Los equipos de rescate desplegados en el norte de Venezuela han firmado esta madrugada una de las páginas más heroicas y conmovedoras de la catástrofe humanitaria desatada por el violento terremoto del pasado 24 de junio. Contra todo pronóstico médico y desafiando el implacable paso de las horas, los efectivos sanitarios y de Protección Civil han logrado extraer con vida a Isabela, una anciana de 70 años que ha permanecido ocho días sepultada bajo toneladas de hormigón y metal. El hallazgo de la mujer, bautizado de inmediato por la población civil como el "Milagro de La Guaira", se ha registrado en una de las zonas costeras más devastadas por la sacudida, reavivando una fe que empezaba a flaquear entre los allegados de los miles de desaparecidos.
Las posibilidades de supervivencia tras superar la barrera de las 120 horas (cinco días) en este tipo de siniestros son prácticamente residuales según los baremos internacionales.
Una conversación para burlar a la muerte
La operación de salvamento ha destacado no solo por la extrema complejidad técnica de retirar las placas inestables de cemento, sino por la asombrosa entereza psicológica de la víctima. Para evitar que la septuagenaria cayera en un colapso nervioso o se rindiera ante el dolor antes de ver la luz, los bomberos y rescatistas entablaron una conversación continua con ella.
Entre piropos improvisados, canciones y bromas para restarle gravedad a las heridas de sus extremidades y al espeso polvo que la cubría, Isabela hizo gala del indomable carácter caribeño. En los instantes más críticos de la extracción, mientras los operarios intentaban deslizarla por un hueco milimétrico bajo la advertencia de que la maniobra sería dolorosa, la anciana espetó con humor: "¿Tú te crees que los 70 que tengo no me pesan?", desatando las sonrisas de alivio de los efectivos que le respondieron de inmediato confirmando que su salud era envidiable.
"Quítenme el teléfono de la cara"
La firmeza de la anciana no decayó al cruzar el umbral de las ruinas. Tras pasar ocho jornadas en una oscuridad sepulcral, Isabela no dudó en recriminar con energía a los testigos de la escena que iluminaban su rostro con pantallas móviles y cámaras de televisión: "Quítenme el teléfono de la cara", protestó, cegada por el violento contraste lumínico mientras era inmovilizada en la camilla de evacuación.
La septuagenaria fue trasladada de urgencia a un complejo hospitalario de campaña de la región, donde permanece en situación estable y bajo estricta observación médica para revertir el severo cuadro de deshidratación y evaluar el impacto del síndrome de aplastamiento en sus tejidos periféricos.
Una carrera contrarreloj bajo el drama nacional
El rescate apuntala el titánico esfuerzo de las brigadas locales y los contingentes internacionales desplazados en el terreno, en una crisis que ya arroja un trágico balance oficial provisional de cerca de un millar de fallecidos.
Las réplicas y la inestabilidad de las infraestructuras siguen dificultando las tareas, pero milagros como el de esta abuela de La Guaira demuestran que, mientras queden resquicios de aire entre el hormigón, la esperanza de encontrar vida sigue intacta.

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