A menos de dos semanas de que los húngaros acudan a las urnas el próximo 12 de abril, los sondeos apuntan a un escenario que hasta hace poco parecía poco creíble, sobre todo por el control que el actual mandatario húngaro tiene de los resortes del poder.
Si se cumplen estos sondeos, el 12 de abril se produciría una victoria contundente de la oposición liderada por el conservador Péter Magyar que pondría fin al sistema político construido por Viktor Orbán durante los últimos 16 años.
Según los datos del Centro de investigaciones 21, el partido Tisza lograría un apoyo masivo del 56% de los votantes decididos, dejando al Fidesz de Orbán en un escuálido 37%. Esta brecha de casi 20 puntos —que se traduce en una diferencia de unos 900.000 votos— supone el mayor desafío electoral para el primer ministro desde que recuperó el poder en 2010. De cumplirse, sería el desplome total del oficialismo. Sólo Nuestra Patria entraría también en el Parlamento, pues según esta encuestadora rozaría el 5% necesario para tener representación.
La figura de Péter Magyar ha roto los esquemas del tablero político húngaro. Antiguo miembro del engranaje de Orbán, Magyar ha sabido aglutinar el descontento de un espectro social que va desde el centro-derecha hasta la izquierda. Su campaña se ha centrado en denunciar la asfixiante corrupción que rodea al Ejecutivo y el deterioro progresivo de servicios básicos como la sanidad y la educación, víctimas de la gestión centralista del Fidesz.
"El sistema de Orbán, caracterizado por el control absoluto de las instituciones y la erosión del Estado de derecho, se enfrenta a su posible liquidación democrática", señalan analistas sobre el terreno.
Acorralado por los números, Orbán ha optado por la estrategia del miedo y por endurecer el discurso recurriendo a la habitual retórica del enemigo externo. El primer ministro tilda a su rival de ser un "candidato de Bruselas y Kiev", intentando agitar el fantasma de la soberanía en un país que mantiene bloqueados 90.000 millones de euros en ayudas de la UE debido a los constantes pulsos de Budapest con las instituciones europeas.
Un reciente estudio de The Economist ponía de manifiesto como Orbán ha exportado su discurso iliberal a la Unión Europea mediante un sinfín de medios e instituciones, generosamente regados con dinero público.
Sin embargo, los ataques continuados contra Magyar parecen no surtir efecto, a tenor de las encuestas, ante una sociedad civil agotada por la polarización y las acusaciones de uso espurio de los servicios estatales contra la oposición. No obstante, con un 26% de indecisos, la movilización será clave para confirmar si Hungría decide finalmente romper con el modelo de mayorías de dos tercios de Orbán para reengancharse plenamente a la libertad y el marco europeo, en una campaña en la que la interferencia exterior, tanto de Rusia como de EEUU en favor de Orbán ha sido continua.
El reciente escándalo en el que se ha visto envuelto, acusado de espiar para Rusia, es la gota que ha colmado el vaso de las instituciones europeas, donde Orbán es visto como el mejor aliado de Putin dentro de la UE y su caballo de Troya en el Consejo.

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