La revolución que atraviesan los mercados financieros no impide que España siga disfrutando de condiciones favorables. Mientras el Ibex 35 encadena récords, el Tesoro mantiene su programa de financiación a buen ritmo. El organismo que dirige Paula Conthe ha inaugurado febrero con la tradicional emisión de letras a seis y doce meses.
En una semana en la que la política monetaria vuelve a situarse en el centro de atención, España ha colocado 6.134,4 millones de euros. Las expectativas de que el Banco Central Europeo mantenga los tipos de interés sin cambios ayudan a contener las rentabilidades. Con ligeras correcciones, el rendimiento de la deuda a corto plazo se mantiene estable en torno al 2%. La demanda conjunta para ambas referencias ha alcanzado los 9.316,8 millones, una cifra elevada, aunque insuficiente para duplicar el importe finalmente adjudicado.
El grueso de la colocación, 4.324,72 millones, ha correspondido a las letras a doce meses. Su rendimiento baja levemente, pero logra conservar la cota del 2%. En un entorno en el que ni siquiera los activos refugio, como el oro, escapan a la volatilidad, los inversores buscan fórmulas para obtener algo de rentabilidad sin asumir grandes riesgos.
Con los tipos lejos de los máximos y sin tensiones de liquidez en la banca, los depósitos han perdido atractivo. Las letras tampoco baten ya a la inflación, pero siguen siendo para muchos pequeños ahorradores una de las alternativas más seguras para obtener un rendimiento adicional. Tras la cuesta de enero, el interés minorista vuelve a hacerse notar: las peticiones no competitivas, ligadas en su mayoría a este perfil de inversor, han sumado 1.184,7 millones.
En letras a seis meses, el Tesoro ha adjudicado 1.809,6 millones. La rentabilidad marginal recorta ligeramente y roza el 2%, con una demanda minorista algo menor, de 611,8 millones.
La próxima cita del Tesoro con el mercado llegará el jueves, apenas unas horas antes de que el BCE anuncie su decisión sobre tipos tras finalizar la reunión que celebra casi mensualmente. Con una inflación que cerró diciembre en el 2% y una economía que mantiene un ritmo de crecimiento sólido, el consenso de los analistas da por hecho que la institución europea mantendrá los tipos sin cambios por quinta reunión consecutiva.
Mientras en Estados Unidos las presiones políticas sobre la independencia de la Reserva Federal se perciben como uno de los principales focos de riesgo, en la zona euro la previsibilidad monetaria y el mejor tono macroeconómico están actuando como imán para el capital.
Esta vez no son solo las grandes economías, como la alemana, las que se benefician de este entorno de mayor estabilidad. El interés de los inversores se está desplazando hacia la periferia, donde la combinación de crecimiento, rentabilidades aún atractivas y menor ruido político gana peso. Dentro de ese grupo, España ocupa una posición destacada.
La confianza no solo se ha reflejado en el mercado primario —con una demanda récord de 144.900 millones en la emisión sindicada de enero—, sino también en el secundario. La prima de riesgo (calculada por el diferencial entre los intereses de la deuda española con la deuda alemana, la referencia en la eurozona) sigue moderándose y se sitúa ya en los 36 puntos básicos.

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