La presidenta de Unicef España: “Estamos ante una de las situaciones más críticas de la infancia, comparable a la de la Segunda Guerra Mundial”

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Para María Ángeles Espinosa Bayal (Madrid, 60 años) la imagen del fracaso es una niña boliviana de unos 13 años, embarazada y con un bebé de un año ya en los brazos, que conoció hace años durante una misión en el país latinoamericano. Para la nueva presidenta de Unicef España, la protección de la infancia vive su momento más complicado en décadas y los derechos de las niñas corren especial peligro en un momento de recortes globales de la financiación al desarrollo.

“Hay muchas necesidades y muchas organizaciones llamando a las mismas puertas. El desafío es dar credibilidad. Hacer ver a la ciudadanía adónde llega su ayuda”, explica esta doctora en Psicología y profesora en la Universidad Autónoma de Madrid, en una entrevista con este diario en Madrid.

Espinosa, que lleva vinculada a Unicef casi 30 años, admite que “el dato más triste” recibido por su organización es el aumento de la mortalidad infantil en 2025 por enfermedades o circunstancias prevenibles. “Y todo hace pensar que son cifras que van a ir en aumento”, lamenta.

Pregunta. Recortes en cooperación, aumento de los conflictos, de las enfermedades prevenibles, de la desnutrición infantil... Es un momento complicado para ser presidenta de Unicef España.

Respuesta. Probablemente, estamos ante una de las situaciones más críticas de la infancia, comparable a la de la Segunda Guerra Mundial. No es una tarea fácil, pero quizá es más necesario que nunca trabajar para concienciar a la sociedad de la necesidad de colaborar para que los derechos de los niños sean respetados.

P. En un momento de recortes mundiales, Unicef ha pedido 7.660 millones de dólares (6.474 millones de euros) para poder llegar en 2026 a 73 millones de niños y niñas. ¿Cómo se motiva al donante?

R. Es cierto que hay muchas necesidades y muchas organizaciones llamando a las mismas puertas. El desafío es dar credibilidad. Hacer ver a la ciudadanía adónde llega su ayuda. Si tú donas 100 euros se pueden comprar tantas vacunas o tantos kits de educación. La transparencia que tiene nuestra organización es la que nos permite seguir trabajando.

P. En este contexto, ¿qué aspira concretamente a hacer en su cargo de presidenta?

R. Quiero poner a Unicef en la calle, que la gente sepa cómo impacta su contribución en la vida de los niños y niñas y que la imagen de Unicef sea creíble. Nosotros tenemos una desventaja frente a las ONG, ya que al ser un comité nacional, no podemos actuar directamente con la infancia en nuestro país sino que hacemos incidencia política y sensibilización, dos herramientas fundamentales tanto a nivel internacional como nacional. El viernes pasado, por ejemplo, hubo una sesión en el Congreso, donde había una representación de niños y niñas interpelando a diputados, hablándoles de sus preocupaciones y necesidades.

P. ¿España es una voz disonante en ese momento de recortes mundiales en cooperación?

R. La sociedad española es muy generosa porque somos un país con un Producto Interior Bruto (PIB) muy por debajo al de otros países de nuestro entorno, pero nuestra solidaridad está muy por encima de la media de esos otros países. Es cierto que también en nuestro país hay necesidades y grandes desigualdades que hacen que determinados colectivos de niños y niñas vean vulnerados sus derechos.

Si no se revierten los recortes, es muy probable que una generación de niños y niñas sufra un gravísimo impacto en su salud física pero también mental.

P. En 2025 y por primera vez desde 2000 la mortalidad infantil aumentó, en parte debido a los recortes mundiales en cooperación. ¿Cómo reacciona Unicef a este cambio de tendencia?

R. Es el dato más triste de todos los que tenemos en nuestra organización. Son muertes por sarampión, diarrea, desnutrición... Con una pequeña cantidad de dinero, son fácilmente prevenibles. Y todo hace pensar que son cifras que van a ir en aumento. Si no se revierten los recortes, es muy probable que una generación de niños y niñas sufra un gravísimo impacto en su salud física pero también mental.

P. Justamente, usted es psicóloga, ¿cree que se ha avanzado a la hora de cuidar la salud mental de la infancia?

R. Después de muchos años de estigma, ahora creo que los problemas de salud mental se entienden como una parte de la salud. Por ejemplo, un niño desnutrido es un niño con deterioro intelectual y con menos oportunidades de aprender, algo que va a generar en él una manera determinada de relacionarse con los demás y probablemente un sentimiento de exclusión social.

P. Unicef ha calculado que la reducción de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) en el mundo puede dejar a seis millones de niños fuera del colegio en 2026.

R. Todos deberíamos ser conscientes de que garantizar el derecho a la educación es la llave del acceso a otros derechos y a otras oportunidades ya que permiten a un niño o niña convertirse en un sujeto activo en la sociedad en la que vive y ser capaz de protegerse y de crear una familia con más garantías de salud y seguridad.

Mª Ángeles Espinosa Bayal se felicita porque la solidaridad de la sociedad española está muy encima de la media en este momento de recortes en cooperación.Pablo Monge

P. Lleva muchos años vinculada a Unicef. Si tuviera que escoger un niño o niña que le haya marcado en estos años, ¿cuál sería?

R. En un viaje a Bolivia, fui a un dispensario médico en una localidad que estaba a la entrada de la selva. Nos llevaron a visitar un programa de salud materno infantil que se desarrollaba a través del teléfono móvil. Y en aquel dispensario vi a una chica que debía tener por entonces la edad de mi hija, unos 13 o 14 años, embarazada y con una niña como de un añito ya en brazos. Y para mí esa fue la imagen del fracaso de la humanidad. Porque esa niña no va a tener oportunidades ni una vida que le permita desarrollarse plenamente. Son niñas obligadas a ser mujeres a las que se les roba su derecho a ser niñas.

P. ¿Es posible hablar de los derechos de la infancia sin una perspectiva de género?

R. En una población en la que hay problemas para acceder a la salud, la educación o la protección, las niñas van a sufrir esas dificultades multiplicadas por dos o por cinco, dependiendo del país. Es fundamental que todas las actuaciones destinadas a proteger y salvaguardar los derechos de la infancia tengan ese enfoque de género. Y, por otra parte, si sus madres están protegidas, esos niños y niñas también lo estarán y disfrutarán de un bienestar mayor.

Somos un país con un Producto Interior Bruto (PIB) muy por debajo al de otros países de nuestro entorno, pero nuestra solidaridad está muy encima de la media de esos otros países.

P. Las prioridades de Unicef son Sudán, Afganistán y Palestina, pero luego están las crisis olvidadas.

R. Las emergencias silenciosas. Niños y niñas que viven en países donde hay un conflicto que dura 15, 20 o 25 años, que a menudo pertenecen a una determinada minoría y por eso son excluidos y se les priva de sus derechos. Por ejemplo, los niños rohinyá, una crisis que dejó hace tiempo de estar presente en los medios de comunicación.

P. Y una parte importante del trabajo de Unicef España es también poner el foco en los derechos de la infancia de nuestro país.

R. Sí. En Unicef España acabamos de publicar un informe sobre cómo las tecnologías afectan al aprendizaje, a las relaciones o a las dinámicas familiares. Cuando tú partes de datos empíricos y los pones al servicio de los gestores, puedes establecer esa complicidad entre ciencia y política, que es la que realmente ayuda a cambiar la vida de los niños y las niñas. Esa es nuestra manera de trabajar en España.

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