Actualizado Domingo, 5 julio 2026 - 00:09
En 1950, Corea del Norte lanz? una ofensiva a gran escala sobre Corea del Sur con el respaldo de la Uni?n Sovi?tica. Estados Unidos respondi? apoyando al Gobierno surcoreano, convirtiendo el conflicto en el primer gran enfrentamiento de la Guerra Fr?a. M?s all? de la geopol?tica, la Guerra de Corea se convirti? en un laboratorio para poner a prueba los avances tecnol?gicos llevados a cabo por estadounidenses y sovi?ticos durante la ?ltima fase de la Segunda Guerra Mundial y transform? la rivalidad geopol?tica entre las dos superpotencias en una carrera tecnol?gica que marcar?a el equilibrio econ?mico de las siguientes d?cadas.
En 1957, la Uni?n Sovi?tica lanz? el Sputnik, cuestionando impl?citamente el liderazgo americano en la carrera tecnol?gica global. Desde ese momento, Estados Unidos respondi? con una movilizaci?n extraordinaria de recursos hacia la I+D+i, educaci?n, tecnolog?a de defensa e industria aeroespacial. Durante aquellos a?os, tambi?n comenzaba otra carrera: la europea. El Tratado de Roma pon?a la primera piedra de otro gran proyecto: garantizar la paz y la prosperidad a trav?s de la integraci?n econ?mica.
Setenta a?os despu?s, la historia parece rimar. Ucrania se ha convertido en un laboratorio para validar el uso de drones, sat?lites comerciales, guerra electr?nica y an?lisis masivo de datos en tiempo real, abriendo una nueva carrera tecnol?gica cuyo resultado condicionar? la productividad, la competitividad y la seguridad de las principales econom?as del mundo. La irrupci?n de DeepSeek, a comienzos de 2025,reforz? la percepci?n de que China era capaz de cuestionar el liderazgo tecnol?gico global de Estados Unidos.
Esto provoc? la inmediata reacci?n de Estados Unidos. Impuls? un conjunto de medidas que reflejaban una apuesta decidida por movilizar inversi?n privada a gran escala mediante el refuerzo de incentivos fiscales, la amortizaci?n inmediata de inversiones en I+D y el despliegue de infraestructuras cr?ticas (centros de datos, capacidad el?ctrica y fabricaci?n nacional de semiconductores).
No obstante, China est? dispuesta a igualar la apuesta americana, pero siguiendo una estrategia radicalmente distinta. El Gobierno chino ha reforzado su pol?tica industrial y ha aumentado el cr?dito p?blico para acelerar la inversi?n en inteligencia artificial, semiconductores, rob?tica, computaci?n avanzada y manufactura inteligente. La apuesta china persigue tambi?n un objetivo interno: sustituir un modelo de crecimiento apoyado durante d?cadas en la inversi?n en capital f?sico y el empleo, por otro sustentado en la productividad, la innovaci?n y la acumulaci?n de capital humano.
A pesar de las diferencias estrat?gicas, ambos Gobiernos han llegado a la misma conclusi?n: el coste de quedarse atr?s ser?a superior al de asumir un mayor endeudamiento. La gran apuesta de Estados Unidos y China descansa sobre una hip?tesis econ?mica muy concreta: que la inteligencia artificial constituye una tecnolog?a de prop?sito general capaz de elevar de forma permanente la productividad. Si esa hip?tesis se confirma, el crecimiento futuro compensar? el deterioro de las cuentas p?blicas provocado por el esfuerzo inversor actual.
Seg?n el FMI, Estados Unidos y China mantendr?n d?ficits p?blicos pr?ximos al 7-8 % del PIB hasta el final de la d?cada, acumulando en torno a 25 puntos adicionales de deuda p?blica en 2030. Pocas veces dos superpotencias hab?an aceptado simult?neamente un deterioro fiscal de esta magnitud con la expectativa de que la inteligencia artificial compensara ese esfuerzo mediante mayores ganancias de productividad. Por su parte, Europa constituye la gran excepci?n. Setenta a?os despu?s del Tratado de Roma, su principal apuesta contin?a siendo la integraci?n econ?mica. Los informes Letta y Draghi apuntan precisamente en esa direcci?n: profundizar el mercado ?nico como principal respuesta para reforzar la competitividad europea frente a Estados Unidos y China. Mientras ambas potencias han reformulado su pol?tica econ?mica en torno a la inteligencia artificial, Europa sigue confiando en que una mayor integraci?n econ?mica, financiera y regulatoria sea la mejor respuesta a la nueva revoluci?n tecnol?gica.
Hace casi siete d?cadas, la Guerra de Corea, el Sputnik y el Tratado de Roma dieron lugar a dos grandes estrategias. La estadounidense apost? por la tecnolog?a, la innovaci?n y el liderazgo cient?fico, una estrategia que termin? consolidando la hegemon?a econ?mica de Estados Unidos tras el final de la Guerra Fr?a. La europea apost? por la integraci?n econ?mica como instrumento para garantizar la paz, la estabilidad y la prosperidad del continente. Hoy, sin embargo, el escenario ha cambiado. Estados Unidos ha decidido renovar aquella apuesta para afrontar el gran desaf?o tecnol?gico del siglo XXI y preservar su liderazgo frente a China. Europa, en cambio, conserva su antigua apuesta: profundizar la integraci?n econ?mica como principal instrumento para preservar su competitividad. La historia econ?mica demuestra que las grandes potencias conservan su liderazgo no solo por ser capaces de perseverar en sus grandes proyectos, sino porque saben complementarlos con nuevas apuestas cuando cambia el contexto hist?rico.
*V?ctor Aus?n Rodr?guez es t?cnico comercial y economista del Estado y socio de 'aimTFP'

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