, al margen de Por Andalucía, una coalición que en las últimas elecciones autonómicas integró a varias fuerzas -entre ellas IU y la propia formación morada- y que logró representación parlamentaria con un funcionamiento interno que distintas fuentes reivindican como cooperativo, pese a la fractura posterior en el ámbito nacional.
El giro discursivo de Delgado refleja, en buena medida, la presión ejercida desde el territorio. Dirigentes andaluces de Podemos han insistido en las últimas semanas en la necesidad de evitar una nueva fragmentación electoral, como la registrada en comunidades como Aragón o Castilla y León, donde la división penalizó las expectativas del espacio. Ese argumento ha ganado peso a medida que se acerca el 3 de abril, fecha límite para formalizar alianzas.
Pese a ello, el escepticismo sigue siendo dominante. Fuentes de las formaciones implicadas admiten que la opción de una candidatura conjunta continúa siendo “muy difícil”, aunque reconocen la existencia de conversaciones en distintos niveles. No se trata, subrayan, de una negociación formal, sino de contactos exploratorios que buscan calibrar si aún existe margen para un acuerdo ‘in extremis’.
En Izquierda Unida, por su parte, las declaraciones de Delgado se reciben con cautela. Sectores de la organización recuerdan que durante el último año y medio han mantenido la mano tendida a Podemos sin obtener gestos en esa dirección, lo que alimenta los recelos ante un movimiento que llega ahora, en la recta final. Temen, en ese sentido, que la apelación a la unidad pueda derivar en un nuevo desencuentro de última hora que acabe trasladando la responsabilidad del fracaso a IU y, por extensión, a Sumar. Con ese telón de fondo, Antonio Maíllo ha tratado de fijar una posición clara. Para que Por Andalucía concurra unida, ha señalado, basta con que Podemos confirme su permanencia en la confluencia.
El principal obstáculo permanece en la posición de la dirección nacional de Podemos, que ha mostrado reticencias a integrarse en una coalición donde participe Sumar. Esa línea, sin embargo, ha sido matizada desde Andalucía, donde los dirigentes autonómicos han reivindicado su capacidad para pilotar la política de alianzas. La propia organización ha insistido en que cuenta con el respaldo estatal en este enfoque, aunque en paralelo ha mantenido una cierta ambigüedad estratégica.
Esa ambivalencia se ha reflejado en los mensajes emitidos en los últimos días. Mientras la secretaria general, Ione Belarra, defendía candidaturas “lo más amplias posible”, también señalaba como referencia el modelo de Extremadura, donde Podemos concurrió junto a IU pero al margen de Sumar. Un precedente que introduce una variable adicional en una negociación ya de por sí compleja.

Redactor de la sección de política tras una década cubriendo la actualidad de Madrid entre 2011 y 2022. Antes en Microsoft News y el diario Metro

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