La gaita de Feijóo, Abascal y Aznar

Hace 1 día 5

Tocar la gaita requiere de la coordinación de tres habilidades: soplar para inflar el saco, presionarlo para mantener el flujo de aire constante y mover los dedos para que suene la melodía. A Alberto Núñez Feijóo lo recibían con gaitas siendo presidente de la Xunta y ahora, en Madrid, se la tocan otros gaiteros. Desde que llegó a la presidencia del PP, Feijóo no ha controlado la técnica del aire. Ha soplado, pero la presión la ejerce Vox y la melodía que se impone es la de José María Aznar e Isabel Díaz Ayuso. No es que suene mejor, suena más fuerte.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso saluda al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo 

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso saluda al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo Kiko Huesca / EFE

Feijóo sopla para pasar página del proceso independentista en Catalunya en busca de resortes electorales, pero no logra inflar el saco. El reelegido presidente del PP de Catalunya, Alejandro Fernández, resiste con el argumentario contrario: no se puede pasar página del procés porque sigue “vivo de la mano del socialismo en la Moncloa y en la Generalitat”. La melodía que dictan Aznar y la presidenta de la Comunidad de Madrid ata a Feijóo a Vox y acaba liberando a Junts.

Los posconvergentes han exprimido su papel de partido bisagra esta legislatura, apuntalando a Sánchez en el flanco de la plurinacionalidad y conteniendo a Sumar por la izquierda, convertidos de nuevo en punta de lanza de las reivindicaciones del empresariado. Eso les ha situado junto al PP en el panel de votaciones, pero no hay deshielo. Sostienen que Feijóo “sólo hace declaraciones” y se ata cada día más a Vox. Vol i dol .

Las encuestas sonríen al líder del PP pero la dependencia de la ultraderecha no deja de crecer. Juan Manuel Moreno Bonilla ha sido reelegido presidente de la Junta de Andalucía con más concesiones a Vox que cualquier otro barón popular cuando solo necesitaba dos votos. La moderación de las formas del anuncio del acuerdo no diluye la contundencia del pacto. Moreno ata los votos de los de Abascal pero la ultraderecha presume de arrogarse “el 90% del discurso” con su vicepresidencia ad hoc.

Moreno veía “imposible” un gobierno con Vox y consideró un “eslogan hueco” la prioridad nacional. Ahora la asume, abre la puerta a la privatización de la sanidad, se adentra en el negacionismo climático, hace guiños a los antiabortistas e impregna su nueva hoja de ruta de rechazo a la inmigración, a pesar de haber defendido la regularización, a su manera. El PP sopla y la presión de Vox no cesa. ¿Qué música suena? Se normaliza políticamente a los de Abascal con la vista puesta en un futuro gobierno de derechas.

Si la ultraderecha se lanza contra la ‘ley de nietos’, Feijóo recoge el guante y acusa al Gobierno de “ingeniería electoral” nada “inocente”. La adquisición de la nacionalidad por los descendientes de exiliados no fue uno de los preceptos recurridos ante el Tribunal Constitucional por el PP en la ley de Memoria Democrática. Sus objeciones constitucionales se dirigieron hacia la libertad ideológica, cuestiones educativas y competenciales. Vox sí planteó en su momento que el acceso a la nacionalidad debía regularse por el Código Civil, no en la ley de Memoria. El programa electoral del PP en 2023 incluso proponía facilitar el trámite. Y a nadie se le ocurrió nunca criticar la nacionalización exprés de deportistas por carta de naturaleza si ganan competiciones, aunque no tengan ningún vínculo con el país. Nadie pregunta qué votan.

Normalizar el discurso de Vox también supone nacionalizar el trumpismo

La normalización del discurso de Vox es también la nacionalización del trumpismo. La ultraderecha pide la suspensión del voto por correo y la limitación del acceso a la nacionalidad. Medidas restrictivas que intentan cambiar las reglas electorales y que hasta un Tribunal Supremo de lo más conservador ha frenado en Estados Unidos para disgusto del presidente.

El PP tiene el viento electoral a favor y el PSOE, a los tribunales llamando a la puerta. La imputación por prevaricación y obstrucción a la justicia de la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, y el jefe operativo del cuerpo, tiene mucho de reminiscencia al fin de ciclo socialista en los noventa y alimenta el dibujo que Feijóo hace de un Sánchez dispuesto a todo para resistir. “No hay un español que crea que hay buena fe en este Gobierno”, sostiene. Sopla y sopla, esperando que la gaita suene, aunque la melodía sea postiza.

Isabel Garcia Pagan

Subdirectora de La Vanguardia desde 2014. En la actualidad estoy al frente de la edición digital. He sido jefa de la sección de Política (2006-2014) . En Europa Press (1995-2006) pasé por Sociedad, Tribunales y Política.

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