La entrevista que dio ayer Alberto Núñez Feijóo es la mejor que ha dado hasta la fecha en nuestro periódico. Cualitativa más que cuantitativa y, más que anuncios, marcando un estilo: “La gente que me para en la calle me dice que soy demasiado blando”. Aquí “blando” rima con “bambi” –de acero acabó siendo aquel Zapatero – y “calle” es la némesis de “despacho” en política. Ése es el marco de su triangulación. Rematando con la tesis, tantas veces negada a Opina 360 desde octubre del 2025, pero que, por fin, trata con naturalidad como escenario: “El objetivo del PSOE es que pueda acercarse al porcentaje de votos que obtenga el PP. Sánchez sabe que cuanto más crezca Vox más límites tendrá el PP”. Gana con ello credibilidad. Y un dardo a Vox al hilo de los últimos caucus de la derecha: “Nosotros hemos aceptado el resultado de las urnas. Queremos estabilidad en los gobiernos y que haya un acuerdo con Vox”. Finalizando al respecto de Catalunya con un golpe en el hígado al hilo de los servicios públicos y Aliança Catalana, donde más duele. Este diálogo con Jordi Juan le suma al líder del PP e inaugura un estilo cualitativo, casi de focus group , que beneficia a Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, en plena precampaña.

En esta sala de guerra no comulgamos con ideas preconcebidas y siempre tratamos de ser justos (al menos, lo intentamos). Y, por eso, tan cierto es que el PP perdió culturalmente los dos primeros caucus , capturados por Vox en Extremadura y Aragón, como que venció a los de Santiago Abascal en los mismos términos en Castilla y León. Liberándose de esa captura cultural. Tanto es así, que no solo se aprecia en sus mensajes, más en forma, sino que han disminuido significativamente las transferencias de PP a Vox, hasta un total de un millón cuando llegaron a estar en 1.500.000 en el momento prime de los de Abascal, que están perdiendo fidelidad. De tanto usar el palo contra el socio, este se rompió y el contexto ha cambiado para el PP andaluz, que vuelve a optar a los restos que dan la mayoría absoluta. Si a esta nueva realidad en el lado derecho le unen los dos fenomenales nombramientos que ha realizado el presidente Pedro Sánchez con Carlos Cuerpo como vicepresidente primero, ministro de Economía y mediapunta para frenar y recuperar las transferencias PSOE a PP-Vox (600.000 electores) y Arcadi España, como el primer ministro plurinacional de Hacienda de la democracia, las generales, queridos lectores, ya están oficialmente tomando cuerpo.
Estamos en un escenario de guerra cognitiva; el nuevo orden al que vamos es estabilidad o estabilización
Andalucía no será ya un caucus , sino un superdomingo. Unas pregenerales como campo de pruebas, sin fuego real, pero con interesante telemetría. En términos electorales, no depararán novedad alguna, incluso si hay absoluta. Pero a nivel político, tal vez sí. Recuerden que el 18 de mayo, un día después, inauguraremos un año de silencio electoral completo hasta el 23 de mayo del 2027, primera vuelta técnica de las generales, en forma de municipales con la segunda vuelta, ya por la Moncloa, en julio del 2027. Como se trata de que, más que sorpresas, luego no haya sorprendidos, decirles que las andaluzas van de las cuentas de la vieja. A saber: de repetirse el resultado sobre censo que obtuvo Vox en Castilla y León, hablaríamos de 800.000 votantes para Manuel Gaviria, mientras que, si el patrón fuera el de Extremadura, estaríamos sobre los 660.000. Hay que recordar que Macarena Olona, en el 2022, no llegó al medio millón. El suelo Trump en España, o sea, el resultado de Vox, está en 13,5 de cada 100 electores. A pesar de la pájara táctica de Abascal, al no facilitar con displicencia el gobierno extremeño, su suelo para generales es todavía mejor que el de los caucus . De hecho, el elector de Feijóo en el 2023 que quiere votar a Abascal en el 2027, y que no termina de tenerlo claro por esta pájara, sigue sin regresar por completo al PP, ubicándose en la indecisión o la abstención. Todo ello, a pesar de los pesares para Vox, del relato del Madrid DF e incluso de su crisis interna. ¿Por qué?
Ya no estamos en un escenario de guerra cultural, ese viejo mundo que cantara Camarón, sino en una guerra cognitiva, donde no sabremos si se impone el factor estabilidad o el factor estabilizador. Ese nuevo orden al que nos dirigimos es el chasis filosófico y social de este nuevo mundo. No es “estabilidad o lío” sino “estabilidad o estabilización”. Andalucía no se escapará de este dilema. Y España tampoco.
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Lío no es caos
El presidente andaluz, con su anticipación, se ha evitado a Puigdemont por las calles de Girona –combustible para Vox–. Desde esas bases, invita a los andaluces a optar por la “estabilidad o el lío”. Debe saber que Trump presenta sus acciones como una forma de restaurar el orden y la soberanía, mientras las élites liberales hablan como él de un trumpismo disruptor, que rompe la estabilidad y nos lleva al lío. Y hay electores, aquí y allá, que no interpretan el “lío” como una amenaza, sino como más gatopardismo en vivienda, sanidad, inmigración, inseguridad...
El ojo de halcón
Manu Escudero
Nacido en San Sebastián, economista, tenía las ideas progresistas grabadas a fuego. Culto, agradable, gran profesional tanto en la práctica pública como en la privada, le recordaremos siempre sonriendo como Doc en su máquina del tiempo. Tenía tatuado en la frente el “Programa 2000” o, lo que es lo mismo, el Ministerio del Futuro con el que como ideólogo quería adaptar el socialismo español al nuevo mundo. Me llamó hace unos meses y disfruté de sus reflexiones. Y de una en particular: “Mostrar tolerancia, acuerdo y convicciones volverá a ser imparable”.

Hace 2 días
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