El traumatólogo Manuel Leyes es una de las principales eminencias mundiales en cirugía deportiva, especialmente en el tratamiento del ligamento cruzado anterior, una de las lesiones más temidas por los atletas. El mago del ligamento cruzado mantiene una actividad quirúrgica que ronda las 1.200 operaciones anuales, fruto de una media de entre 25 y 30 intervenciones semanales.
Leyes explica que la creciente incidencia de roturas del ligamento cruzado no obedece a una causa única. El fútbol moderno, más físico e intenso, con calendarios saturados y escaso descanso, ha incrementado el riesgo. A ello se suma la especialización precoz, ya que muchos niños practican solo el fútbol desde edades muy tempranas, lo que limita el desarrollo de habilidades protectoras que aporta la práctica multideportiva. En paralelo, el auge del fútbol femenino ha puesto de relieve una mayor predisposición de las mujeres a este tipo de lesión.
Las razones de esta diferencia entre sexos son múltiples. La anatomía femenina, con una alineación de la pierna más compleja y un espacio más estrecho para el paso del ligamento, aumenta la vulnerabilidad. También influyen factores hormonales, ya que en determinados momentos del ciclo menstrual el ligamento se vuelve mucho más frágil. A ello se añaden diferencias de fuerza y masa muscular, que condicionan la estabilidad de la rodilla en gestos de giro y frenada.
Uno de los aspectos más complejos del ligamento cruzado es su tendencia a la re-rotura. Hasta un 30% de los pacientes volverán a lesionarse, ya sea en la rodilla operada o de manera bilateral en la contraria.
La recuperación tras una cirugía de cruzado no depende solo de la rodilla. Leyes subraya la importancia del componente neurológico, ya que la lesión altera conexiones cerebrales relacionadas con el control del movimiento. Aunque la musculatura y la movilidad pueden recuperarse en pocos meses, la maduración del injerto y la readaptación neuronal requieren más tiempo. Por este motivo, retrasar el regreso a la competición reduce de forma significativa el riesgo de recaída, especialmente en deportistas jóvenes.
El impacto psicológico también resulta determinante. Existen escalas que miden el miedo al movimiento, y sus resultados se correlacionan con el rendimiento futuro. Aunque la mayoría de los operados vuelve a competir, alrededor de un 30% jamás recuperará el nivel previo, en muchos casos por inseguridad y temor a una nueva lesión.
La experiencia acumulada en miles de intervenciones muestra que no existen atajos milagrosos. La evidencia científica sigue siendo el pilar fundamental frente a tratamientos sin aval, frecuentes en el deporte de élite. Con una combinación de cirugía precisa, rehabilitación medida y prevención, el ligamento cruzado deja de ser una condena irreversible, aunque sigue siendo uno de los grandes desafíos de la medicina deportiva actual. Para conocer en profundidad todos los matices, datos y reflexiones que rodean este problema, merece la pena consultar el contenido completo en el que se abordan con mayor detalle.
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